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Resumen Historia del Paraguay 1840 - 1862



A mediados de agosto de 1840 el doctor Francia cayó enfermo. Se agravó el 8 de setiembre y desde el día 16 su estado fue desesperante. Nada dispuso sobre su sucesión en el mando a pesar de los ruegos de su médico Estigarribia.
Murió a mediodía del domingo 20 de septiembre. El pueblo sintió su muerte y tanto su sepelio como sus funerales fueron imponentes.


LAS JUNTAS PROVISORIAS

En la tarde del 20 de septiembre se constituyó una Junta provisoria formada por el alcalde de primer voto Manuel Antonio Ortíz como presidente y los comandantes de los cuatro cuarteles de la plaza, Cap. Agustín Cañete, Tte. Pablo Pereira, Tte. Miguel Maldonado y el Tte. Gabino Arroyo, como vocales. El "fiel de fechos" o actuario del Dictador Francia, Policarpo Patiño, que pretendió apoderarse del gobierno, tuvo que contentarse con la secretaría. La primera medida de la Junta fue ordenar la prisión de Artigas y de dos franceses. Poco después anunció que se estudiaba la convocatoria de un congreso.

El país se orientó firmemente en procura de un cambio fundamental: la reunión de una asamblea nacional y el abandono del aislamiento. Todo el odio se concentraba en Patiño; fue expulsado del gobierno, sometido a proceso y el 30 de septiembre se suicidó. Una medida importante fue la libertad de 600 presos políticos.

Los meses siguientes fueron de expectativa; se esperaba el congreso pero el tiempo pasaba y la Junta no cumplía su promesa. A mediados de enero se hizo evidente que la asamblea no se reuniría y hubo que derribar al gobierno provisorio. En la mañana del 30 de enero un sargento del batallón de fusileros, Romualdo Duré - que efectuaba ejercicio con su compañía en la plaza de armas - la enfiló hacia la casa de gobierno y detuvo a los miembros de la Junta. Se formó un Triunvirato con los tres alcaldes de la ciudad, Juan José Medina, José Gabriel Benitez y José Domingo Campos, con mandato expreso de convocar un congreso. A los pocos días se fijó la fecha del mismo: 19 de abril, y se publicaron las normas electorales. La asamblea debía de estar compuesta de 500 diputados que iban a votar "con plana libertad y sin la menor coacción..." Tenía que aprobar un sencillo plan de artículos constitucionales. Manuel Pedro de Peña publicó con motivo de esos sucesos un "Himno a la Libertad".

La nueva asamblea demostró ser tan vacilante como la anterior. La corriente democrática y liberal era ya caudalosa y no iba a permitir el falseamiento de la revolución. La Junta fue depuesta por otro movimiento militar acaudillado por el sub-teniente Mariano Roque Alonso, que actuó en la emergencia con el beneplácito de sus superiores. Alonso fue designado comandante general de armas con el mandato expreso de convocar al congreso para el 12 de marzo. Con él como secretario, colaboraba un civil: Carlos Antonio López. Hacía así su aparición en escena el hombre que iba a actuar en primer plano durante más de 20 años. Nació en Asunción el 4 de noviembre de 1792, hijo de Miguel Cirilo López y de Melchora Ynsfrán. De niño estudió con los franciscanos y luego en el Colegio Seminario, siguiendo filosofía y teología; se destacó como alumno aprovechado. En 1814 entró a ejercer la cátedra de teología en el Colegio Seminario; actuaba al mismo tiempo en el foro. En 1826 se casó con Juana Pabla Carrillo. Al agudizarse la dictadura, y como el doctor Francia lo mirase con recelo, López se retiró a su estancia de Villa del Rosario donde vivió casi sin interrupción hasta 1840. Muerto el Dictador, varios de sus conciudadanos conocedores de su talento y preparación, le recordaron. Llamado por los militares viajó a la capital y se cree que no fue ajeno a la gestación de los golpes de Duré y Alonso.

EL SEGUNDO CONSULADO

Se aproximaba la fecha de la reunión del congreso. Los francistas sostenían la candidatura del antiguo delegado de Misiones, Norberto Ortellado. López y sus amigos trabajan intensamente por la formación de un Consulado. El congreso se reunió en el templo de San Francisco. Al iniciarse la sesión el diputado por Barrero Grande y prócer de Mayo, Juan Bautista Rivarola, pidió se diese fin al personalismo y se dictase una constitución cuyo proyecto presentó. Carlos Antonio López desde la presidencia de la asamblea se opuso manifestando que no era el momento apropiado y que lo que el país necesitaba era un poder fuerte. Al mismo tiempo el batallón que prestaba guardia de honor comenzó a hacer evoluciones alarmantes, por lo cual Rivarola y su partidarios tuvieron que ceder. Las principales resoluciones fuero: nombramiento como Cónsules de la República de los ciudadanos Carlos Antonio López y Mariano Roque Alonso por el término de tres años con facultades para ejercer los poderes ejecutivo y judicial y la comandancia general de armas. Habilitación del puerto de Villa del Pilar para los barcos extranjeros. Estudio de un plan de enseñanza para la formación de ciudadanos útiles.

El Consulado inició su acción; mientras Alonso velaba el orden, López se consagraba al gobierno. Gigantesca era la obra a cumplir; reanimar el organismo nacional, organizar la República, dictarle leyes, reanudar el contacto con el mundo, reiniciar el comercio, consolidar y hacer reconocer la independencia. Sobre un Paraguay empobrecido y anémico había que construir iglesias, escuelas, cuarteles, hospitales y edificios públicos, construir caminos, levantar puentes. El abanderado de esa profunda transformación fue Carlos Antonio López, hombre ilustrado, que creía en el progreso y en la cultura.

La situación internacional era delicada, ardía el Plata; la intervención anglo-francesa bloqueaba los puertos y la guerra civil se extendía por la Mesopotamia. Y ahí estaba Rosas, listo para caer con su poder sobre una de sus presas favoritas: su Provincia del Paraguay.

