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San Martín: 3 logias masónicas en su contra

Objetivo: destruir la leyenda urbana sobre su condición de masón



Se trata de una polémica que alcanza a veces notas estrafalarias. En la que se han usado argumentos tan mínimos como el otorgamiento de una medalla por los masones belgas. Esto es, que a falta de pruebas documentales, se han inventado este tipo de sucedáneos increíbles.

A su propósito, dice Roque Raúl Aragón que "En cuanto a los homenajes que pudo haber recibido San Martín de masones - y no en actos masónicos - Lazcano afirma que la masonería no reserva sus homenajes para sus propios miembros. El más llamativo es una medalla acuñada por una logia de Bruselas, cuya inscripción es: "La -Parfait Amitié Const. - A L´Or - de Bruxelles le 7 julliet 5807 au General San Martín, 3825". Como se ve, no se le da el tratamiento de "Hermano" que, de serlo, le hubiera correspondido.

Aún se podría añadir con Horacio Juan Cuccorese estas preguntas:
¿existe alguna prueba documental o testimonial reveladora de que San Martín haya aceptado una medalla masónica?
¿existe constancia de la recepción solemne de la entrega de la medalla, discurso de Gran Maestre de la Logia y palabras de agradecimiento de San Martin?. Nada. ¿Habrá tenido conocimiento San Martín de que se acuñó una medalla masónica en su honor? En la correspondencia sanmartiniana tampoco se encuentra nada".

No obstante, no podemos acá detenernos en semejantes minucias. Nos limitaremos, pues, a indicar sólo algunas circunstancias muy importantes.



Una, es que en el Cádiz de las Cortes pululaban los clubes secretos de masones, carbonarios y sociedades ocultas antimasónicas. Antonio Alcalá Galiano (1789-1865), político liberal gaditano, Menciona entre las primeras a la Landaburiana, la Lucena, los Comuneros, el café de la Fontana de Oro, la Lorencini, etc.; y entre las últimas a la “Esperanza”, el “Angel Exterminador”, “El Martillo”, “La Concepción”, etc. En el comienzo, las logias masónicas – como la “Santa Julia” – correspondían a los afrancesados, mientras que las llamadas “sociedades patrióticas” proliferaban en el bando andaluz. Por lo demás, apunta Juan Canter:
“Los dirigentes de las sociedades secretas luchaban y se desprestigiaban entre sí debatiéndose en diferentes aspiraciones. Las sociedades secretas fueron perdiendo su influjo en la lucha sorda mantenida entre ellas”.

Desorden que no se hubiera producido si todas esas sociedades y logias hubieran sido de obediencia masónica. Cosa que recién empezó a acontecer después de la Restauración de 1814, cuando arribaron a España los oficiales que habían estado presos en Francia.

Fernando VII

Conclusión: que las sociedades secretas fueron un mal de la época, sin que se redujeran a las masónicas propiamente dichas.

Por lo pronto, la sociedad de los "Caballeros Racionales" americanos - cuya jefatura ejercía Rafael Mérida, desde Caracas - en Cádiz al menos, no era másonica (a estar a las pruebas conocidas, no a las afirmaciones de los autores masónicos).

Sobre este punto no existen sino dos testimonios válidos. El primero, es el archiconocido de José Matías Zapiola, en su respuesta a Mitre: "la Lautaro no era masónica, sí la de don Julián Álvarez".



El otro testimonio, menos difundido, es el del mexicano Fray Servando Teresa de Mier. Este era un fraile liberal y trotamundos, quien en sus Memorias narra que estando en Cádiz fue invitado a integrarse a la Logia de americanos. Por su condición sacerdotal, preguntó si la logia era masónica, en las que él no podía ingresar dadas las prohibiciones eclesiásticas. Se le aclaró (por el P. Anchoris) que no eran masones. El único mason era Carlos María de Alvear. Cuando le tocó exponer en las tenidas de la Logia, Mier aprovechó la ocasión para atacar a la Masonería. Entonces, Alvear, a la oreja, le preguntó: "por qué insistía tanto en que no eran masones, pues debía advertir que éstos perseguían a los que no eran de su sociedad, respondió que insistía porque, en realidad no lo era, y porque él no quería serlo, pues además de tenerlo prohibido Su Santidad, su razón lo convencía...".

Exprofeso, hemos insertado primero el texto de las "Memorias", porque el que sigue, ha sido discutido por los masones. Se trata de la declaración que tuvo que prestar Mier ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México, el 18 de noviembre de 1817. Ahí, mencionó las diversas sociedades de auto-socorro que en Cádiz se formaron, y "naturalmente estaba faltando una de americanos, que estaban allí mismos perseguidos". Se enteró de la de los "Caballeros Racionales", quiso ingresar, preguntó al P. Ramón Eduardo Anchoris si aquella era conforme a "la Religión y la Moral", y con la respuesta positiva, entró. "Tampoco era de Masones la sociedad - añade- aunque puede ser que como Alvear era masón imitase algunas fórmulas". El arengó a sus socios, advirtiendo tres veces:
"<>. También dijo que conoció al chileno José Pinto que <>".

