Segregación de dicotomías .

EL REALISMO INTERNO –
PRAGMÁTICO: UNA IMAGEN
REALISTA NO - BIFURCADA
Lisardo San Bruno de la Cruz.
La filosofía moderna ,
( siglos XVII y mediados del XIX ) , jugaba con la noción de
`potencia´ - propiedad disposicional- sin la sensación onto –
epistémiva de estar tratando con ` Un
Algo ´ ( un indeterminado no se sabe qué ) problemático .
Según Putnam , con el advenimiento de la lógica-matemática
predicados disposicionales y condicionales contrafácticos precisaban una lectura
de corte ( una exégesis lógico-formal , sintáctico-formal ) precisan una lectura de corte
veritativo- funcional de difícil aprehensión. La sentencia derivada de un conjunto de
sentencias más primitivas cuenta con un valor de verdad que ha de ser función de los
elementos que la integran, en esta conexión de tipo veritativo – funcional parecen no encajar
los condicionales contrafácticos porque, aunque sus prótasis son todas falsas y sus apódosis,
en condiciones normales, también son falsas, ciertos condicionales de este tipo son
verdaderos y otros son falsos, lo que convierte al contrafáctico en algo que no se constituye
como una función de verdad de sus elementos integrantes.
Desde Newton, por mencionar un `desde ´ no genuinamente genealógico, sino
más bien se trata de una mención por familiaridad, s
e fragua una imagen distinta de la imagen
de poderes medievales, una imagen en la que la exte
rioridad queda reglada sin ningún tipo de
restricciones. Esta nueva panorámica de la modernidad escinde lo real como ; por una parte,
poseyendo un haz de propiedades interno – esenciales; y ; por otra parte, en tanto
afectándonos como perceptores de cierta forma . El naciente fisicalismo profetiza un mundo
guiado por las propiedades primarias – objetivas en el que las propiedades tendenciales –
secundarias no cuentan como representación objetiva de la exterioridad. Tal tendencialismo
muestra sustancias que nos afectan ceteris paribus y/o en condiciones normales, pero tales
condicionamientos no son describibles en un léxico de leyes estrictas, un vocabulario de la
física fundamental.
Los predicados disposicionales y los condicionales contrafácticos no responden a
la semántica clásica bivalente del realismo objetivista, la referencia de tales enunciados parece
huidiza a toda labor definicional.
Las nociones de `causalidad ´ y `explicación ´ , de acuerdo con Putnam, en tanto
conexiones objetivo – situacionales y no meras relaciones enunciativas, reproducen la

bifurcación entre estricticidad y no – estricticidad de los predicados disposicionales y los
condicionales contrafácticos, según hilen hechos y/o situaciones gobernados por una batería
de leyes estrictas o de acuerdo a los parámetros de normalidad inscritos en las cláusulas ceteris
paribus – las cláusulas que sonrojan a los realistas metafísicos. Según Putnam, no es posible
definir en un vocabulario fisicista lo que significaría para un darse, para un evento,
configurar la totalidad de “restricciones coadyuvantes” que nos permitiesen aseverar: `dadas
tales restricciones M causará N, de acuerdo con las leyes físicas ´ . Trazar una distinción
situaciones coadyuvantes – situaciones productivo – causantes supone ejercitar el hiato onto –
epistémico de factura platonizante entre apariencia y realidad; esto es, lo que puede
afirmarse dadas unas condiciones de afirmabilidad ; y , la verdad como propiedad en sí del
mundo no proyectada desde nuestros vocabularios científicos y de uso vernáculo.
La cuestión que ensaya Putnam pasa por la segregación de tal ámbito
dicotonómico, para esbozar tal liquidación supóngamos que pretendemos construir un “corte
“ entre lo subjetivo relativo a un contexto socio – cultural y /o relativo a intereses y lo objetivo
en el sentido de no – relativizado a un marco cultural y/o interesado. Contamos con el
siguiente grupo de enunciados:
1. Ser divertido, gracioso ...
2. Ser una región del espacio newtoniano con un átomo de hidrógeno.
3. Ser soluble.
4. Ser la propiedad de un condicional contrafáctico del tipo `dadas las
circunstancias concomitantes, si se ejecuta tal y cual acción sucede tal y cual.