El gobierno de Corrientes -enemigo de Rosas- destacó a Asunción a Gregorio Valdés y Juan Mateo Arriola, quienes propusieron una alianza que no fue aceptada. Se firmaron en cambio dos tratados; uno de amistad, comercio y navegación y otro provisorio de límites.

Dieron los Cónsules un decreto importante cumpliendo una ley del último congreso: la creación de una academia literaria que "servirá de plantel para el futuro colegio". Fundaron la medida en que la "grande escasez del clero nacional exige urgentemente la enseñanza y educación de los que quieren dedicarse a tan delicada como necesaria profesión... y en la falta de capacidades civiles para elevar la República a que la llama su posición y su destino..." En realidad urgía formar hombres que realizasen la reconstrucción nacional. La instrucción primaria fue fomentada, ampliándose el número de escuelas públicas de la capital y campaña.

El comercio fluvial, aunque circunscripto al puerto de Pilar, fue atendido dictándose un relgamento de aduanas y otro de navegación. En materia de obras públicas inicióse la edificación de varios edificios públicos; la vieja catedral fue derribada y se comenzó la construcción de una nueva. Los caminos troncales fueron mejorados. El ejército fue reorganizado creándose nuevas unidades; fueron relevados los jefes y oficiales que durante décadas montaron guardia en los apartados fortines y fronteras. En lo relativo a política social se procedió al reparto de tierra, ganado y útiles de labranza en muchos departamentos y se contampló la situación de las familias perseguidas por la dictadura. Se advierte en síntesis una sostenida idea de progreso. Un síntoma halagador constituye la divulgación de las medidas del gobierno; mientras se reciba la imprenta ya adquirida, las resoluciones son dadas a conocer al pueblo por bandos impresos en Corrientes.

RATIFICACIÓN DE LA INDEPENDENCIA NACIONAL

Congreso de 1842


En octubre de 1842 llegó a la capital por vía Uruguay-Misiones, Jorge Robert Gordon, enviado confidencial de la reina de Inglaterra. Hizo el largo rodeo por haberle negado Rosas autorización para pasar por territorio argentino a "la Provincia del Paraguay". No tuvo buena acogida por su carácter particular y no oficial; aplicó además por primera vez sin autorización gubernativa la vacuna en el país. Los Cónsules le dieron perentorio plazo para abandonar el territorio nacional. Contó Gordon en una de sus conversaciones que Rosas le había expresado que "el Paraguay deseaba incorporarse la la Confederación". Los Cónsules resolvieron convocar un congreso extraordinario para "renovar y ratificar" de modo solemne la delcaración de la independencia.

En realidad el Paraguay se declaró soberano en octubre de 1813, pero ninguno de los otros Estados -salvo el Brasil- había reconocido su independencia.

El congreso se reunió en el templo de la Encarnación y fue presidido por López que leyó el discursos del gobierno requiriendo una declaración solemne y enfática de la independencia. El congreso consideró que "la emancipación e independencia es un hecho solemne e incontestable en el espacio de treinta años; que durante estos largos años se segregó con esfuerzos de la metrópoli española y se separo de hecho de todo poder extraño, queriendo desde entonces "pertenecer a sí misma".

Por esas consideraciones la asamblea declaró que: Primero: La República del Paraguay es para siempre de hecho y de derecho una nación libre e independiente de todo poder extraño. Segundo: Nunca jamás será el patrimonio de una persona o familia. Estableció asimismo la obligatoriedad del juramento para gobernantes, empleados y militares de defender la integridad e independencia de la patria.

Ratificó el congreso los símbolos nacionales: la bandera compuesta de tres fajas horizontales, roja, blanca y azul; de un lado el escudo nacional con una palma y una oliva entrelazadas en el vértice y abiertas en las superficies, resaltando en medio de ellas una estrella. En el lado opuesto, un círculo con la inscripción "Paz y Justicia" y en el centro un león. Prestó su sanción a varios proyectos de la ley sometidos por el consulado. Un estatuto para la administración de Justicia fijando jueces, fueros y procedimientos. se reservaba el gobierno privativamente las causas de traición, alteración del orden, conjuración contra tranquilidad pública y atentados contra la vida del Supremo Gobierno". Quedaban derogadas las leyes de Indias por incompatibles con la independencia, y firmes las de Castilla y de Toro y las Partidas en lo que no se opusiesen a las leyes y códigos patrios.

Nota sensacional de las deliberaciones fue la ley de libertad de vientres. Desde el 1º de enero de 1843 quedaban "libres los vientres de las esclavas" y los hijos que nacieren en adelante serían llamados "libertos de la República del Paraguay" debiendo servir a sus patrones hasta los 25 años; se prohibía el tráfico de esclavos, siendo considerado pirata el que lo hiciera. Todo esclavo, al entrar al país, sería considerado como colono de su amo.

El 25 de diciembre se juró solemnemente en la República la independencia. Se difundió en esos días el primer himno nacional: "Viva nuestra Independencia - Nuestra patria gloriosa - Siempre sea soberana - Siempre sea majestuosa".

El Consulado dio otro paso importante, la creación de la cátedra de Filosofía exhortándose por bando a los padres de familia a enviar a sus hijos para estudiar en la capital.

ROSAS NIEGA EL RECONOCIMIENTO.



A fines de 1842 se tornó delicada la situación internacional: Oribe -lugarteniente de Rosas- derrotó netamente a la coalición antirrosista en Arroyo Grande. El poder de Rosas pasó a lucir en el cenit amenazando a la independencia paraguaya. Para evitar complicaciones los Cónsules suspendieron los partes oficiales de los gobierno limítrofes.

El congreso de 1842 resolvió que la declaración de la independencia fuese comunicada oficialmente a los Estados circunvecinos y a la Confederación Argentina. Los Cónsules escribieron a Rosas enviándole copia del acta del congreso por intermedio del secretario de gobierno, Andrés Gill. Cuatro meses tardó el goberno de buenos Aires en dar su respuesta negando el reconocimiento.