Decíamos que los autores masones han impugnado esta última declaración, aduciendo que fue puramente defensiva. No obstante, como se aprecia, entre ambas exposiciones (la primera en libertad absoluta), no hay más diferencia que la de la extensión y detalle. O sea, que corrobora lo anterior.

Eso es cuanto se sabe de la Sociedad, desde adentro.

En cambio, desde afuera hay variadas noticias.

Las más destacadas son las siguientes:
Una , la circular de la Logia, del 21 de Diciembre de 1816, en la que se ordena: <>.

Dos, la nota secreta de la Secretaría del rey Fernando VII al Gobernador de Cádiz, Villavicencio, del 22 de Agosto de 1816, en la que se decía: <>.

Villavicencio

Este informe es coincidente con lo expresado por el Gral. Enrique Martinez a Andrés Lamas, en su carta de Octubre de 1853, en la que aludiendo a la Lautaro, anotaba: <>.

El alegato de autores masónicos, acerca de que José Moldes, con los Gurruchaga, había establecido una logia masónica en Madrid, en realidad opera en contra de quienes sustentan ese argumento. En primer término, no pueden decir que San Martín perteneciera a esa logia. Y en segundo lugar, José Moldes fue una persona sumamente detestada por San Martín (<El infierno no puede abortar un hombre más malvado; yo no lo he tratado, pero tengo documento en mi poder de su perversidad. En conclusión: este es hombre enemigo de todo lo que es ordenado y prudente>>: carta a Tomas Godoy Cruz, 12.11.1816).



Una otra argucia endeble es traer a la cita de escritores españoles de derecha, no muy afamados (como Eusebio Comín Colomer o Carlos Carlavilla), interesados en denostar a los liberales constitucionalistas hispanos, presentándolos en colusión con los independentistas americanos, entre ellos, San Martín. Este es un sistema de retroalimentación. Los masones hispanos lo afirman, los antimasones hispanos lo recogen, y los masones argentinos, dando muestras de su "objetividad", se apoyan en los segundos.
Pero el asunto no pasa de ser un acertijo sin prueba alguna.

En resumen: todo parece indicar que el Libertador no fue masón, aunque en sus logias usaran cierta metodología análoga a las masónicas. Decimos "sus" logias, porque está bien en claro que él las dominó y no fue dominado por ellas.

Esa es, asimismo, la conclusión de los historiadores que han abordado la cuestión: Domingo F. Sarmiento, Bartolomé Mitre, Rómulo Avendaño, Armando Tonelli, Juan María Gutiérrez, Ricardo Piccirilli, Héctor Juan Piccinali, Martín V. Lazcano, Juan Canter, Guillermo Furlong, Bernardo Frías, Aníbal Rotjer, Ricardo Rojas, William Spence Robertson, Carlos Calvo, Ricardo Levene, José Luis Trenti Rocamora y Horacio Juan Cuccorese.

Ahora, si lo que se intenta averiguar es el catolicismo de San Martín, también hay diversos documentos que lo aclaran. A nosotros sólo nos interesan aquellos que lo muestran como gobernante, militar o político.

Queremos decir que no vamos a entrar en el examen de su conciencia íntima, o de sus prácticas privadas. Eso está reservado a Dios. Aunque no desconocemos, vgr., las referencias de Manuel de Olazábal sobre el uso del rosario, o de Plácido Abad sobre la asistencia a misa en Montevideo.

En aquel orden político, se pueden ver las siguientes normas:

a) El artículo primero del Código de Deberes Militares del Campamento de El Plumerillo, redactado por San Martín en septiembre de 1816, que reza así:
"Todo el que blasfemare contra el santo nombre de Dios, su adorable Madre, o insultare la religión, por primera vez sufrirá cuatro horas de mordaza atado a un palo en público por el término de ocho días; y por segunda, será atravesada su lengua con un hierro ardiendo, y arrojado del cuerpo. El que insultare de obra a las sagradas imágenes o asalte un lugar consagrado, escalando iglesias, monasterios u otros, será ahorcado... Las penas aquí establecidas... serán aplicadas irremisiblemente".

b) La instrucción a Tomás Godoy Cruz, del 26 de enero de 1816, acerca de la forma de gobierno que debería adoptar el Congreso de Tucumán: <>.

c) El Título II del "Código Constitucional" de Chile, de Agosto de 1818, dictado por Bernardo O´Higgins, bajo el influjo de San Martín, que decía: <>.

d) La Sección 1ra del "Estatuto Provisional" del Perú, dictado por San Martín, el 8 de Octubre de 1821, se estableció: <>... 3ro: <>.