5. Ser el significado de `cat ´
No ha de olvidarse que en este ejemplo de Putnam los enunciados se conciben
como conformando un modelo continuo entre lo relativamente objetivo y lo relativamente
subjetivo. Tales “seres” enumerados podrían agruparse, desde una panorámica pre –
filosófica, considerando lo divertido como más subjetivo que lo contrafáctico, esto último
como más subjetivo que lo significado, lo significado más subjetivo que la solubilidad, y esta
última menos objetiva que una región del espacio clásico.
Existen, bajo el primas exegético de Putnam, diversas formas de ordenación según
definamos la asignación de significado, las condiciones contrafácticas, las propiedades

disposicionales ...pero tal diversidad organizativa no ha de traducirse en ejecutar una
“búsqueda sin término”: la búsqueda en la que nos topamos con el corte entre las propiedades
vertidas subjetualmente en los hechos, y los Hechos tal y como son objetivamente.
Clausurada la pretensión de localizar el trazo inconcuso que fundamente el pensamiento como
pintura bifurcada, se incoa el proceso de gestación del ideario de Putnam, ideario bautizado
como realismo interno en las conferencias que estamos analizando. No obstante, Putnam
mismo, unos años más tarde de la publicación de `Las Conferencias Paul Carus´, matiza una
de las posibles inconsecuencias extraíbles del “modelo del continuo” a la hora de aproximarse
al ramal de la objetividad. En parágrafo del autor:”Ahora me parece que yo mismo he sucumbido
también a la tentación de convertir la objetividad en una noción metafísica con el modelo del
“continuo” que adopté en `The many faces of realism´ ... hablar de los valores éticos como algo que
tiene una clase de objetividad “intermedia” es aceptar ya un contraste con alguna clase de objetividad
“mayor” de la que tales valores carecen” (1).
La responsabilidad de un pensador consiste precisamente, de acuerdo con el
enfoque de Putnam, en aceptar unos, “desdecirses” por constituir aseveraciones – intuiciones
creídas como válidas que ya no deben defenderse, y seguir sustentando otra batería de
intuiciones que aún se considera razonable. Es tiempo y lugar para la segregación de las
inveteradas dicotomías filosóficas, dicotomías devenidas fábula, dicotomías que nos impiden
enfocar con corrección cuestiones reales tales como el fenómeno de la relatividad conceptual.
Ser un realista abogado del sentido común significa liquidar la bifurcación entre
aquello que tan solo cuenta con un haz de condiciones de asertabilidad (proyección subjetual)
y aquello que es verdadero de forma intrínsico – esencial . Tal liquidación no ha de
aproximarnos a las ciénagas del relativismo cultural o del anarquismo metodológico, y
escudarnos en un realismo fisicista no sirve para salvar la clase de intuiciones que un realista
del sentido común, como trata de ser Putnam, pretende defender de forma responsable, dado
su convencimiento de corrección interno – pragmática de tales intuiciones.
Las prácticas exitosas nos permiten esperar y explanar una proferencia del tipo `Si
introduzco un cubito de hielo en una infusión caliente, el cubito se disolverá –permaneciendo
todo lo demás igual- ´ . Ahora bien, si introducimos un trozo de madera en la infusión y
creemos que también se disolverá nuestra falsa creencia será descartada por la naturaleza.