El general Rivera escribió a los Cónsules para informarles haber dejado la presidencia y asumido el comando del ejército al frente del cual defendía Montevideo del sitio de Oribe. Mientras se discutía con Rosas el Paraguay obtuvo su primer triunfo internacional; la convención nacional boliviana reunida en Sucre en junio de 1843 decretó: "La Nación boliviana reconoce la Independencia y Soberanía de la República del Paraguay y la felicita por su pronunciacmiento registrado en acta del 25 de noviembre de 1842..." Poco tiempo después Chile asumió idéntica actitud.

Para proseguir la conversación diplomática con el gobierno de Buenos Aires los Cónsules nombraron a Manuel Pedro de Peña; en la nota que fue portador se reiteraba la posición anterior: el Paraguay es independiente desde 1813 y el congreso de 1842 sólo ratificó la declaración. Varios meses quedó Peña en la capital porteña sin obtener respuesta; la contestación que al fin recibió reiteraba la negativa anterior.

PRIMERA PRESIDENCIA DE DON CARLOS ANTONIO LÓPEZ



El Congreso de 1844.


Desde mediados de 1843 se proyectaban cambios importantes en la estructura nacional. En los tres años de Consulado el Cónsul civil había impuesto su personalidad y se preconizaba su elevación a una magistratura unipersonal. El congreso nacional abrió sus sesiones en marzo de 1844 en el antiguo Cabildo, recontruido y convertido en palacio de gobierno. López leyó el extenso mensaje del consulado reseñando la labor del trienio. Breves fueron las deliberaciones; duraron dos días. De acuerdo con la nueva constitución, se nombró "por aclamación general al ciudadano don Carlos Antonio López para Presidente de la República...". El electo prestó juramento de ley; y una comisión de diputados lo puso en posesión de la primera magistratura. Se le acordó un sueldo anual de 8.000 pesos fuertes. El congreso autorizó al gobierno a enviar seis jóvenes a cursar estudios en Europa; dos tenían que seguir leyes y derecho público, dos química y farmacia, y dos dibujo. Concluidos sus estudios quedaban obligados a volver a la República para dedicarse a la docencia en los ramos de sus respectivas especialidades. El gobierno quedaba igualmente facultado para contratar profesores en "medicina, cirugía y arte obstetriz".

LA CONSTITUCIÓN DE 1844

La elección del Presidente, así como la sanción de una carta magna constituyeron los actos más importantes de Congreso. López venía pensando en una constitución desde algún tiempo atrás. El proyecto fue redactado por él con la colaboración del citado Gill, entonces secretario general de gobierno, fue sancionado por la asamblea bajo el título de Ley que establece la Administración política de la República del Paraguay".

MISIÓN PIMENTA BUENO. TRATADO CON EL BRASIL.



En setiembre de 1844 llegó a Asunción un representante imperial, José Antonio Pimenta Bueno, para atraer al Paraguay a la órbita imperial impidiendo que se arreglase con Rosas. El horizonte internacional se iba ensombreciendo y el Imperio temía una agresión del gobernante argentino. El 14 de septiembre el plenipotenciario reconoció solemnemente nuestra independencia, ratificando el reconocimiento de facto de Correa da Cámara en 1825. López y Pimenta firmaron un trato de alianza, comercio, navegación y límites. El emperador se comprometió a usar de sus buenos oficios para que nuestra independencia fuerse reconocida por las potencias extranjeras. Si el Paraguay fuese amenazado por un ataque, el Brasil se comprometía a ayudarlo.

ACUERDO CON CORRIENTES

La negativa de Rosas a reconocer la independencia provocó primero una polémica y luego una abierta lucha diplomática. Surgieron dificultades en la navegación que quedó prácticamente paralizada desde mediados de 1844. Corrientes y el Paraguay suscribieron un tratado reglando la navegación. Al conocerlo Rosas quedó vivamente irritado expresando que era violatorio de la neutralidad y constituía un ataque a la integridad y a la Confederación Argentina. En represalia declaró clausurados los puertos argentinos para los barcos paraguayos.

Se inició una polémica sobre dos cuestiones fundamentales: la independencia paraguaya y la libre navegación del Paraná. López sostuvo en artículos magistrales que le Paraguay era independiente de hecho y derecho. Rosas, por su parte, afirmó la unión indisoluble del Paraguay a la Confederación Argentina. Debatieron también sobre la libre navegación.

APARECE EL PARAGUAYO INDEPENDIENTE

El Paraguay necesitaba hacer conocer sus derechos y defenderse de la agresión de Rosas. Con ese fin el gobierno fundó el Paraguayo Independiente cuyo primer número apareció el 26 de abril de 1845, y cuyos principales redactores fueron el Presidente y Gelly, que desde sus columnas realizaron una buena defensa de los derechos nacionales. Paralelamente, desde la prensa uruguaya y chilena, sostenían nuestra causa, Florencio Varela, Rivera Indarte, Santiago Derqui y Valentín Alsina.

El gobierno paraguayo obtuvo un nuevo éxito internacional; por decreto del 14 de junio de 1845 el presidente del Uruguay, Joaquín Suárez, reconoció la independencia, fundado en que su país no podía negar al Paraguay un derecho "que reclama para sí como base de su existencia política".

ALIANZA CON CORRIENTES.

En 1845 los opositores de Rosas buscaron y obtuvieron la alianza del Paraguay. Representantes del gobierno de Corrientes y del general Paz -jefe del ejército que peleaba contra el gobernador de Buenos Aires- firmaron un acuerdo con el gobierno paraguayo. Las partes, convencidas de la "ambición y prepotencia" de rosas concertaban una alianza para buscar una paz sólida. El objetivo era terminar con el poder despótico de éste y asegurar al Paraguay su independencia. La guerra no se llevaba a la Confederación argentina sino a sus gobernantes. Un pacto secreto fijaba los límites entre la República y la Provincia de Corrientes.

El pueblo paraguayo respondió con entusiasmo al llamado de su gobierno. El Presidente dirigió una proclama recordando que en las márgenes del Paraguarí y Tacuarí tuvo que huir vencido el invasor y que "los intereses, el honor, el nombre y la gloria de la República..." reclamaban marchar de nuevo contra él.

