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Venezuela: un país rico lleno de pobres

I

Varias consideraciones al respecto:

1. “País” es un constructo estrictamente social, y como tal, lo que sea o deje de ser un país está estrechamente ligado a la actividad humana, a su componente humano.

2. Un Estado está conformado por tres factores: Territorio, Población y Gobierno. Como ya es costumbre, hablaré muy mal de dos de esos tres más adelante – estás avisado.

3. Miren esta foto.




Es en Mogadiscio, Somalia. Miren esta otra:




Ésta es en Zimbabwe.

Los paisajes bonitos no son descubrimiento ni propiedad exclusiva de Venezuela. A Somalia se lo están comiendo los piratas, la guerra civil y el hambre, y aún así tiene playas turquesa – al menos, más turquesa que playa El Agua, se los garantizo. Zimbabwe tampoco es que esté del carajo, de hecho, hasta hace nada tenía la inflación más alta del mundo, puesto que nos cedió generosamente a nosotros.

Yo no me como el mensaje de la imagen con la que abrí esta entrada. En efecto, me parece bastante chocante.




II

Y me recuerda bastante al mito este que nos enseñan en primaria a todos, y que nos han reforzado todos los gobiernos de nuestra era, sean nacionalistas, socialdemócratas o socialistas a secas: Venezuela es un país rico.

O cómo dicen los más críticos, Venezuela es un pobre país rico, o un país rico lleno de pobres. En fin.

En Venezuela no nos han dicho nada sobre eso de que la riqueza es generada no sólo por los recursos naturales, sino también por el trabajo y el capital, pretendiendo ocultar este hecho con aquel de que Venezuela posee abundancia del primero. Lo cierto es que, sin trabajo y sin capital, el petróleo no es más que una baba negra enclaustrada en el subsuelo, y el oro no es más que una piedra oculta en el Amazonas. Los recursos naturales, por sí solos, no tienen utilidad alguna: Requieren de la intervención humana, del trabajo, para que puedan ser extraídos, procesados y vendidos. Al final de este paso, es que se obtiene la riqueza.



Y dados los altos números de pobreza y marginalidad en este país, con todo el edulcorante que les ha echado este Gobierno, aunado a la crisis de producción, yo no me atrevería a decir que este es un país rico. Potencialmente rico, sin duda, pero rico no es.

No son pocos los escritores especializados los que consideran al petróleo una maldición, gracias en gran parte al mito del país rico, del país que debe proporcionárnoslo todo, relegando al trabajo como factor de la generación de riqueza, y terminando en corrupción y marginalidad, donde es más fácil y más lucrativo hacer carrera política con el administrador de los recursos, que producir, o estudiar para producir más o mejor. Y si no se te da bien la política, siempre puedes esperar y buscar, dentro de su intento por controlarlo todo, las lagunas que te permitirán lucrarte con menos esfuerzo, llámese Misión Vuelvan Caras, llámese cadivismo, llámese reventa de productos escasos.

No, Venezuela no es un país rico. Porque decir que Venezuela es un país rico solamente por lo que nos oculta su suelo, me obligaría a decir que países como Bélgica y Japón son sumamente pobres, mientras que Costa de Marfil y Angola son países muy, muy ricos. Aunque la realidad evidente sea otra.


III

Y así como no me parece que Venezuela sea un país rico, tampoco me parece justa ni necesaria la división entre país de mierda y gente de mierda, refiriéndonos con el último a la población del primero.

Ser un destino chévere no significa solamente explotar un territorio estéticamente bonito. También se aprecia que en dicho territorio funcionen los servicios, se consigan alimentos y otros productos básicos -por sentado que esto le pueda sonar al foráneo – o, que por menos, no te maten.

Porque para efectos, de nada me sirve tener a las mejores playas del mundo, si al asistir en lo que yo espero sea una sesión de relajación, no dejan de acosarme mil vendedores de baratijas – porque en este país es más lucrativo y menos cansón ser buhonero, que trabajar en un taladro. De nada vale pretender disfrutar la vida nocturna – lo que queda de ella – si corro un alto riesgo de ser victima de la inseguridad. De nada vale ir a la Gran Sabana, sólo para encontrarme con rustiqueros pacientes de faloenanismo, siendo imbéciles en su hábitat. Esto siendo puntual, e ignorando al que maneja por el hombrillo, al que pone su camioneta con música a todo volumen en la playa, al que bota la basura en el medio de la calle, entre un larguísimo y no menos grave etcétera.



Porque además de los abusos de su población, su Gobierno celebra a la impunidad, por lo que todas estas prácticas y las que quedaron sin mencionar, cuando no son directamente aplaudidas por nuestros gobernantes, son al menos toleradas. Tiene que ser un abuso muy grande, muy mediático, con un alto costo político, para que el Gobierno diga que tomará cartas en el asunto. Y, en lo que es una relación perfecta de complicidad, ni loca que fuera la población como para tomar cartas en el asunto con respecto al Gobierno. Los resultados electorales – fraude o no, si hubo fraude, no se cobró – dan fe de ello.

¿Debo decir que Venezuela es un país maravilloso, cuando claramente dos de sus tres componentes no funcionan, no han funcionado durante toda su historia republicana, y no tienen pinta de que vayan a funcionar algún día? ¿Cuánto tiempo podrá seguir contando Venezuela con un territorio maravilloso, teniendo una administración y unos habitantes* de la talla en la que los tiene? ¿Puede sentirse ofendido un pedazo de tierra delimitado por líneas artificiales?.

Para mí la respuesta es claramente negativa.

Venezuela es un país de mierda, con todo y sus playas, con todo y su desierto, selva, nieve y… volcán (¿?). Simplemente, no puedo disfrutar de lo bonito que tiene, cuando lo feo no deja de joder.


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