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UN NUEVO MALÓN MAPUCHE

 
          
El reloj de la Historia ha dado un salto atrás: otra vez, como en el pasado,
indios mapuches de origen chileno reclaman propiedad en el territorio
argentino, apelando incluso a la violencia, al igual que antes, para
apoderarse de ella. Para mayor absurdo, se enarbola una falsificada
bandera de los incas. Algunas precisiones son útiles para conocer el
problema.   
  
Por Isidoro J. Ruiz Moreno
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    En primer lugar conviene aclarar el hecho de que para avanzada la segunda
mitad del siglo XIX, los indios que habitaban la República Argentina en su
zona meridional no eran los originarios pobladores de la Pampa, pues la
mayoría de ellos había llegado desde Chile, desalojando a los primitivos
habitantes nativos, aunque en rigor constituían una nación distinta de la
República de Chile. Estos invasores, buscando suelos más feraces que los del
otro lado de los Andes, expulsaron muchas veces sangrientamente a los
aborígenes de las llanuras, los llamados "pampas" por los argentinos. El
mayor causante de tal atrocidad fue el cacique Juan Calfucurá.

    Este jefe indio había sido llamado por Rosas para que, dominando a los
demás caciques, le permitiese tratar con uno solo y no con la diversidad de
ellos. Así nació la peligrosa Confederación de Salinas Grandes, conformando
un verdadero Estado dentro de la Confederación Argentina, con todos los
graves perjuicios que siguieron. El origen trasandino del poderoso cacique
general fue recordado por éste mismo en carta que dirigió al general Mitre
en 186l (transcripta en el archivo del último): "Le diré que yo no estoy en
estas tierras por mi gusto, ni tampoco soy de aquí, sino que fui llamado por
don Juan Manuel, porque estaba en Chile y soy chileno; y ahora hace como
treinta años que estoy en estas tierras".


    La nación era heredera del antiguo imperio español y, con idéntico título
que los conquistadores, habían fundado ciudades en territorio americano, en
las épocas siguientes ponían en vigencia la doctrina jurídica de la sucesión de
Estados y avanzaban sobre los espacios vacíos, estableciendo nuevas
poblaciones. La ocupación resultante se producía, claro está, en parajes
deshabitados, pues no hay que imaginar que dicha Pampa estaba en su
totalidad ocupada por los aborígenes.


Tras la guerra contra el Paraguay, el
Ejército argentino se dispuso a penetrarla, aunque no para aniquilar a las
tribus que allí residían  -como ellas habían procedido contra sus ancestrales
dueños-, sino para incorporarlos a la civilización.

    Que los indios no eran originarios de la Argentina les era recordado con
frecuencia.
    Un párrafo de las Memorias del coronel Manuel Baigorria refiere que en
1854 fue enviado por el presidente Urquiza para celebrar acuerdos con los
ranqueles y su cacique Calvain le espetó: -Yo no permitiré  que se pueble el
río Quinto ni Santa Catalina, porque allí se han hecho tierra los huesos de mis
parientes. La réplica del coronel Baigorria fue inmediata:  -Así será, pero
habrán sido invasores. Tus abuelos nacieron en la cordillera de los Andes y no
acá.


   Interesa conocer la respuesta que ofreció al cacique de los ranqueles
Mariano Rosas, el coronel Lucio V. Mansilla, quien lo entrevistó en 1870: "Me
arguyó que la tierra era de ellos. Le expliqué que el gobierno les compraba,
no el derecho a ella, sino la posesión, reconociendo que en alguna parte
habían de vivir.

Me arguyó con el pasado, diciéndome que en otros tiempos
los indios habían vivido entre el río Cuarto y el río Quinto, y que todos esos
campos eran de ellos. Le expliqué que el hecho de vivir o haber vivido en un
lugar no constituía dominio sobre él. Me arguyó que si yo fuera a
establecerme entre los indios, el pedazo de tierra que ocupaba sería mío: le
contesté ¿si podía venderlo a quien me diera la gana? No le gustó la
pregunta".

       Permanentemente les era recordado a los indígenas su procedencia,
como mediante la carta dirigida en diciembre de 1875 al cacique general
Manuel Namuncurá, por el teniente coronel Daniel Cerri, a propósito de los
preparativos gubernamentales para avanzar la línea de la frontera:
"Udes. no tienen derecho alguno a esos campos. Su padre Calfucurá no ha
nacido en tierras argentinas sino en Chile, habiendo nacido en la orilla del
arroyo Laima. Calfucurá y su gente se llaman Laima-che y tienen sus
relaciones y parientes en Chile".

    Otro elemento corroborante con lo expuesto está ofrecido por el siguiente
diálogo mantenido en 1878, cuando el doctor Estanislao S. Zeballos
entrevistó al cacique Pincén cuando éste se hallaba prisionero en Buenos
Aires: -¿Por qué te separaste de Calfucurá?, lo interrogó aquél, obteniendo la
siguiente respuesta del jefe capturado:  -Porque yo soy indio argentino y
Calfucurá es vorogano de Chile, usurpador de nuestra tierra.  
  
Era inadmisible que dentro de la República Argentina existieran enclaves
ajenos a su soberanía y jurisdicción. Desde la Constitución de 1853 se
estableció como premisa "el trato pacífico con los indios" y los gobiernos
ofrecían a estos últimos someterse a las autoridades y leyes del país,
otorgándoseles a cambio terrenos, útiles de labranza y dinero.

    Por otra parte, es menester puntualizar que las tribus radicadas en la
Argentina se componían de escasos individuos: no hay que creer que la
Pampa estaba poblada por entero. En 1879 el general Roca informó al
gobierno, según datos necesarios para efectuar su ofensiva, que la totalidad
de los aborígenes hasta el río Negro por el sur, y los Andes por el oeste, se
calculaba en 20.000 almas, de los cuales apenas 2.000 eran guerreros.

    Hoy la historia se repite. ¿Sería aventurado suponer que especuladores
utilizan a los indígenas para poner en conflicto al Estado, reclamando lo que
no les corresponde, alentándolos incluso a obrar por medios violentos? No es
arriesgado sospechar que si éstos obtuvieran su propósito, aquéllos
comprarían a precios bajos las tierras que se concedieran a los indígenas,
para comercializarlas con mayores ganancias.

Fuente: Río Negro On Line
Isidoro J. Ruiz Moreno
Abogado. Miembro de la Academia Nacional de la Historia y vicepresidente de la
Academia Nacional de Ciencias Políticas