Mientras se realizaban los preparativos guerreros se produjo un acontecimiento. La escuadra alglo-francesa venció en el combate naval de la Vuelta de Obligado abriendo a cañonazos la navegación del Paraná. El 15 de enero de 1846 llegó a la rada asunceña el primer barco a vapor, el Fulton, de bandera inglesa.

Un ejército de 5.000 hombres fue enviado a Corrientes bajo el comando del hijo del primer magistrado, Francisco Solano, de diecinueve años de edad.

CAMPAÑA DE CORRIENTES

La división se incorporó al ejército del general Paz avanzando hacia el Sur. Las fuerzas de Paz picadas por el ejército rosista que mandaba Urquiza, retrocedieron luego hasta la laguna de Ibajhay, muy al Norte. Cuando se esperaba una batalla decisiva, urquiza emprendió veloz retirada hasta territorio entrerriano, fijando más bien el éxito no en las armas, sino en la intriga. Honda divergencia separaba al general Paz de los hermanos Madariaga, jerarcas de Corrientes. La alianza marchaba a pasos agigantados a su desintegración. Un choque entre los Madariaga y Paz provocó el retiro de éste y el ejército combinado quedó sin cabeza. El gobierno paraguayo declaró rota la alianza y retiró el ejército nacional del territorio correntino.

CONGRESO DE 1849

Conforme a lo prescripto por la constitución, el Congreso Nacional se reunió en 1849; en su mensaje el gobierno presentó un cuadro de la labor cumplida. A pesar del bloqueo y del aislamiento, el país iba progresando. Se abrieron muchas escuelas en la campaña. En materia de obras públicas se construyeron la nueva casa de gobierno y otros edificios destinados a oficinas públicas. En la campaña se abrieron nuevos caminos y se construyeron puentes. En el orden industrial fueron ampliadas las fábricas de pólvora y tercerolas. El ejército, que la dictadura dejó en la más completa orfandad, mereció particular atención del gobierno. Sus progresos "han excitado la admiración de los que han visitado el campamento general de Paso de la Patria". El Chaco fue objeto de preocupación y vigilancia. En Cerrito se fundó un fuerte. Tres expediciones fueron despachadas en la zona chaqueña desde Asunción hacia diversos sectores del río Bermejo.

La asamblea aprobó el mensaje y autorizó al Presidente para dirigir las relaciones exteriores. Don Carlos invocando razones de salud ofreció no terminar su período de 10 años pero el Congreso rechazó su renuncia.

OCUPACIÓN DE MISIONES

López y Rosas habían convenido tácitamente un pacto de no agresión; ni el primero invadiría el territorio argentino ni el segundo el paraguayo. pero al discordia se mantenía viva con respecto a las Misiones orientales, que uno y otro consideraban formando parte del territorio nacional. Luego de obtener el apoyo del nuevo representante brasileño, Bellegarde, el Presidente en un acto audaz dispuso la reocupación de Misiones explicando en un manifiesto las razones que la justificaban. Una división paraguaya mandada por Francisco Wisner de Morgenstern -y luego por Francisco Solano López- cruzó el Paraná y llegó hasta Hormiguero, a orillas del río Uruguay. Trató vanamente de promover un levantamiento de opositores correntinos, y chocó sin mayor trascendencia con fuerzas del gobernador de Corrientes, Virasoro.

En 1844 don Carlos propuso un acuerdo a Rosas sobre la base de la renovación del tratado del 12 de octubre. En forma inexplicable el gobernador de Buenos Aires mostró suma frialdad ante la propuesta, que contestó después de varios meses. Ella, según un autor provocó en Rosas "un regocijo característicamente gargantuezco". Se creía libre de la amenaza anglo-francesa y ya no temía ni a al Paraguay ni al Brasil. Replicó, pues, con una nota agresiva y alarmante. La Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sancionó una ley cuyo artículo tercero decía: "Queda autorizado el Exmo. Señor Gobernador Capitán General de la Provincia Brigadier don Juan Manuel de Rosas para disponer sin limitación alguna de todos los fondos, rentas y recursos de todo género de la Provincia hasta tanto se haga efectiva la reincorporación de la Provincia del Paraguay a la Confederación Argentina".


ALIANZA CON EL BRASIL

Las relaciones entre la República y el Imperio no eran cordiales; el Brasil sostenía la independencia paraguaya pero trataba de evitar a toda costa un conflicto con Rosas, orientación que disgustaba ostensiblemente a don Carlos. Las cosas se complicaron cuando tropas brasileñas entraron en territorio litigioso del Norte comprendidos entre los ríos Blanco y Apa, y además, fundaron un fortín en Pan de azúcar (Fuerte Olimpo). Una fuerza expedicionaria enviada desde la capital se apoderó por la fuerza del fortín expulsando a los imperiales.

Casi al mismo tiempo el gobierno imperial resolvía cambiar de política e iniciar un franco acercamiento al Paraguay. La tensión entre Río de Janeiro y buenos Aires alcanzaba su punto máximo y el nuevo canciller brasileño, Vizconde de uruguay, había resuelto enfrentar a Rosas.

El 25 de diciembre de 1850 nuestro ministro de relaciones Varela y el representante imperial Bellegarde firmaron un tratado de alianza. Las dos naciones se comprometían a prestarse "mutua asistencia y socorro" en caso de que la República o el Imperio fuesen atacados por la Confederación Argentina. Se obligaban también a auxiliarse recíprocamente para obtener la libre navegación del Río Paraná y para sostener la independencia del Uruguay.

El acuerdo tuvo amplia repercusión internacional.

CASEROS


General Justo José de Urquiza

Las relaciones entre Rosas y Urquiza, gobernador de Entre Ríos, eran cada vez peores; fuertes intereses políticos y económicos los separaban. El 1º de mayo de 1851 Urquiza se pronunció contra el gobernador de Buenos Aires negándole el derecho de dirigir las relaciones exteriores de la Confederación. Varias Provincias le apoyaron y todas ellas se coaligaron con el Brasil y el Uruguay para hacer la guerra a Rosas.