Quizás, por todo esto, le podía escribir al Arzobispo de Lima, Monseñor Bartolomé María de Las Heras, desde el campamento del Huaura, sobre normas de "la religión que profesamos", y asegurarle que su objetivo era ver: <>.

Singular masón, este San Martín...

Masón singular, devoto de la Virgen del Carmen y de Santa Rosa de Lima, cuyos enemigos más acérrimos fueron los masones Carlos María de Alvear y José Miguel Carrera, y cuya empresa peruana se frustó por la acción combinada de tres logias masónicas. Como pocas veces se las menciona, citémolas por su orden:

La primera fue la Logia Central de la Paz Americana del Sud, formada por Jefes y oficiales del Ejército Real que <>, cuyo Venerable era el General Jerónimo Valdés...

que impidió precisamente la <>, oponiéndose a los acuerdos de Miraflores y Punchauca, gestados por los virreyes Pezuela y La Serna, y el Comisionado Real, Manuel Abreu, sobre la base de la Independencia Americana y la coronación de un miembro de la dinastía borbónica.

La segunda fue la Logia Provincial de Buenos Aires, que presidía en país Bernardino Rivadavia.

Con ramificaciones en la "Lautaro" o el Ejército Libertador - Juan Gregorio de las Heras, Enrique Martínez, etc., que, al tramitar la paz por separado con la España liberal, concretara en la <>, del 4 de Julio de 1823, con la Misión Pereyra - La Robla, desahució la misión sanmartiniana del Coronel Antonio Gutiérrez de la Fuente, comisionado para reabrir el debate en el Alto Perú. También, con el envío de la misión Félix de Alzaga al Bajo Perú, con vistas a socavar las bases políticas y militares del libertador.

La tercera, fue la Logia Republicana Orden y Libertad, cuyo Venerable era José Faustino Sánchez Carrión.

El, junto con Vidaurre, Mariátegui, Francisco de Paula Quiroz, Fernando López Aldama, Portocarrero y otros peruanos, atacaron los proyectos monarquistas de San Martín, provocando luego el asesinato del ex-ministro de gobierno sanmartiniano.
La misión de esta logia era la de restar el apoyo de la población peruana al Protector, agitando la bandera republicana.

Las tres entidades confluyeron en la postulación ideológica revolucionaria de <> sudamericana, para crear múltiples republiquetas <> y serviles al Imperio Británico. <>, aseveran Carlos A. Goñi Demarchi y José Nicolás Scala, al examinar la política de Lord Stranford y del comercio inglés.

<>. Es decir, que frente al lema sanmartiniano: <>, los masones, por la voz de José Manuel García, y la Logia Valeper, en "El Centinela", de Buenos Aires, en 1822, contestarán: <>.

Por tanto, no parece haber mayor acuerdo entre San Martín y esas sectas. Posición que debe haber influido para la morosidad en la gestación de la leyenda masónica.

Acerca de este punto nos parece muy relevante el juicio del extraordinario historiador español Vicente Rodríguez Casado, cuando apunta:
"Sobre la intervención de la masonería hay que tener en cuenta diversos hechos importantes. En primer término, el interés de los masones actuales de tener el mayor posible enlace histórico con las grandes personalidades del pasado. El único punto de apoyo que tenemos para saber, por ejemplo, que el famoso Conde de Aranda era masón, es precisamente el que cincuenta años después de su muerte, la masonería española conmemoró en una medalla tal hecho, sin que haya ningún otro documento que lo pueda atestiguar. Del mismo modo sucede, por ejemplo, con el Gral. San Martín. Después de los estudios de monseñor Navarro demostrando que <> y los escritos de Pueyrredón y Bulnes en los que determinan el que la logia americana tampoco pueda incluirse en la organización masónica, difícilmente puede afirmarse el carácter masónico de San Martín, el general, que, por otra parte, castigaba en su ejército con pena de muerte la blasfemia".

Asunto sobre el cual Horacio Juan Cuccorese escribió:
"La leyenda masónica sanmartiniana nace como concepción mental en 1876. Es decir, 26 años después de la muerte de San Martín y 19 con posterioridad a la organización de la masonería argentina en Buenos Aires...
El nacimiento real de la leyenda masónica sanmartiniana es de mayo de 1880... una tarea de titanes que no consiguieron su objetivo".

Por lo tanto: "resultará siempre una quimera presentar al libertador como masón".



FUENTES:
"Don José y los Chatarreros" del Dr. Enrique Díaz Araujo (págs 67-78)





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