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Black Dem cap 1: Mi Barrio

Hola a todos!
Mi nombre es Nashiinn y hoy quería traerles una de mis muchas historias personales para que me den un opinión acerca de criticas para mejorar o simplemente una reseña. Tengo 14 años así que no esperen un GRAN LIBRO.
En fin... La historia se llama Black Dem y esta pensada mas como una novela de 6 o 7 libros con maso menos 25 capítulos cada uno, hoy solo subiré el primero y el segundo capitulo y luego los demás.
La historia empieza a ponerse buena en torno al cap 2 o 3 jaja, los primeros capítulos son para ir presentando mas o menos el entorno de la historia.
Bueno nada mas que decir, disfrútenlo Byee.

Black Dem:

Capítulo 1: Mi barrio.
Mi vida a simple vista, parece una mentira, solo uno mas entre los grandes cuentos fantásticos, no se en que momento mi vida se vino abajo. Lo único que me queda es un millón de grandes historias por contar.
Me llamo Jeason Hurt, vivía en una pequeña ciudad al norte de Atlanta, por lo menos lo hacia hace unos 10 años.
Era un lindo vecindario, recuerdo el ruido de los perros de mi vecino Cleyton ladrando a las 2 de la mañana, A mi vecina Sara que todos los domingos me traía el diario hasta la puerta de mi casa sin pedir nada a cambio, solo un simple “Su diario” y un “Adios” lograba alegrarme todas mis mañanas domingueras.
Mi casa era pequeña, acogedora yo diría, mi cuarto ocupaba una gran parte de la casa.
Arriba de mi cuarto se encontraba un gran altillo con un ventanal enorme que reflejaba la brillante luz del sol por la mañana. Solía colocar una silla enfrente de ese ventanal para ver el amanecer, era muy reconfortarte, y mas cuando las oscuras nubes no opacaban al resto del cielo, definitivamente amaba ese ventanal. Al lado de este había un enorme cajón en el que guardaba todos mis objetos de valor, dentro de èl había un diario que obtuve de mi abuelo cuando era un niño, en esa época yo fingía escribir mis ficticias aventuras que vivía en el gran jardín de mis abuelos.
Lograba ver el sol por mi ventanal en la mañana fácilmente, sin que ninguna de las casas de mis vecinos me tapara la vista, eso era debido a que había un gran terreno baldío justo delante del sol, en ese terreno solo se encontraba un pequeño cartel de “En Venta” viejo y enterrado en la tierra. Llevaba viviendo 10 años en mi pequeña casa pero el terreno nunca fue vendido.
Mis vecinos poco a poco se fueron de sus casas, ni Sara ni Cleyton estaban para alegrarme el día.
Cierto día desperté para irme a mi ventanal a observar el amanecer una vez más, el despertador aun no había sonado.
Cuando subí a mi altillo el sol no había salido aun, no me quedaba más que mirar el enorme terreno baldío.
Lo observe cuidadosamente, y note algo diferente. Todo estaba en orden excepto por el cartel de “En Venta “que ya no estaba, alguien lo había quitado.
Capítulo 2: Un nuevo residente.

