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Vatileaks y benedicto




Vatileaks' y luchas por poder llevaron a Joseph Ratzinger a ceder el trono de Pedro, dice experto.

"Podría optar por la renuncia. Si un papa se da cuenta de que ya no es física, psicológica o espiritualmente capaz de ejercer el cargo que se le ha confiado, entonces tiene derecho y, en algunas circunstancias, también el deber de dimitir". Estas palabras fueron pronunciadas por el papa Benedicto XVI a Peter Seewald, escritor, vaticanista y autor del libro Benedicto XVI. La luz del mundo, en el 2010, cinco años después de ser elegido sumo pontífice. (Vea el especial multimedia de la renuncia de Benedicto XVI).
Luigi Bettazi, obispo emérito de Ivrea, confidente del papa, aseguró a inicios del 2012 que "aunque sería un hito que provocaría un auténtico shock dentro de la Iglesia, los escándalos del 'vatileaks' podrían ser una estrategia para preparar la eventualidad de la dimisión". (Lea también:Benedicto, en 7 palabras).
Los rumores sobre una posible renuncia continuaron los meses siguientes en los pasillos vaticanos, tan dados al secretismo. A finales de octubre, yo afirmaba -no a ciencia cierta, conociendo como conozco el Vaticano- que Benedicto XVI dimitiría. Muchos sectores católico-críticos me acusaron entonces de hacer predicciones sin consistencia, pero esas predicciones se convirtieron en certeza, no solo para ellos, sino para los casi 1.800 millones de católicos repartidos por todo el planeta, cuando el pasado lunes 11 de febrero, el papa dijo: "Después de haber examinado reiteradamente mi conciencia ante Dios, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando". (Lea también: Este sería el perfil del líder espiritual que necesitan los católicos).
Muchos analistas comenzaron a explicar la renuncia por una cuestión de salud, pero ¿era del todo acertado? Seguramente hay dos motivos por los que Benedicto XVI abandonará al pontificado: el agotamiento moral sufrido por el caso 'Vatileaks' y la sangrienta lucha de poder desencadenada en el Colegio Cardenalicio entre los dos sectores más poderosos, los diplomáticos, liderados por Angelo Sodano, y los bertonianos, liderados por Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano y camarlengo (gobernador temporal en sede vacante) de la santa Iglesia católica desde el 28 de febrero hasta la elección del nuevo papa. (Lea también: Secretos de un reinado de 2.000 años).
En cuanto a 'vatileaks', la más increíble revelación de secretos jamás sucedida en el Vaticano, el papa dijo en noviembre que lo había afectado seriamente la traición de su mayordomo, Paolo Gabriele. La segunda razón de la renuncia sería la guerra entre los cardenales Sodano y Bertone, que se remonta al 2006, cuando Sodano agrupaba un gran poder, al ostentar los cargos de secretario de Estado y decano del Colegio Cardenalicio, y Bertone era tan solo el arzobispo de Génova. (Lea también: 'No se inmiscuirá, pero tampoco va a sentarse a morir')

Aquel año, según un rumor vaticano, alguien cercano a Bertone coló en el último momento, en el texto del discurso que el papa debía dar en Ratisbona (Alemania), la frase "muéstrame también lo que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malas e inhumanas, como su directriz de difundir por medio de la espada la fe que predicaba". Aquellas palabras desataron la ira de los países musulmanes, Sodano acabó cesado como número dos del Vaticano y Bertone se convirtió en secretario de Estado. (Lea también: Balance de un corto papado).
Los documentos del 'vatileaks' pusieron de manifiesto las pequeñas batallas de esa gran guerra. Para la muestra, tres botones:
-Campo de batalla: IOR (Banco Vaticano). Bertonianos a favor del oscurantismo. Diplomáticos a favor de la transparencia. Aún hoy, el Banco no es del todo "blanco".
-Campo de batalla: Prensa católica. Bertonianos a favor del L'Osservatore Romano. Diplomáticos a favor del Avvenire. Dino Boffo, director del Avvenire, se vio obligado a dimitir cuando desde el sector bertoniano se filtró la falsa noticia de que era homosexual.
-Campo de batalla: Hospital San Raffaele de Milán. Bertonianos a favor del control. Diplomáticos en contra. En contra de la opinión de Benedicto XVI, los bertonianos intentaron el asalto por el control del Hospital. El Hospital cayó finalmente en manos privadas y Bertone, "apaleado".
La guerra continuará
Esta guerra en pleno corazón de la maquinaria curial, que consiguió fatigar seriamente al papa, seguramente continuará, incluso con la llegada al trono de Pedro del papa número 266. Al cónclave de marzo no solo entraran 117 cardenales electores, sino también los representantes de los grupúsculos que conforman el poder de la curia: bertonianos (cardenal Bertone), diplomáticos (cardenal Sodano), focolares (Becciu), ambrosianos (Nicora), ratzingeristas (Amato), partido romano (Piacenza), extranjeros (Scherer), opusianos (Herranz), masónicos (Coccopalmerio) y pastoralistas (Ruini). (Lea también: El hombre que empuñó la razón para defender la fe).

"Este papa no sabe teología", dijo una vez el cardenal Ratzinger en una de sus habituales indiscreciones, a poco de conocer a Juan Pablo II. Hoy, si Wojtyla viviese, estoy seguro de que diría sobre Benedicto XVI: "Este papa no sabe de política" y seguro que tendría razón. Ratzinger ha aprendido tarde que no basta con ser un buen monje para ser un buen papa. (Lea también: El papado no será lo mismo).
El catolicismo se asienta en el misterio, porque lo misterioso atraviesa los fundamentos de cualquier religión. Y también de la católica. Durante siglos, la Iglesia cultivó con profusión el misterio a todos los niveles, porque el misterio y el secreto protegen, mantienen en otra órbita. El culmen del secretismo y de la opacidad informativa se encuentra, lógicamente, en el Vaticano, el sanctasanctórum del poder eclesial, celosamente custodiado por un espeso muro de silencio. Hasta hace unos años, un lugar prácticamente impenetrable para el común de los mortales. (Lea también: 'La Iglesia hallará su senda si se hace más humilde': Leonardo Boff).

Desde la reforma de la curia realizada por Pablo VI se consiguió cierta transparencia, al menos de cara a la galería. Transparencia forzada por los modernos medios de comunicación. Por ejemplo, hasta el pontificado de Juan Pablo II no se sabía que el papa estaba enfermo hasta unas horas antes de su muerte. A Juan Pablo II lo vimos varias veces en su cama del hospital Gemelli de Roma y asistimos en vivo y en directo a su creciente deterioro físico (algunos hablaron de agonía). (Lea también: Las revelaciones del 'vatileaks').
Lo cierto es que dentro de 11 días, exactamente a las 20:01, hora del Vaticano, Benedicto XVI abandonará la cátedra de Pedro, volverá a adoptar el nombre de Joseph Ratzinger y la Santa Sede entrará en la llamada Sede Vacante hasta la elección de un nuevo papa, en el cónclave de marzo. Pero también es bien cierto que, mientras el mundo sigue girando, el Estado de la Ciudad del Vaticano continuará moviéndose lentamente en su hermético mundo, en el que todo aquello que no es sagrado es secreto.
ERIC FRATTINI
Corresponsal en Oriente Medio y es autor de los libros 'Los cuervos del Vaticano. Benedicto XVI en la encrucijada' y 'Secretos vaticanos'.
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