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Sexo, drogas y fronteras



El título de este post tal vez parezca un poco sensacionalista (en esta cuenta tenemos una larga historia de amor con el amarillismo en los titulares), pero lo cierto es que se ajusta perfectamente a la historia de hoy, que se desarrolla en el límite entre Bélgica y Holanda La que vamos a ver hoy no alcanza las cotas de enajenación mental fronteriza de aquel lugar (casi nada lo hace, en realidad) pero sí que ha resultado un quebradero de cabeza para los dos países. ¿Por qué? Pues por lo que dice el título de la entrada, leñas Sexo, drogas y fronteras.


Hacía tiempo que no ponía una foto de estas, con lo que me gustan

*Nota: Sé perfectamente que el nombre del país que limita con Bélgica al este es Países Bajos, pero por economía del lenguaje y porque me da la gana, lo pienso seguir llamando Holanda el resto de éste post. Eso sí, si alguien dice Mumbai o Pekín que se prepare a ser baneado, o tiroteado, o algo peor.

Parte de la frontera entre Bélgica y Holanda discurre por el río Mosa. El río es navegable hasta más allá de Lieja, uno de esos puertos tierra adentro que en el resto de Europa son tan comunes. Justo al sur de Maastricht (Mastrique para los puristas) existían unos meandros bastante molestos para la navegación, que fueron objeto de una serie de trabajos de acondicionamiento entre las décadas de los sesenta y los ochenta. El problema es que ese río hace de frontera en la zona y que modificar el río, sin embargo, no supone modificar la frontera internacional. Así que la frontera sigue el antiguo curso del río, pero no el nuevo. Y eso puede provocar disfuncionalidades territoriales, como de hecho fue el caso.


Mapa de la zona, en la parte inferior con los territorios que están en la orilla equivocada del río. Lo amarillo es territorio belga accesible desde holanda, y lo naranja justo lo contrario.



La modificación del cauce del río había dejado unos pocos pedazos de territorio en la orilla equivocada del río. Concretamente tres, uno llamado Presqu’ile de l’Islal, una pequeña península que pertenece a Bélgica, una zona de gravilla perteneciente a Holanda y una península sin nombre belga que también es contigua con el territorio holandés. En total apenas suman unas 20 hectáreas de territorio pero que aparentemente han llegado a provocar un cierto dolor de cabeza a las autoridades de los dos países, al convertirse en zonas fuera de la ley. La península de l’Islal, según algunas informaciones no del todo contrastadas, se convirtió en un refugio durante los noventa para la comunidad gay belga y holandesa. Lo cierto es que únicamente se recibió una queja por parte de algún bañista que afirmó ser importunado por otro hombre, pero aún así se pueden leer artículos hablando de la playa gay de Ejsden (el pueblo holandés que limita con ese pequeño territorio belga). Otras informaciones hablan de trapicheos de droga y de fiestas a horas intempestivas. Al ser territorio belga es inaccesible para la policía holandesa, y al estar al otro lado del río la policía belga no tiene posibilidad de llegar fácilmente hasta allí. Lo habitual.





El propietario del terreno se ha quejado en numerosas ocasiones a la policía belga de destrozos en la valla que protege su propiedad, pero en todos los casos la respuesta ha sido la misma: sólo podrían atrapar a los autores persiguiéndoles en una lancha rápida. De la cual, por supuesto, carecen. Así que los alcaldes de los dos pueblos implicados (Visé por el lado belga y Ejsden por el holandés) acordaron el intercambio de territorios, y elevaron la pertinente petición a sus respectivos parlamentos, que enviaron las comisiones que estudiaron el tema sobre el terreno y demás. El acuerdo no debería ser difícil dado que es un terreno deshabitado sin apenas interés, y del que ni siquiera hay fotografías decentes. Se supone que hay acuerdo para la demarcación de la nueva frontera, pero la ratificación de éste difícilmente llegará antes de 2015. Será el primer cambio fronterizo para Bélgica en un siglo (Holanda tuvo alguno más tras la II Guerra Mundial). Desde Fronteras no nos oponemos a la eliminación de rarezas fronterizas belgas y neerlandesas, siempre que nadie toque jamás los desquiciados límites de Baarle.

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