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Una regunta básica: ¿Por Qué Trabajamos?

Seguramente más de una vez te lo has preguntado. El economista francés Jean Fourastié se hizo esta misma pregunta durante la Segunda Gran Guerra y nos dejó una reflexión que cobra valor hoy, en la segunda década del siglo XXI, al escasear nada menos que el trabajo. Es cortito y vale la pena para comenzar a comprender uno de los principales problemas sociales del presente... y de futuro, de seguir así las cosas.


"La sociedad contemporánea es bastante complicada a pesar de que no faltan explicadores. Las ciencias avanzan cada día aportando novedades asombrosas y siempre benéficas para la humanidad; está de más aquí mencionar que es el uso y no el descubrimiento en sí el que puede traer algún dolor de cabeza.

En las ciencias humanísticas los adelantos no son pocos, como podría pensarse, si se los compara con las impactantes novedades que arroja la tecnología. Somos contemporáneos a pensadores de brillante lucidez, que pintan la problemática humana como nunca en la historia.

Pero el pensamiento sigue una línea evolutiva, como es natural, y muchas veces no resulta sencillo comprender el punto al que se refieren los autores actuales, si no contamos con alguna plataforma -al menos indicativa- que nos introduzca en el tema a abordar.

Francia, como todos los países que fueron teatro de operaciones de la Segunda Gran Guerra, se enfrentó a un agudísimo problema de reconstrucción a partir de 1944. El pueblo francés se lanzó de inmediato a la reparación material e institucional, y en ese proceso se destacan varios pensadores con los piés sobre la tierra -o mejor dicho: los escombros- que supieron sacar lo mejor de entre las ruinas y la tradición local.

Queremos citar aquí Jean Fourastié, economista francés, conocido, en particular, por haber acuñado la expresión "Treinta Gloriosos" designando el período próspero que conoció Francia del final de la Segunda Guerra Mundial al primer choque petrolífero (1947-1973). Más precisamente lo traemos aquí a través de un pequeño librito que un ratón de biblioteca podía comprar en los puestos callejeros de EUDEBA en los ochenta: "POR QUÉ TRABAJAMOS" (Hoy disponible en los servicios de venta de Internet a 15 o 20 pesos).

Fourastié nos pone en camino al plantearse y plantearnos una pregunta tan elemental como esa del trabajo, ya hace medio siglo, pero cuya respuesta acertada cobra valor estratégico hoy en día, cuando todo parece paz, armonía y abundancia, a través de unas líneas de maravillosa elegancia y claridad. Una síntesis basal para recuperar la voluntad de trabajo en un marco ancho de distribución equitativa.

Dice Fourastié: “Recientes encuestas por sondeo han probado que, en materia económica y social, el francés medio dispone de escasos conocimientos. A la pregunta: ¿Por qué trabaja Usted?, el 95% de los consultados responde: para ganar dinero. Esta respuesta si bien no es falsa, es superficial; ya que solo tiene en cuenta uno de los efectos del trabajo: la producción de un salario o una ganancia. Pero si se les pregunta ¿Por qué el dinero permite obtener bienes de consumo; el 90% no sabe contestar.

Este es el problema clave de la ciencia económica. Mientras no se comprenda por qué el salario y la moneda se interponen entre el trabajador y el producto de su trabajo no es posible ver con claridad en el fárrago de los fenómenos económicos. ... Veremos que el salario y los ingresos son cupones de racionamiento concedidos a los que producen con el fin de permitirles tomar de la producción nacional una parte equivalente, en principio, a su producción personal.

Básicamente no trabajamos para obtener el cupón de racionamiento, sino para disminuir el racionamiento, por lo tanto: TRABAJAMOS PARA PRODUCIR. Todas las cosas que consumimos son producto del trabajo humano. La naturaleza pura es una severa madrastra para la humanidad. A una humanidad sin trabajo y sin técnica, el globo terrestre no le ofrece más que una vida limitada y casi vegetativa... Por ejemplo, el trigo fue creado mediante una lenta selección de gramíneas; tan poco natural es que si la humanidad desapareciera de golpe, el trigo solo la sobreviviría apenas 25 años más. ... Todas estas creaciones del hombre subsisten porque es el hombre quien las defiende y les da valor. Con mayor razón, los objetos manufacturados, desde textiles hasta el papel y desde relojes hasta receptores de radio, son productos artificiales, creados exclusivamente por el trabajo del hombre. La producción en la industria de las manifestaciones culturales es neta y exclusivamente humana. ...

En los quinientos mil años de historia del hombre como tal, ha aprendido con suma lentitud a aumentar su capacidad de transformación de la naturaleza: ha creado técnicas y ha especializado su trabajo. Esa división del trabajo, necesaria para alcanzar la eficiencia, entraña la agrupación de los trabajadores en células de producción a las que se da el nombre de Empresas... Cada empresa produce así no todos los productos que el grupo necesita, sino solo algunos de ellos, lo cual implica el intercambio. Quien produce libros no los come, debe cambiarlos por comida y bebida. Este intercambio no es tan fácil de concebir. Por consiguiente, no debe haber sido simple encontrar el mecanismo que permite realizarlo.

¿Qué es la ciencia económica?. Es el conocimiento, dirigido según el método experimental, de las actividades humanas que tienden a transformar la naturaleza y a intercambiar los productos así obtenidos, con el fin de satisfacer las necesidades humanas. La distancia que existe entre nuestras necesidades potenciales y los bienes efectivamente producidos por nuestro trabajo, es tan considerable que todos los sistemas económicos observados y observables suponen un sistema de racionamiento. Por esa razón se dice que la ciencia económica estudia la producción, el consumo y el intercambio de bienes escasos. Dicho de otro modo, la ciencia económica tiene por objeto el estudio de los medios que permiten a la humanidad ordenar y reducir el racionamiento... A través de un lento ascenso del pensamiento humano hacia la ciencia experimental, nacieron y se ensanchan en la actualidad poderosos medios para optimizar la forma de producir.

El hecho de que una gran parte de la humanidad todavía no solo sea incapaz de descubrir esas técnicas, sino también poco capaz de imitarlas cuando ellas son descubiertas y llevadas a la práctica en otros lugares, demuestra hasta qué punto el espíritu científico experimental constituye una flor rara en el hormiguero humano, y cuántas precauciones se imponen con el fin de mantener viva su fuente. Así pues, el espíritu científico y, más exactamente, el espíritu de la ciencia experimental, es el que valoriza el trabajo del hombre. Tanto la innovación como la imitación exigen iniciativas, cuya extremada rareza testimonia la historia. La rareza de la iniciativa creadora constituye uno de los hechos dominantes de la historia económica y, por consiguiente, de la ciencia económica. ... A partir de la división del trabajo y la constitución de empresas surge como consecuencia directa el intercambio de bienes, el cual entraña dificultades importantes y complicaciones de orden moral y político; dado que siempre el cambio se practica entre dos productos diferentes.

La determinación de la tasa de cambio no resulta objetiva y, por consiguiente, es motivo de difíciles problemas de justicia social. La eficacia de la especialización del trabajo es tan grande, no obstante, que la humanidad progresiva se empeña cada vez más en lograrla. De este modo, la empresa y por lo tanto el trabajador, produce cada vez más cosas que no consume y cada vez más cosas que no ha producido...

* Jean Fourastié fue economista francés, autor del plan de reconstrucción de Francia en la post guerra. Graficó la actividad laboral sobre el esquema de los tres sectores de la Economía
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