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Voto sustractivo, alternativa al voto en blanco

Una verdadera democracia debería tener en cuenta todas las voces. En cambio, en los Gobiernos actuales, los "no" se silencian brutalmente, se vuelven blancos o nulos. El voto en blanco es un consuelo para tontos que ocupa el lugar de la verdadera alternativa: el voto negativo.

El "voto sustractivo" es un concepto de voto negativo que no existe en las democracias actuales, y sólo al pensarlo se hace evidente que actualmente no existen las democracias fieles al ideal. Sólo existe la fuerza de la mayoría, que no por carecer de violencia se aleja de la ley del más fuerte. Por algo se denomina "poder". Uno está obligado, aunque no vote, a darle poder de decisión y acción a un candidato. No puede, sin embargo, quitarle poder a quien considera pernicioso para el pueblo (y eso, sin dudas, debería ser un derecho democrático).

Independientemente de que sin dudas hicieran falta mejores propuestas políticas, mejor capacidad de elección personal y mayor transparencia en el ejercicio y la propaganda del poder –incluyendo al cuarto poder (los medios de comunicación)–, sería realmente útil poder optar entre utilizar nuestra voz para sumarle fuerza al candidato de nuestro agrado o para restarle fuerza al que nos desagrada, en caso de que ninguna alternativa nos parezca genuinamente digna de apoyo o nos parezca más imperativo detener la acumulación del poder en malas manos (hasta Hitler obtuvo un 44% de votos positivos, aunque admito que daba miedo decirle que no).

El resultado podría en algún caso ser el mismo, pero toda la gente que otrora hubiese votado en blanco, nulamente, por descarte o no votado en absoluto habría hecho valer su voz. El promedio sería mucho más auténtico; el proceso sería mil veces más digno de eso que llamamos libertad, esencial en democracia. Un coro mayoritario entonando un "no" sería ineludiblemente distinguido a la distancia, a diferencia de los blancos, nulos y abstemios que se pierden actualmente en una revolución silenciosa, enmudecida por la fuerza bruta del voto positivo obligatorio.

Para evitar la opresión de las minorías ideológicas por parte de la mayoría, es decir, para obtener una verdadera democracia, habría que partir de una ecuación de sumas y restas. Porque el poder proviene de la libertad, y la libertad implica la capacidad de elegir entre decir "sí" o "no" (especialmente "no" ), sumar o restar, dar o quitar, y también de no decir nada. Eso es libertad de elección.

Así, en lugar de una lucha por el poder, tendríamos algo más parecido a una negociación entre los miembros de la sociedad, sin mencionar el gran incentivo que significaría para los candidatos saber que deben ganarse el respeto no sólo de sus seguidores, sino especialmente el de los simpatizantes de sus opositores. Y a partir de allí –¡recién allí!–, ajustando los diferentes matices de cada tipo de voto, sería posible comenzar a planificar el perfeccionamiento de una sociedad que desea ser libre, democrática, justa. El resto se parece demasiado a una elaborada farsa (por supuesto, mucho mejor que otras mucho peores, pero farsa al fin).
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