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10 pinturas aptas sólo para las personas inteligentes

¿Cómo es posible medir la inteligencia de alguien? Sin duda se necesita una dosis de conocimiento, sin éste, simplemente no se sabe nada, pero aquel conejillo de indias de quien se medirá, también necesita lograr apropiarse de ese saber, interpretarlo y más tarde poder utilizarlo como parte de su cotidianidad.

Es una de las tareas más difíciles de hoy. Muchos sólo se quedan con lo inmediato, no hacen nada por hacerse más sabios y de pronto, se encuentran recitando cosas básicas para sobresalir. Aquel incauto que lo escuche y tampoco sepa nada, tendrá la idea de que el otro conoce y, en unos cuantos juicios de valor, lo calificará como alguien inteligente y con atisbos de brillantez.

El que verdaderamente es inteligente sabe guardar esa inteligencia para los momentos que de verdad valen la pena. Se convierten en eruditos que no necesitan demostrar nada, pero que se sienten bien adquiriendo más información, transformándola en conocimiento y después hacer uso de éste con referentes que muy pocos imaginan posibles.

En el mundo del arte existen cientos de pinturas contemplativas, las que sólo basta con un poco de paciencia para encontrarle la belleza basándonos en la técnica del pintor, el dominio de su narrativa o simplemente la brillantez de una composición.

Pero hay otras obras en las que el espectador necesita pensar un poco más. Las que no son tan fáciles de digerir y algún incauto calificará como “no tan bellas”. Esas piezas seguramente tienen mucho más historia de la que consideramos posible, tal vez incluso sean mucho más hermosas cuando entendamos su significado tan particular. No es lo mismo ver una obra con ojos ciegos a informarnos y después admirar todo lo que nos perdimos la primera vez… aquí algunos ejemplos que seguramente te sorprenderán.


“La escuela de Atenas” (1509)
Rafael




El Papa Julio II encargó esta obra a Rafael como parte de la decoración de la Stanza della Segnatura, en el Vaticano, misma que era su biblioteca privada. Rafael creó esta obra que representa a la filosofía misma, cuya importancia es igual a la de la teología, el derecho y la medicina, las cuatro facultades clásicas. En su pintura retrata a los grandes pensadores y filósofos de la antigua Grecia, representados con la figura de los personajes intelectuales más importantes de esa época: Leonardo da Vinci encarna a Platón o Miguel Ángel a Heráclito. En total representó a 21 filósofos, aunque muchos permanecen en el anonimato.

En el centro se encuentra Platón con su libro “Timeo” y señala al cielo refiriéndose a sus ideas platónicas y el idealismo dualista racionalista, Aristóteles sostiene la “Ética”, camina a su lado y señala la tierra para referirse a su realismo sustancial racional teológico. Tanto Platón como Aristóteles eran considerados los más grandes representantes de la filosofía antigua. Ambos, aseguran, debaten sobre la Verdad. A la izquierda, el gran bloque de piedra representa el libro de Pedro y simboliza a Cristo, la”piedra angular”.

Además, la pintura es la representación de las siete artes liberales. En primer plano a la izquierda: Gramática, Aritmética y Música; a la derecha: Geometría y Astronomía; en lo alto de la escalinata: Retórica y Dialéctica. Todo ello tiene como protagonista al hombre.


“Las meninas” (1656)
Diego Velázquez




Aún muchos analizan este cuadro hoy, hacen hipótesis que pretenden desmitificar la pintura más famosa de Velázquez. Conocer la realidad del cuadro es imposible y en realidad, todas aquellas preguntas que tenemos acerca de éste quedarán en hipótesis sin resolución. Velázquez retrata a la familia real de un modo más íntimo para romper la tradición en la vida del rey Felipe IV de España.

Se llama “Las meninas” porque su autor se centra en la Infanta Margarita, rodeada por sus damas de honor, el perro de la familia y dos enanos, aunque sin duda el enigma lo ocupan los reyes, sólo vistos a través de un reflejo de ese espejo que cuelga al fondo… o ¿quizá el artista está viendo al espectador para hacerlo parte de su composición? ¿A quién pinta en ese enorme lienzo?

Algunos aseguran que Velázquez hace un juego de poder entre los reyes, las meninas y él. Regresando al espectador dentro del cuadro, otros consideran que lo que buscaba era humanizar a los monarcas y elevar al hombre medio que mira al cuadro.


“Guernica” (1937)
Pablo Picasso




Este es un cuadro que habla sobre el bombardeo de Guernica en la Guerra Civil Española. Es simbólico y su estructura es semejante a un tríptico. Cada elemento del cuadro tiene un significado que, cuando conocemos la historia detrás, nos permite saber mucho más de lo que vemos superficialmente.

El toro de la izquierda, con cuerpo oscuro y cabeza blanca, simboliza oscuridad y brutalidad; la madre con hijo muerto se basa en la Pietá, interpretada por muchos pintores en el Renacimiento. La paloma, entre el toro y el caballo, ha sido interpretada de diferentes maneras: la paz o una alegoría de la música destruida por los militares son los significados más recurrentes.

