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Breve cuento escrito por mi




Rápida e impredecible, creo que es la mejor forma de definirla, así fue Como me llego esa luz, que fue capaz de superar a cualquier reflejo, porque en medio del camino en el que me hallaba, aquel destello, me dio de lleno en el pecho, con la fuerza de cientos de kilos, poco consciente soy de lo que en realidad sucedía, pero antes, lo que paso antes, que me llevo a esa solitaria carretera, ese recuerdo me recorre fríamente el cuerpo.
Hace poco, en una tarde soleada, recuerdo haber estado caminando en la calle, me dirigí a una plazoleta, donde me senté hasta pasada la noche, gaste muchas horas tratando de imaginármela, pero sabe usted algo, no podía, mi corazón arañaba de forma inútil, el recuerdo de su tacto; y por más que lo intentara, su recuerdo se alejaba cada vez más.
¿Ha querido alguna vez cambiar la realidad de su vida?, pues bien, a eso me dedique estos tres últimos meses, mire, que deje de ser consciente de lo que sucedía a mi alrededor, mi vida era un espejismo, el cual solo miraba mientras soñaba.
Cada día, iba y me sentaba en esa maldita plaza, a tratar de soñar, de imaginar, que todo sería diferente, que tal vez ella era como yo, que vivía también marginada a su realidad, pero sabe… que esa tarde, mi alma estaba más sola que de costumbre, ni siquiera el recuerdo de ella me aliviaba.
En medio de la noche, mi cuerpo o mi espíritu, quien sabe, porque ninguno de los dos sabía lo que sucedía; tal vez era mi cuerpo afligido, el que me llevaba; o mi alma desgastada, la que me levantaba; o ambos, sí, creo que fue eso, un momento de lucidez, donde esos dos complementos me llevaron a un encuentro, debía de enfrentarme a lo que durante meses me tuvo muerto en medio de mi vida.
Casi inconsciente, y luego de minutos de haber caminado, minutos que pasaron fugazmente sobre mi ser, me encontraba tocando el timbre de su casa, me disfrace de una valentía que cubría mi coraje, no podía echarme abajo cuando la viera, ella no debería de creer, o de ver que tan débil era.
Pero mire usted que al final, toda mascara se viene abajo, y la mía, la de ese valiente que es capaz de enfrentarse a la vida, a sus sueños, y a su existencia, se vino abajo, dejando un rostro fallecido, que se bañaba en lágrimas de aflicción, por un momento creí, que ella, igual de cobarde, igual de insensata, con la misma anímica muerte, se atrevería a dejarme pasar, a su casa, a su vida.
¡Hum! ¿Ve cómo es la vida?, o más bien como son las personas que se encuentran en ella; alzo mi mirada, y su rostro pasó de una inmensa alegría, a uno de repudio y asco, que lo resalto usando una estúpida
¿Qué desgracia la que fue ella no? Dándome la espalda por ver en mi el reflejo de complejos, pero ella, ella estaba asustada, si, debe ser eso, miedo, tal vez tenía miedo de mí, o miedo de ella. No, no era eso, era miedo de un ambos, de que no funcionara, pero aun no entiendo el abandono de esa esperanza, ella y yo teníamos derecho a ser felices, y aun mas de serlo juntos.
Como ya le había dicho, no tengo más recuerdos, miles de imágenes pasaban por mi mente, como pájaros surcando el cielo, y un destello, blanco como la pálida luna, fue el que me durmió, o despertó. Aun no lo sé, si esto es un sueño, y usted una imagen irreal, o si mi vida hubiese sido un sueño y ella una fantasía, aun no sé si en realidad hablo con usted, o solo soy yo hablando conmigo mismo, ansioso de tener una inaudible voz que me escuche.





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