Urquiza buscó la colaboración del Paraguay destacando en misión especial al doctor Nicanor Molinas pero su viaje resultó infructuoso porque don Carlos se negó a ingresar en la alianza. Mientras los dos discutían estérilmente los acontecimientos se sucedían en forma apresurada. El 29 de mayo de 1851 el Brasil, el Uruguay, Entre Ríos y Corrientes firmaron un pacto de alianza. Por el Art. 25 se invitaba al gobierno de Asunción a entrar en el mismo, con iguales derechos y obligaciones. López mandó en misión ante los gobiernos aliados a José Berges, para solicitar aclaraciones al pacto del 29 de mayo y obtener que los firmantes se compromentiesen de antemano a reconocer la independencia. Berges consiguió "un tratado adicional" en que los gobiernos de Entre Ríos y Corrientes se obligaron "a emplear toda su influencia cerca del gobierno que se organizare en la Confederación Argentina" para obtener el reconocimiento de la independencia paraguaya.

Señaló Berges al Presidente en varias cartas que era fundamental "que entremos en la alianza pues al Paraguay primero y más poderoso enemigo de Rosas..." no le convendría ni sería útil "quedar neutral". Pero don Carlos se mantuvo firme. Mientras proseguía una larga y estéril discusión, el 3 de febrero de 1852 se producía Caseros y caía Rosas.

LA ARGENTINA RECONOCE LA INDEPENDENCIA

Tratado Derqui-Varela

Urquiza nuevo presidente de los argentinos tenía viva simpatía al Paraguay. Nombró plenipotenciario ante el gobierno de Asunción al doctor Santiago Derqui. En el histórico día 17 de julio de 1852, Derqui declaró: Reconozco en nombre de la expresada Confederación Argentina la Independencia y soberanía de la República del Paraguay como un hecho consumado, competentemente comunicado al Gobierno Argentino en demanda de su reconocimiento.

Después de una discusión que había durado medio siglo el Paraguay obtenía un gran trinfo internacional. Se firmó al mismo tiempo un tratado entre la República y la Confederación. Los límites establecidos eran los siguientes: Al Sur, el río Paraná desde las posesiones brasileñas hasta dos leguas arriba de la boca inferior de la isla de Atajo(Art. 1º). La isla Yacyretá al Paraguay, y la de Apipé a la Argentina. (Art. 2º). El río Paraguay de costa a costa hasta su confluencia en el Paraná, al Paraguay (Art.3º). La navegación del Bermejo común a ambos Estados (Art.4º). Neutralización del Bermejo en una franja de una legua desde la desembocadura del citado río hasta el del Atajo (Art.5º). De acuerdo con estos límites, el Paraguay quedaba con el Chaco, pero perdía Misiones. La cesión de las Misiones, vía importante de comunicación con el Brasil y el Uruguay, pulmón de la nacionalidad, constituía una pérdida para la República. Quedaba agudizada y agravada su agobiante situación mediterránea.

TRATADOS CON EUROPA Y ESTADOS UNIDOS.

El derrocamiento de Rosas y el reconocimiento de nuestra independencia por la Argentina aclararon el horizonte de la República. Quedó firme la soberanía y la libertad de los ríos fue asegurada. Se reanudaron la navegación y el comercio y centenares de barcos mercantes llegaron a los puertos de Pilar y Asunción con manufacturas extranjeras. Los frutos del país, la yerba, el tabaco, la madera, volvieron a salir en procura de sus viejos mercados del exterior. Los paraguayos que tanto habían sufrido por el largo aislamiento de la dictadura y por el bloqueo de Rosas miraban ahora con optimismo el porvenir.

Llegaron los plenipotenciarios de Gran Bretaña, Hotham; de Francia, el caballero de Sait-George; de Cerdeña, M. Cerrutti, y de los Estado Unidos, Pendleton. Venían en procura de sendos tratados de navegación y comercio. El Presidente les obligó primero a reconocer la independencia y luego, sin mayor entusiasmo, entró a negociar los acuerdos designados como plenipotenciario a su hijo Francisco.

Tras laboriosa gestión y no sin vencer graves obstáculos se firmaron los tratados, cuyas principales estipulaciones establecían paz y amistad entre las partes, y la libre navegación del río Paraguay hasta Asunción, y del río Paraná hasta Encarnación.

SEGUNDA PRESIDENCIA DE CARLOS ANTONIO LÓPEZ

Congreso de 1854.

Aproximábase la fecha de convocatoria del Congreso Nacional y llegaba a su término el primer decenio presidencial. En los últimos cinco años el país no había dejado de progresar a paso acelerado. Fueron muchas las obras públicas realizadas tanto en la capital como en la campaña. Se habían levantado templos y edificios públicos, construido puentes y represas, e iniciado los trabajos en la fundición de hierro de Ibycuí. La administración pública quedaba organizada sobre nuevas bases. Las relaciones con los países vecinos fueron intensificadas después de Caseros y el comercio cobraba renovado auge con un impulso excepcional; aumentaron la importación y la exportación. En 1853, entran 85 embarcaciones en el puerto de la capital. Los principales productos de exportación eran el tabaco, la yerba y los cueros.

El Congreso de la República inició sus sesiones el 14 de marzo de 1854. El Presidente leyó su mensaje, documento el más notable de los salidos de su pluma. En la primera parte del mismo hizo una larga exposición sobre el proceso internacional. En la segunda esbozó sus ideas políticas exponiendo conceptos fundamentales y defendiendo con energía su régimen y sistema de gobierno. Reconoció que algunas de las instituciones debían de ser modificadas pero que por muchos años había que seguir con este "orden y régimen provisorio, que permite mejorar, y aún perfeccionar las que existen..."

El pueblo debe acostumbrarse lentamente al uso de derechos que no conoce para no caer en la anarquía de los países vecinos. Contrastó el sistema paraguayo con el de los otros países hermanos y declaró que todos ellos, por haber debilitado la autoridad cayeron en el desorden. La causa de esto era que los pueblos de América, antes española, no estaban preparados para gozar de la libertad sin freno; en América es imposible un sistema representativo completo porque las masas no lo comprenden.