Como lo expresa Putnam: `Podemos saber que es “verdad” simplemente que el agua habría hervido
si hubiese encendido el fuego, sin tener la más ligera idea sobre si esta “verdad” es una “verdad
realista” (algo “simplemente verdadero” ... ) o solo una idealización de “asertabilidad garantizada”.
Ni necesitamos suponer que la pregunta tiene sentido. Rechazar la dicotomía entre clases de “verdad”
clases de verdad en el mundo de sentido común – no es lo mismo que decir que “todo vale”. (2).
Desde el intradós de la panorámica de Putnam, interrogantes del tipo `qué es un
objeto ´ se “vertebran” en la elección de un esquema conceptual, pero no es una posición de
mero idealismo lexical, porque no se niega la existencia de una exterioridad fáctica. Tenemos
la capacidad de representar tales facticidades, y aseverar `estos son los hechos desde tal y
cual corpus teórico´; sin embargo, carece de inteligibilidad plena asertar `los hechos cuentan
con su propio carácter, son independientes de cualquier elección teórica´ . si nos
preguntamos, con Putnam, cuál es el mundo real, el compuesto por particulares concretos o
el estructurado mediante cálculos mereológicos , y confiamos en la Mero – logía como
ontología correcta del mundo, tan solo hemos optado por una perspectiva teórica tan válida
como puede ser la “Individuo – logía” en nuestra primera parte del disyuntor leído en clave
de exclusión realista: solo existe una validez I-logía  M-logía.
Supongamos que nuestra elección teórica sea la I-logía , y pretendemos rechazar la
M-logía de los cálculos mereológicos como mera praxis lógico – formal. La sentencia
mereológica `Existe un x tal ( un objeto) rojo y negro´ podría reinterpretarse, mediante las
pertinentes pautas de traducción, en términos de un léxico que contenga individuos afirmando
`Existe un X rojo y un X negro ´. Si `rojo ´ y `negro ´ son predicados del léxico de
individuos, un objeto en sentido mereológico es rojo si contiene un átomo rojo, y negro en el
caso de contar con un átomo negro. Si el enunciado mereológico es correcto, existen dos
átomos, lo cual es lo afirmado por la sentencia de la lógica de individuos; si existen dos
átomos su cálculo mereológico será un objeto rojo y negro. Creer que tal esquema de
traducción muestra cuáles son los objetos que hay “realmente”, tan solo muestra una
intención reductiva y/o eliminativa con respecto al mundo del mereólogo.
En la lectura de Putnam, tanto la , “metáfora del molde de pastas” – la estructura
de tal molde constituiría la aportación subjetual ineludible y los ingredientes del bizcocho
serían los datos – objetos y/o procesos independientes de toda aportación conceptual del

sujeto- como la generación de un esquema traductivo que permita la re – exégesis de los
functores lógico – formales para lograr la reducción de un léxico – esquema conceptual a
reducir – a otro – esquema conceptual reductor - son dos modos de eliminación del fenómeno
de la relatividad conceptual. Tal eliminación segregativa del problema no es capaz de
explicitarlo. En el modo metafórico del molde de pastas, las distintas aseveraciones
ejecutadas sobre nuestras n-descripciones del mundo son digeridas como verdaderas, lo que
sucede es que las variables de cuantificación alojan sumas mereológicas distintas y tales
sumas se conciben como argumentos en el caso de los léxicos descripcionales distintivos
desplegados. En el modo de re-traducción, una aserción existencial en una descripción podría
constituir algo distinto en el intradós de otra descripción. En la elección notacional –
descripcional se podría despachar los cálculos del mereólogo por cuestiones de extrañamiento
y discontinuidad, algo así como que los objetos de la notación mereológica son raros, no
naturales. Sin embargo, arguye Putnam, la no – naturalidad de un objeto no es un criterio
suficiente desde el que se nos permita liquidar la existencia de tales entidades. El
cuantificador existencia no es un artilugio lógico – formal de uso único, exhibe diferentes
modalidades de re – interpretación, tales baterías de re – interpretación posible descargan la
primitividad ontológica proyectada sobre nociones como `objeto ´y ` existencia ´ , no hay
nociones neutrales, metafísicamente hablando. La “corrección” de las versiones aludidas
yace en el interior de sus apuestas conceptuales, en identidad correctiva genuina; suponer que
el mundo del mereólogo no existe porque nos parece extraño es una suposición de irrelevancia
onto – epistémica supina.
Objeto existente no – contaminado de esquema conceptual alguno es un objeto
imposible, habida cuenta de que no hay un uso canónico – absoluto de las nociones lógicas
independientes de uno u otro sistema descripcional. Según Putnam, en la modalidad
metafórica del molde “se suspira” por re – atrincherar la inveterada categoría de objeto, un
reatrincheramiento que entraña la concepción de la interpretación absoluta de `objeto´,
absolutividad que permitiría calibrar las distintas baterías conviccionales para adecuarlas –
reducirlas – eliminarlas sobre tal marco objetual absoluto. Tal posicionamiento onto –
epistémico no implica hablar de textualidad, “todo es texto” ; existen hechos que son
descubiertos y no meramente textualizados, hechos que precisan ser descritos mediante la