Un foco es uno de los símbolos más enigmáticos, algunos aseguran que se trata del avance científico y eléctrico, que es un avance social pero al mismo tiempo una forma de destrucción. También es interpretado como una pupila del ojo de la providencia. El caballo simboliza a las víctimas inocentes que la guerra dejó. La flecha situada en las nalgas del caballo simboliza la elevación del espíritu de aquel que murió por el suceso y la opresión de los poderes dominantes.


“El jardín de las delicias” (1515)
El Bosco




El Bosco es tal vez uno de los pintores menos reconocidos, pero con un particular talento para hacer que sus obras representaran el sincretismo católico y el mundo pagano que muchos calificaron como blasfemia. Las flores y frutas son símbolo de lo efímero de la felicidad y el placer, el desenfreno es síntoma de locura, capaz de desembocar en el infierno; así, su cuadro se convierte en una especie de adoctrinamiento religioso.

El tríptico tiene dos tablas laterales que muestran la creación del mundo con “El Creador” en la parte superior. La parte media representa a la humanidad llena de lujuria. A la izquierda, Eva introduce el pecado al Paraíso para iniciar el mal. En la tabla central, la locura y los placeres de la vida se desatan. Todo es dominado por el sexo y el desenfreno, y así, Juan el Bautista asegura que es la mujer la que induce al pecado y al mal. En el tercer tablón todo está perdido, el castigo de todos esos pecadores en el Infierno genera caos.


“Las vacaciones de Hegel” (1958)
René Magritte




René Magritte, el poeta pintor que esperaba que su pintura no sólo fuera un sueño surrealista, sino una interpretación del mundo más allá de lo que vemos, nos regaló un título y una pintura que pocos logran entender a primera vista. En ésta, la dialéctica del filósofo se pone al descubierto, no sólo es un vaso encima de una sombrilla, sino todo un tratado filosófico que ahora reina las ciencias sociales. Para Magritte, la mejor manera de representar la síntesis, tesis y antítesis fue a través de una sombrilla, la cual cumple dos funciones: recibir agua y repelerla, le hubiera parecido tan divertido como las vacaciones, según el pintor.


“Círculo negro” (1915)
Kasimir Malévich




Paralelo al constructivismo, Malevich fundó el Suprematismo, en el que, muchos aseguran, premiaba las figuras abstractas como representación del mundo. Sin embargo, ver la obra completa del pintor nos puede hablar de un concepto mucho más profundo. Muchos ven un antes y un después en su obra; sin embargo, también es posible hablar de la obra de Malévich como un universo creado en el lienzo: desde el trazo más básico, blanco sobre blanco; el círculo negro; la incorporación de colores hasta composiciones más complicadas que comenzaron a involucrar seres rígidos y más tarde paisajes.


“Ofelia” (1852)
John Everett Millais




Aquel inconsciente que se digne a ver esta pintura sin un contexto determinado, sólo verá a una mujer en medio del río con los ojos bien abiertos y con apariencia mortuoria. Es Ofelia y sí, está muerta. En “Hamlet”, de William Shakespeare, después del desprecio, Ofelia se vuelve loca. Incapaz de soportar su propia angustia, como la califica Gertrude, Ofelia sube a un árbol de sauce, la rama se rompe y se cae en el arroyo… muriendo sin remedio.


“El beso” (1859)
Francesco Hayez




Una pintura que representa todos los ideales del romanticismo italiano, pero que oculta un significado mucho más profundo. En la superficie vemos dos amantes despidiéndose; sin embargo, se trata en realidad de la unión entre Francia e Italia como aliados ante el Imperio Austrohúngaro, misma que se realizó en 1859, el año de la pintura. Los dos protagonistas portan los colores de las banderas de ambos países.


“Esqueletos peleando por un hombre ahorcado” (1891)
James Ensor




Ensor, pintor expresionista, es uno de los más aclamados por siempre darle un significado a sus pinturas. En este lienzo nada es casual. Se trata de una denuncia del momento decadente de la sociedad. Dos esqueletos luchan por el cadáver colgado. Las calaveras son símbolo de frialdad, miseria y muerte de la civilización –Ensor las utilizaba con empeño–. El cadáver de la izquierda viste con harapos, convirtiéndolo en la representación de una clase baja; el de la derecha tiene gran vestimenta, simbolizándolo como lujo y poder.

El pintor expone la corrupción de los valores humanos, tales como la honestidad, la equidad y la solidaridad. Las clases altas despojan a los pobres del alimento y sus posesiones aunque tengan que pasar por encima de cualquiera. Los poderes políticos se encuentran al servicio de los burgueses y así, todo parece estar perdido. En segundo plano, justo en las dos puertas laterales, se encuentran personas con rostros enmascarados, con lo que refleja la hipocresía de las clases altas. carentes de valores y educación.


“El castigo de la lujuria” (1891)
Giovanni Segantini




Los Alpes eran una gran fuente de inspiración para Segantini. Esta pintura forma parte de la vanguardia simbolista y nos recuerda a las “malas madres”. Dos almas femeninas se encuentran flotando en los Alpes, aisladas en medio del frío, bajo el cielo azul. Se trata de la pena que deben cumplir por haber perdido dos criaturas no natas sin un motivo claro, tal vez el aborto o la negligencia.

Segantini era huérfano de madre y consideraba que la maternidad era el único propósito femenino. Si alguien renegaba a embarazarse, el único calificativo que podía otorgarle era “pecadora”.
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