En la parte final refutó a los que criticaban el régimen paraguayo, declarando que el gobierno quería evitar los dos peligros que amenazaban a la República: por un lado la estagnación y el atraso, y por el otro, el desorden y la anarquía.

El Congreso por unanimidad reeligió Presidente a don Carlos por un nuevo período de 10 años, pero alegando su avanzada edad él sólo lo aceptó por tres.

VIAJE A EUROPA DEL GENERAL LÓPEZ



En 1854 el general Francisco S. López fue enviado en misión especial ante las Cortes europeas. En una extensa gira visitó Inglaterra, Francia, Italia, Cerdeña y España, siendo muy agasajado. En Londres adquirió un barco de guerra, el Tacuarí. Compró armamentos, maquinarias y contrató numerosos técnicos. En París trató con Napoleón III y con la Emperatriz Eugenia. En Madrid discutió con el gobierno español sobre el reconocimiento de nuestra independencia, y sobre la teoría del jus soli. En Burdeos firmó un acuerdo para la venida al Paraguay de 900 agricultores vascos. Regresó al país en el Tacuarí, que con nuestra tricolor al tope cruzó el Atlántico. En Río de Janeiro conversó con Pedro I y en Buenos Aires habló con el general Mitre. Arribó a nuestra capital a mediados de enero de 1855.

TENSIÓN CON EL BRASIL

El Imperio y la República habían actuado solidariamente frente a Rosas pero libre de su amenaza comenzaron a disputar. Dos graves problemas estaban pendientes, el de límites y el de la libre navegación por el río Paraguay, fundamental éste último para el Brasil que no tenía otro medio de comunicación con la lejana provincia de Matto-Grosso. López olvidó pronto el apoyo que le prestó la Corte de Río para el reconocimiento de nuestra independencia. Apoyo trascendental y merecedor en la gratitud de los paraguayos. Sólo recordó las vacilaciones y la indiferencia de la cancillería imperial en las horas más difíciles de la porfía con Rosas.

Libre navegación y comercio reclamaban los brasileños; de acuerdo, contestaba López, pero no sin antes llegar a un arreglo sobre la cuestión de límites. Primero navegación y comercio, insistirían aquellos. No; navegación, comercio, límites, todo a un mismo tiempo. porfiará el Presidente paraguayo.

Itamaratí había nombrado encargado de negocios en Asunción a Felipe Pereira Leal, diplomático exaltado. Elevó un proyecto de tratado de comercio y navegación al canciller Varela, quien le replicó que no podía negociar "mientras no se arreglasen los límites en el Norte". Insistió el diplomático tropzando con una nueva negativa. La temperatura iba subiendo hasta que estalló en una entrevista López-Pereira Leal. Luego de discutir de límites, de cédulas, y de viejos tratados luso-españoles, se hicieron cargos recíprocos y terminaron cambiando durísimas palabras.

Según el gobierno, Pereira Leal comenzó después una campaña de intriga criticando al régimen, fomentando la insubordinación e insultando al primer magistrado, por lo cual se le entregaron sus pasaportes. A estar al brasileño, el incidente no tuvo más objetivo que cubrir la resolución paraguaya de no ajustar el tratado de negociación. La expulsión de Pereira Leal abrió un enojoso incidente diplomático; las cancillerías cambiaron notas y los diarios de Río de de Asunción polemizaron.

EL BRASIL ENVÍA UNA ESCUADRA. EXPEDICIÓN FERREIRA OLIVERA

La crisis con el imperio se agravaba. El Semanario y los periódicos de Río se disparaban encendidos dardos. La opinión pública obligó al gobierno a despachar una poderosa expedición -20 buques, 130 cañones, 2600 hombres- para plantear reclamaciones y exigir satisfacción. Su comando fue confiado al almirante Ferreira de Oliveira. En caso de negársele la satisfacción pedida tenía que forzar el paso del Río Paraguay y llegar hasta Pan de Azúcar (Fuerte Olimpo), repeliendo "las fuerzas con la fuerza" y deteniendo las embarcaciones de guerra y destruyendo las fortificaciones.

Ante el peligro, se aprestó López a la defensa. Lanzó una proclama al ejército: "El Brasil cuyo Emperador acaba de asegurarnos una paz inalterable en su mensaje a las Cámaras, atropella nuestro ríos y nuestra tierra y pretende imponernos su autoridad y sus órdenes. Nuestra resistencia será un protesto eterno contra la injusticia del Brasil. Independencia o muerte".

Reorganizó la política de defensa de las costas, ordenando fuesen ellas inmediatamente desocupadas bajo cualquier sacrificio para no "dejarles poner pie en tierra, que no puedan cortar un gajo de leña, ni hallar un animal útil de ninguna clase, ni granos, ni raíces, ni frutas".

El 20 de febrero de 1855 fondeó la imponente escuadra en Tres bocas, en la confluencia de los ríos Paraná - Paraguay. Desde allí Ferreira de Oliveira comenzó a negociar con el gobierno paraguayo. Avínose a seguir a la capital con uno sólo de sus buques, el que lucía su insignia, El Amazonas. Este varó por lo que el almirante tuvo que contentarse en seguir en el Ipiranga, de menor calado. En Asunción trató con el plenipotenciario designado, Francisco S. López. Hubo explicaciones recíprocas, seguida de una reconciliación. Un barco paraguayo saludó a la bandera imperial con 21 cañonazos y el Ipiranga hizo lo propio con el pabellón tricolor. Una solución "amigable y honrosa" para las partes.

En materia de fondo, Ferreira de Oliveira y Francisco S. López firmaron un pacto de amistad, navegación y comercio pero condicionando su vigencia al ajuste de un acuerdo sobre límites en el plazo de un año.

La actuación de Ferreira de Oliveira levantó caldeadas protestas en su patria donde se consideró que el resultado obtenido no estaba en niguna forma de acuerdo con el aparatoso despliegue de fuerzas. Se habló de "una nueva expedición bajo la dirección de un caudillo más sañudo". A la postre, el Emperador se negó a ratificar el pacto Ferreira de Oliveira-López.