adopción de un esquema representacional. No es inteligible defender la existencia de objetos
y/o hechos sin contar con el esquema conceptual que vertimos sobre tales, `hecho ´, `objeto ´,
`existencia ´, no constituyen nociones cuya interpretación devenga de la realidad misma;
noumeno – logías tales tan solo son intentos de describir lo que trasciende nuestras
capacidades de descripción – quimeras metafísicas. `La coseidad de la cosa´ , `la intrinsicidad
de la propiedad intrínseca de la cosa ´, son nociones que carecen de inteligibilidad plena
desde el prisma interno – pragmatista de Putnam.
Otra bifurcación, condiciones de verdad – condiciones de afirmabilidad, también
queda medularmente engarzada con las dicotomías expuestas; lo afirmado sin restricciones
sobre lo que es el caso, y lo afirmable dependiente de restricciones conforma una bifurcación
asentada en una asunción metafísica no explicitada, “ lo anómalo o no” considerado desde una
panorámica ontológica. Una realidad no – dicotonomizada nos permite hablar de cubitos de
hielo de color rosa y de campos gravitatorios, sin necesidad de perder nuestro mundo familiar,
el mundo que el “republicanismo platónico” trató de diluir, sin que esto signifique olvidar la
trivialidad axiológica de que nuestros marcos conceptuales ordinarios están impregnados
inextricablemente de nuestra gama de intereses.
Supongamos , con Putnam el siguiente caso: Nuestra olla de cocina explota, la
válvula de escape de tal artilugio de cocina se obstruye.
En esta situación aseveramos: `La obstrucción de la válvula de escape causó la
explosión de nuestra olla a presión´ , sin trazar una bifurcación semántica entre condiciones de
verdad y condiciones de afirmabilidad de tal aserción. Una afirmación como `cierta parte de
la superficie de la olla con cierta contextura, sea , causó el suceso ´ podría concebirse como
una descripción física de la situación referida, pero no hablamos así, aunque el rol de la
válvula de escape de la olla de cocina es idéntica en ambas aserciones.
La cuestión planteada por Putnam es cuál es la causa de la explosión, la válvula de
escape obstruida o la superficie  de la olla. La función de la válvula de escape consiste,
como su nombre indica, en dejar salir vapor de olla a presión, la superficie  de la olla tiene
como función impedir que el vapor se desaloje de la olla. Dados nuestro saberes y nuestros
haces interesados, “nuestro topos de explicitación” del suceso se nutre de dos afirmaciones: 1.
Acontece el evento, la explosión de la olla; y, 2 . No existe ninguna disfunción. En tal topos