Era aun temprano para la entrada del sol, así que rápidamente salí a la vereda y entré a aquel terreno.
Un hombre apareció caminando por la vereda, vestía un sucio traje de constructor manchado por grandes salpicaduras de grasa.
-Debe irse de aquí, ahora esto es propiedad privada- (Me dijo el Constructor con mala cara)
Volví a mi casa dudoso por la situación ¿Quién era este constructor? ¿Habían comprado la casa?
Tras varios meses, una casa fue construida en el terreno.
Esa casa parecía sacada de una película antigua, los ventanales se veían viejos aunque no lo fueran, las maderas estaban mal apiladas lo que causaba que algunas estuvieran recortadas o enterradas entre otras.
La casa era oscura y muy alta, tapándome todo rastro de sol por la mañana. Había perdido lo que más amaba de mi casa.
Al poco tiempo llego la primera persona que residiría en esta horrenda casa.
Era un viejo flacucho y bastante bajo, vestía unos anteojos y muchas prendas negras que combinaban perfectamente con el mango de oro de su bastón. No parecía agradable, ni siquiera saludaba a los vecinos que venían a darle la bienvenida, solo los miraba con desprecio y soltaba un simple “Gracias” seco y malhumorado. Sin embargo a los vecinos no les importaba los desagradecidos gestos de este viejo.
Igual de viejo y malhumorado que él, era su gato, lo llamaba Tizón, en cambio yo tenía muchos nombres un poco más rudo para él. Maullaba con gran esfuerzo todas las noches, mordía y tiraba mi basura, hasta me que gruñía cuando intentaba tocarlo.
Nuestro nuevo vecino no salía de su casa muy a menudo, muchos vecinos lo veían horas sentado en su sillón jugando con un viejo juego de ajedrez al que le faltaban piezas, pero a él parecía no importarle, giraba el tablero por cada movimiento que hacía, competía con su propio cerebro.
Habían pasado varios meses pero aun no había logrado hablarle a este viejo, muchos vecinos solían preguntarme qué pensaba del nuevo residente, si ya le había dado la bienvenida, yo respondida con un simple NO, la mayoría soltaban una cara de vergüenza y retomaban su camino por la vereda, otros me insistían varias veces y me preguntaban ¿Por qué no?, yo les respondida simple y amablemente.
- ¡Como voy a hablarle, si nunca sale de su casa!
Conocía bien la respuesta, aunque no sea la verdadera razón era la más creíble, me mentía a mí mismo al decir esto, ya que sabía que la verdadera razón era que su horrible casa tapaba la vista de mi hermoso ventanal.
Cierta noche me recosté en mi cama e intente dormir, afuera, se oían los insoportables maullidos de Tizon, pasaba el tiempo pero no lograba dormirme, hasta que estalle de enojo.
Con furia cruce la calle hasta la casa de mi vecino y le grite al gato para que parara, sin embargo fue inútil, Tizon estaba encima del tejado del anciano y parecía no preocuparse por mis gritos. Volví a mi casa y desde mi ventanal gigante comenzó a arrojarle piedras para que de una vez por todas se callara.
No daba resultado ya que las piedras no obtenían la suficiente fuerza para asustar al gato, muchas quedaban enterradas en el profundo césped del viejo y otras no lograban ni cruzar la calle.
Una de las piedras se desvió con facilidad y logro chocar contra la puerta de la casa lo que causo que el gato bajara rápidamente del tejado.
Volví a mi cama relajado y calmado, intente dormir nuevamente, pero el gato continuo maullando, esta vez no podía hacer nada.
Al día siguiente estaba cansado y adormecido no había podido dormir nada por culpa de Tizon.
Salí de mi casa y me dirigí hacia la casa del anciano, lo lograba ver por la ventana jugando ajedrez y acariciando a Tizon.
Toque ferozmente la puerta pero nadie respondida, el toque de nuevo más enojado que la primera vez, nadie respondía, solo escuchaba el leve golpe de las piezas de ajedrez contra el tablero y un suave ronroneo de Tizon.
Golpe la puerta con mucha fuerza y de repente escuche un grito.
-¡Jaque! (Grito el viejo emocionado)
Sabia que escuchaba la puerta, pero de seguro no quería responder.
Me asome hacia la ventana donde estaba sentado el viejo, le di un pequeño golpecito al vidrio y este si me contesto. Camino hacia la puerta y la abrió con furia.
-¿Qué diablos quiere? (Me dijo frunciendo sus cejas y sosteniendo con fuerza el picaporte de bronce de la puerta)
Le mencione mis quejas al viejo pero parecía no importarle, solo miraba a su gato que se rascaba la espalda con la pierna del viejo.
-Si tanto le molesta nuestra presencia debería irse. (Replico el anciano girando su cabeza)
Antes de que digiera nada me cerró la puerta y volvió a su sillón a retomar su aburrido juego de ajedrez.
Volví a mi casa, y comencé a pensar lo que me había dicho aquel viejo, todo lo que una vez había sido mi barrio ya no existe, ni mis vecinos amistosos, ni mi ventanal, ni siquiera la tranquilidad del barrio por la noche y como si no fuera peor este anciano con su horrible gato negro hacen lo imposible para ponerme de mal humor.
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