ACUERDO BERGES PARANHOS





Para salvar el impasse marchó a Río José Berges. Este y el canciller Paranhos discutieron con gran altura y brillo los asuntos pendientes. Tras dos meses de discusiones empecinadas las partes en sus respectivas posiciones, no quedó más recurso que postergar la cuestión de límites. Por el tratado de amistad, comercio y navegación se garantizaba a las partes la libre navegación de los ríos Paraná y Paraguay, pero reservándose los gobiernos el derecho de adoptar medidas fiscales y policiales para evitar el contrabando. El Brasil quedaba autorizado a hacer subir o bajar por el Paraguay dos de sus buques de guerra. En sus cláusulas esenciales la convención acordaba el tránsito libre y simple por las aguas de los ríos Paraná y Paraguay. Firmóse también la convención de aplazamiento por seis años del ajuste de límites.

A López le desagradaron las concesiones al Imperio en materia de navegación. Respecto a la postergación de la cuestión de límites declaró: "que el resultado inevitable sería una guerra con el Brasil".

MISION DEL GENERAL GUIDO Y TRATADO VÁZQUEZ-GUIDO DE 1856

La no ratificación por el gobierno argentino del tratado Derqui-Varela, de julio de 1852, preocupaba al gobierno de Asunción. En varias oportunidades nuestra cancillería trató de obtener una definición. Después de mucho tiempo el congreso argentino estudió el acuerdo y le negó su asentimiento.

Urquiza nombró al general Tomás Guido plenipotenciario en Asunción para "salvar las ambigüedades y los derechos heridos" en el pacto Derqui-Varela y firmar un nuevo tratado de navegación y límites. La negociación fue laboriosa; el Presidente y Guido discutieron apasionadamente sobres límites; el segundo presentó reivindicacioes al Chaco que fueron rechazadas con energía.

El 29 de julio de 1856 Guido y el canciller Vázquez firmaron un tratado de paz, amistad, comercio y navegación. Establecía fundamentalmente: perfecta paz y sincera amistad, la más estricta y franca reciprocidad como base de las mutuas relaciones, neutralidad absoluta en caso de que una de las partes entrase entrase en guerra; navegación completamente libre de los buques mercantes y de guerra paraguayos y argentinos en los ríos Paraná, Paraguay y Bermejo; aplazamiento de la cuestión de límites entre el Paraguay y la Argentina.

TERCERA PRESIDENCIA

Un congreso reunido en noviembre de 1856 aprobó las siguientes reformas a la constitución de 1844: en el futuro el Congreso Nacional se compondrá de 110 diputados; cualquier ciudadano de más de treinta años de edad podrá ser elegido presidente de la República; el presidente en ejercicio designará en un pliego reservado la persona que ha de sucederle en la primera magistratura, en caso de impedimento o muerte.

En marzo de 1857 se congregó el Congreso ordinario. En su mensaje el primer magistrado hizo una extensa reseña de su labor de gobierno. La asamblea reeligió por unanimidad a don Carlos pero éste rehusó el cargo por su mal estado de salud. Fue nombrado el general López que tampoco aceptó. La decisión final fue reelegir al Presidente por un nuevo periodo.

TENSIÓN CON EL BRASIL. INCIDENTE AMARAL

El acuerdo Berges-Paranhos fijó un modus-vivendi que aplazó por seis años el problema de límites. López sostenía que dicho pacto no le impedía reglamentar la navegación de río Paraguay y así lo hizo por dos decretos; en julio de 1856 dispuso que los buques mercantes extranjeros debían llevar a bordo un piloto paraguayo desde Asunción hasta el primer puerto brasileño de Matto-Grosso. Un mes después expedía otro decreto que en realidad anulaba poco menos que el términos absolutos la libertad de navegación estipulada por el acuerdo Berges-Paranhos, todas las embarcaciones tenían que tocar varios puertos paraguayos para ser inspeccionadas, y además, pagar derechos de pasaje.

El Presidente vivía dominado por la obsesión de que los brasileños aprovecharían el libre paso al Alto Paraguay para acumular armas y pertrechos en Matto-Grosso y organizar allí una poderosa fuerza naval-militar. Así, en caso de guerra con el Brasil. el Paraguay tendría que luchar en dos frentes: en el Sru, Río Grande, en el Norte, Matto Grosso. Consideraba por eso peligroso para la seguridad de la República el libre tránsito de los brasileños por el río Paraguay, en tanto la escabrosa cuestión de límites no fuera definitivamente resuelta.

La cuestión hizo crisis cuando el gobierno imperial por decreto del 25 de octubre estableció un puerto en Alburqueque y otorgó franquicias de navegación en el Alto Paraguay a los buques de todas las banderas. El gobierno de Asunción sostuvo que el Imperio se había extralimitado.

Con el propósito de buscar un avenimiento, el gobierno imperial nombró ministro en Asunción a José María de Amaral que debía de obtener la modificación de los reglamentos de navegación. La cancillería de Río sostenía que el acuerdo Berges-Paranhos prohibía -so pretexto de reglamentación- trabar la libre navegación.

Amaral mantuvo con López violentas discusiones al término de las cuales se insultaron. El plenipotenciario tuvo que abandonar el país y se volvió a hablar de guerra.

MISIÓN PARANHOS

Vino a nuestra capital José María Paranhos, más conciliador y tolerante que Amaral, para solicitar la modificación de los reglamentos, el cumplimiento del pacto Berges-Paranhos "una discusión tranquila de los derechos e intereses recíprocos". Pero en nuevo representante imperial no llegó desarmado. A su paso por el Paraná firmó con el gobierno de la Confederación Argentina una tratado de libre navegación del Paraná y sus afluentes, y se aseguró además el apoyo de la Confederación para el caso de un conflicto armado con el Paraguay.

Paranhos pidió al gobierno paraguayo que adhiriese al tratado de navegación firmado en Paraná. Esta pretensión fue rechazada. El general López fue nombrado para negociar con él un pacto independiente.