nos interesamos por saber cuál fue el detonante – causa del evento dado el correcto
funcionamiento; lo que cae fuera, por ejemplo, de nuestro espacio de explicación es saber por
qué sucede la explosión dado que  no consta, y no se ocasiona ninguna explosión. Si se
pregunta por una cierta causa, en tal interrogante se imbrica un presupuesto, nuestro topos de
explicitación, un presupuesto que excluye opciones como el elemento de la superficie  que
falta, opciones no conceptuadas como causas, según Putnam, sino como elementos
circunstanciales del entorno en el que sucede el evento en cuestión. Las causas quedan de
forma relativa inheridas en las condiciones – entorno y en cierta batería de intereses, tal
inhesión no ha de traducirse en la conversión de la causalidad en una mera legislación
subjetual en oposición a objetividad en el ámbito de explicitación de sucesos. Presupuesto un
marco de explicación, que conjuga intereses y condiciones – entorno, resulta incorrecto
asertar que la superficie de la olla en condiciones de fabricación no – defectuosas, fue el
motivo de la explosión. Los esquemas acotan el topos descripcional que estamos en
condiciones de manejar; no obstante, tal acotación del lugar de explicitación no entraña que
las soluciones esgrimidas ante nuestros interrogantes estén fijadas de antemano, no existe pre
– determinación en el espacio de restricción desde el que operamos. Sin embargo, Putnam
subraya que de este ejemplo extraen una interpretación dicotonómica ciertos autores. El
espacio descripcional de la física representa la explicación adecuada de la objetividad de los
sucesos, tal descripción se opone a nuestros topos descripcionales interesados y preferidos lo
que muta a nuestra noción de `causa ´ en un “atomismo olvidable” para la representación de
lo que es el caso, nuestros asertos causales constarían como condiciones de mera
asertabilidad, pero no serían condiciones de verdad en el sentido de la estricticidad soñada por
los realistas metafísicos. La distinción, causas – elementos condicionantes del entorno,
concebida como una bifurcación subjetivamente generada, no – descriptora de lo que es el
caso, los hechos objetivos en sí, contamina la noción de `referencia ´ en tanto hereda un
“lastre subjetual”. Algunos pensadores hilan estados de cosas y estados mentales mediante
causas, tales son los hilos intencionales que nos permiten asir el mundo. Otros autores hablan
de enlaces causales entre términos sígnicos y sus referentes.
Algunos teóricos de la referencia sostienen la corrección de la teoría causal de la
referencia basándose en la corrección de la teoría causal del conocimiento, pero, bajo la óptica

de Putnam, tales teorías causales se fundamentan en unas nociones, causas, condiciones del
entorno, condicionales contrafácticos, cuya interpretación no se adecua al régimen de
objetividad deseado por los paladines del realismo metafísico. `Causas ´, `condicionales
contrafácticos ´, elementos circunstanciales que envuelven a un evento, son nociones
proyectadas, son nociones heurísticas, precisamente tal operación subjetual de proyección les
debería incapacitar para desempeñar el rol cognitivo de explicitación pretendido por el
realismo metafísico; esto es, cómo nuestra signicidad conceptual representa lo que es el caso.
Nos permitimos el placer citar un parágrafo de Putnam como anotación final de lo alegado en
nuestra exposición minimalista: “Dado un lenguaje, podemos describir, en un sentido “trivial”, los
“hechos” que hacen verdaderas y falsas las sentencias de ese mismo lenguaje; pero el sueño de
encontrar una relación universal bien definida entre una (supuesta) totalidad de todos los hechos y una
sentencia arbitraria verdadera en un lenguaje arbitrario es solo el sueño de una noción absoluta de un
hecho ( o de un “objeto” ) y de una relación absoluta entre sentencias y los hechos ( o los objetos “ en
sí” ; ...” (3).
Batería de citas :
1. Putnam, H.: La importancia del conocimiento científico. Limpo Nº 2
(1997) , pp 1 –17 pág 16 nota 15.
2. Putnam, H.: Las mil caras del realismo. Trad.: M. Vázquez Campos y A. M Liz
Guiérrez. Barcelona: Paidós 1994 , pág. 81 .
3. Putnam, H.: Las mil caras del realismo. Ob. cit. pág 92.

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