About Taringa!

Popular channels

Se nos casa Norberto.





Todavía es un secreto que guardan pocos.

En mayo próximo, el polémico juez Norberto Oyarbide cumple su sueño de casarse, y la fiesta a todo trapo será en el Hotel Alvear.

Quien se ocupa de organizar la festichola (mucha plata se gastará, cualquier AFIP normal le pediría rendición de cuentas por tratarse de un juez de la Nación), es Florencia de la V.



La lista de invitados se guarda bajo siete llaves, pero lo que ha sido confiado a este portal es que si Oyarbide ostentó hace poco tiempo un anillo costosísimo, el asunto será un porotito al lado de lo que se piensa invertir en el exótico casorio de mayo próximo.

Su novio se llama Claudio Blanco, ambos “blanquearon” su relación en un viaje de luna de miel anticipada hace poco en Punta Cana, lo más top de República Dominicana. Un día en habitación “royal service”, con mucamo incluido y vista al mar se pagó casi 1400 dólares, y obvio decirlo, estuvieron varios días.



La fiesta en el Alvear será tan impresionante como le gusta al juez mediático, y aún no se sabe cuál de las propuestas gastronómicas exóticas elegirá para agasajarse a sí mismo, y de paso a sus invitados.

De su consorte hay algunas dudas, pues se confunden las profesiones debido a los varios romances semi oficiales que viene teniendo Oyarbide desde que falleció su mamá. Hasta que la dama estaba con vida, el juez federal del bolillero mágico tuvo cierta discreción en sus desplazamientos para no darle disgustos mayores, como ocurrió -contra su voluntad- en el caso Spartacus -Luciano Gaberllano. Pero desde que no está, la conducta de Oyarbide responde al clásico dicho “se le soltó la cadena”. Desde viajes dignos de un empresario “first line” hasta acompañar a la Mona Giménez en un escenario cordobés, hizo de todo. Por eso cierta confusión a la hora de saber si contraerá nupcias con aquel abogado entrerriano, con el salteño integrante de la llamada logia guachipeña o con el árbitro de básquet. Pero el novio es lo de menos, lo interesante es que Norberto Oyarbide siempre dijo que cuando se casara abandonaría lo justicia y se iría a vivir al exterior.

¿Cumplirá la promesa en mayo próximo? ¿Digerirá el kirchnerismo que su juez de cabecera se aleje de las causas que más conmocionan a la sociedad? ¿O dará un sobreseimiento masivo a todos los personajes investigados en su juzgado para no sufrir represalias del oficialismo por abandonar el barco en los momentos más tormentosos?

Todo está por verse. Hasta si el casamiento es televisado por algún canal que se encargaría -dice nuestro “garganta profunda”- de pagar la fiesta a cambio de la transmisión en vivo, así Oyarbide no tiene que andar dando explicaciones sobre la ostentación morbosa que se viene en mayo. ¿Mi gran casamiento griego? Nada que ver, éste clásico en la eurozona no se consigue.



Florencia de la V se mostró exultante en pantalla hablando de su rol como organizadora del casamiento del juez Norberto Oyarbide. Cuando un secreto deja de serlo, tenía la libertad de no entrar en detalles indiscretos pero sí de afirmar que el informe de este portal era correcto.

Pero hace horas, un Oyarbide algo desbocado en su verborragia siempre meticulosa, le dijo a La Nación que esa versión "era un cuento chino, un invento". Estaba molesto, más de la cuenta. Como nuestro compromiso es sólo con los lectores, tenemos la obligación de saber qué ocurrió en el medio. Y preguntamos donde teníamos que preguntar.

Antes de decírtelo, recordamos una historia que en su momento tuvo trascendencia en todo el mundo: El caso Profumo. Comienzos de los años 60 en el Reino Unido de Gran Bretaña. El Ministro de Guerra John Profumo tuvo una salida con una showgirl llamada Christine Keeler, algo así como una bailarina del caño de estos días.

Keeler tenía su día libre cuando una amiga –prostituta- la llama para que la acompañe a una salida con "un tipo importante". La mujer estaba cansada, contó tiempo después su amiga porque Keeler siempre mantuvo absoluto hermetismo sobre el tema. Son esos días que un golpe del destino cambia la historia de una vida, o de dos en este caso.

Es que Keeler frecuentaba a un funcionario del consulado soviético en Londres, de apellido Ivanov. Plena era de la "guerra fría", el enfrentamiento retórico y los misiles a mano de botón rojo entre Moscú y Occidente.

Para el espionaje inglés, Ivanov era espía soviético como todos funcionarios de la embajada. Al descubrirse que John Porfumo tuvo enconetros íntimos con una mujer que también salía con el espía que volvió del frío, lo que era una cuestión de intimidad se convirtió en una cuestión de Estado.

Para Inglaterra, el asunto no podía quedar en la nada. En la lógica de las teorías conspirativas, Profumo podía ser un doble agente captado por los rusos y hubo que intervenir.

El Ministro de Guerra se vio forzado a renunciar porque supuestamente debió saber o suponer que su amiga íntima también lo era de un agente de la KGB (temible servicio secreto stalinista).
Pocos meses después, el escándalo que no paraba de rodar llevó a la renuncia al Primer Ministro inglés, Harold Macmillan.

Pasó medio siglo y los personajes de esta historia se perdieron en un ostracismo algo macabro, quizás por haber sido víctimas de un Estado conspirativo que no les permitía tener vidas privadas. Como si para salir con una mujer paga, el funcionario tuviera que presentar una solicitud y que el gobierno le autorice el encuentro amoroso clandestino.

¿Qué tiene que ver el caso Profumo con el casorio de Oyarbide, ahora frustrado?

Un detalle. El juez dijo hace horas: "Pregunten en el Hotel Alvear si hay salón reservado a mi nombre?". Diarioveloz.com informó que la boda se celebraría en ese lugar, lo que no dijimos es que el salón estuviera reservado a nombre de Norberto Oyarbide.

Ese blooper que tuvo el juez, si le pasara a un sospechoso en un interrogatorio, le valdría la firme convicción que está mintiendo. Nadie responde lo que no se le pregunta.

¿Qué ocurrió entonces? El gobierno no quiere saber nada con que el juez federal se vaya de la Justicia, y obvio tampoco con ese casamiento que aparentemente todos ignoraban en la plana mayor del Poder Ejecutivo. No sabemos quién ni cómo fue la presión para que sacara el frac y la galera de la noche magia.

El kirchnerismo precisa del bolillero mágico y que el juez federal que reciba las causas sea Norberto Oyarbide, y no otro. El banco de suplentes en la justicia federal está muy pobretón y no hay reemplazo posible para causas como Ciccone, Boudou, Sueños Compartidos y otras.

Y que Oyarbide diga también que cuando se case invitará a todos, parece una jodita de Tinelli.
¿También irá Sergio Schoklender el día de la boda?

Como en el caso Profumo, aquí la intimidad también es una cuestión de Estado.
5Comments