Arte

Cronicas de un asesino (historia propia)

Sonó la alarma atreves del aire frio de esa mañana otoñal, el reloj marcaba las 8:30, Alberto despertó con el recuerdo de todos los secretos de la noche anterior, atormentaban su mente hasta el punto de la locura, supuso que su angustia se debía ha no haber estado lo suficientemente drogado esa noche como para poder no recordarlo, sin mas preámbulos dejo de observar el techo en busca de consuelo y se cambio el pantalón lleno de sangre, se puso una playera blanca y se coloco por un ultimo una sudadera desteñida y sucia que estaba sobre un silla.
Al bajar las escaleras escucho ruidos en el patio, seguidos de unos murmullos que espesaron el aire, Alberto batallo con la densidad para poder respirar el oxigeno que se esfumo al escuchar los murmullos, rápidamente termino de bajar de un salto y se apronto sobre la alacena, tomo un cuchillo y se recargo sobre la puerta que daba al patio, escucho atento hasta no encontrar repetición de aquellos ruidos, se incorporo lenta y sutilmente, observó atreves de la ventana de la puerta, coloco el seguro de la tercer chapa que olvido colocar la noche anterior,aunque la mañana estaba nublada pudo distinguir un par de sombras caminado sobre la barda, la casa estaba sobre una esquina, lo que izo que se arrepintiera de nunca haber cercado la casa, volvió a escuchar los murmullos tan penetrantes que lo hicieron sentir como bajaban las gotas de sudor frio por su frente, su mano mojada sosteniendo el cuchillo sin filo y su corazón palpitando al ritmo de miedo, después de algunos segundos las sombras se paralizaron como esperando el momento de atacar, Alberto estaba tan consumido en el miedo que pronto cambio el sentir de sus manos mojadas y su corazón por un calor que salía de entre su entrepierna, el silencio era abrasador y el en su mente rogaba por el perdón de angeles y dioses. Cuando por fin la desesperación de los segundos lo rebaso tomo el valor de atacar primero, se incorporo lentamente, el ataque era tan inminente, quito los seguros de las tres chapas en silencio, tomo la perrilla para hacerla girar, de pronto sintió un escalo frio tan fuerte que lo paralizo, fueron un par de estruendos en la puerta a su espalda, Alberto sintió el Abrazo de la muerte y se desplomo sobre el charco de lagrimas y orines a sus pies, un segundo fue suficiente para recordar una vida entera.
-Senor nos pasa la pelota del patio-
la voz de ese niño lo devolvió de las garras de la muerte