Solano López y Paranhos firmaron la "convención fluvial explicativa y ampliatoria del tratado de amistad, comercio y navegación del 6 de abril de 1856". Ella estableció que "la navegación de los ríos Paraguay y Paraná en la parte que pertenecien al Brasil y a la República del Paraguay, es libre para el comercio de todas las naciones hasta los puertos habilitados, o que para ese fin fuesen habilitados..." Los buques de guerra del Paraguay y del Brasil gozarán recíprocamente de la libertad de tránsito de esos ríos pero sólo podrán subir o bajar por esas aguas hasta tres buques devela o vapor. Treinta y cinco artículos de la Convención reglaban detenidamente todo el tráfico fluvial. En un protocolo espeical se reconoció a la Bahía Negra como límite Norte entre ambos países.

La misión Paranhos constituyó un éxito; cerró una etapa peligrosa, evitó la guerra e inició un período promisorio en las relaciones entre los dos países.

MEDIACIÓN DE FRANCISCO SOLANO LÓPEZ

La guerra civill se había reiniciado en la Argentina y otra vez estaban frente a frente Paraná y Buenos Aires. Urquiza había vencido al ejército de Buenos Aires y marchado con sus tropas sobre la capital porteña. Don Carlos ofreció la mediación del Paraguay, la que fue aceptada por las dos partes. El gobierno designó ministro mediador al general López, quien marchó a Paraná y luego a Buenos Aires. El ejército de Urquiza estaba listo para atacar a la capital Porteña, pero el mediador, tras de una tesonera gestión consiguió un avenimiento. En San José de Flores fue firmado el 11 de noviembre de 1859 el convenio conocido como de Unión Nacional.. Por él, la Provincia de Buenos Aires se reintegró a la unidad de la familia argentina. Toda la Argentina rindió grandes homenajes al mediador por su feliz intervención que evitó una guerra civil entre hermanos. Urquiza le obsequió con la espada que ciñiera en Cepeda.

ÚLTIMOS AÑOS DE GOBIERNO

Al acercarse el término fijado por el tratado Berges-Paranhos volvió a agravarse la situación con el Imperio. Los brasileños habían fundado en territorio litigioso los fortines de Dorado y Miranda. Una fuerza paraguaya fue a esa zona para expulsarlos. Hubo protestas y cargos recíprocos.

El gobierno oriental nombró ministro en Asunción al doctor Juan José de Herrera. Su misión tuvo tres objetivos: llamar la atención sobre el peligro europeo, informarse a fondo de las relaciones paraguayas con el imperio y la Confederación, y proponer un tratado comercial paraguayo-oriental. El Presidente no tomó muy en serio la amenaza europea. Con relación a las amenazas del Imperio y de la Confederación declaró que el Paraguay estaba listo para enfrentar "a los dos juntos". Por último, rechazó la idea de un tratado comercial con el Uruguay.

UNA PROFUNDA TRANSFORMACIÓN

De 1840 a 1860 se había cumplido una sorprendente transformación. Nada quedaba del Paraguay de la dictadura; en veinte años el país se había transformado en uno de los más progresistas el continente. Una flota mercante compuesta de varios barcos hacía la carrera regular a Buenos Aires y Montevideo. Algunos cruzaban el Atlántico llegando a Europa. En setiembre de 1861 el ferrocarril cuyos rieles avanzaban hacia Paraguarí, hizo su primer viaje a Trinidad. Era el segundo de la América del Sur. Una fundición de hierro trabajaba en Ibycuí.

La producción y el comercio se habían desarrollado. Las finanzas estaban saneadas y la economía era fuerte. El papel moneda respaldado por el Estado circulaba libremente y se lo recibía con la misma confianza que el oro.

Un gran número de técnicos europeos -en su mayoría ingleses- colaboraban en el desarrollo nacional. Ingenieros, arquitectos, médicos, farmacéuticos, marinos y militares cumplían una labor intensa. La capital cambió de aspecto y se construyeron muchos edificios públicos y privados. Se creó un ejército fuerte. Humaitá fue convertida en una plaza importante, amparada por poderosas fortificaciones.

Aparecen a más del "Seminario", el "Eco del Paraguay" y la revista "Aurora", en la que colaboran Natalicio Talavera, Juan Crisóstomo Centurión, Gumercindo Benítez y toda la juventud dorada. En el teatro actúa una compañía española.

La enseñanza estaba en general bien atendida por institutos oficiales y colegios particulares. La institución más importante era la Escuela Normal fundada y dirigida por el español Idelfonso Bermejo. Otro instituto importante era el Colegio Seminario dirigido por uno de los jóvenes más brillantes de la época, el padre Fidel Maíz.

En 1858 dieciséis jóvenes fueron enviados a Europa para cursar estudios superiores. La sociedad era distinguida y hospitalaria. Las principales familias conservaban la vajilla de plata de la época colonial; muchos de sus mobiliarios habían venido de París. Las fiestas se sucedían y un gran baile de trajes realizado en el Club Nacional fue comentado y elogiado en el Plata.

MUERTE DE CARLOS ANTONIO LÓPEZ

El Presidente se hallaba enfermo desde hacía tiempo. A mediados de agosto de 1862 se agravó. A las dos de la mañana del 10 de septiembre el padre Fidel Maíz le suministró los últimos sacramentos. Tras de recibirlos quedó más tranquilo y sereno. Pero en ese postrer instante sintió de nuevo preocupación por los destinos patrios; quiso afirmar una vez más su voluntad de paz y dirigiéndose a su hijo mayor le expresó: "Hay muchas cuestiones pendientes a ventilarse, pero no trate de resolverlas con la espada, sino con la pluma, principalmente con el Brasil".

"Las palabras subrayadas -cuenta el padre Maíz- las pronunció con un esfuerzo de acentuación. El General guardó efectivamente silencio, nada respondió al padre, que , en cuanto acabó de hablarle, guardó también silencio... No tardó en exhalar el último suspiro".

Ese mismo día se llevaron a cabo las exequias. Un imponente cortejo acompañó sus restos hasta la Iglesia de la Trinidad, donde fueron sepultados. Posteriormente fueron trasladados al Panteón de los Héroes.



Fuente: COMPENDIO DE HISTORIA PARAGUAYA - Julio César Chaves - Carlos Schauman Editor - Tercera edición 1988
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