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Cuatro micro-cuentos, y un poema levemente licencioso



Cuatro micro-cuentos, y un poema levemente licencioso

(Propios)






Futuro


-Veo en las líneas de la palma de tu mano que tu futuro puede empezar a cambiar a partir de hoy mismo: la Línea de la Cabeza indica que has llegado a un momento de tu vida en que puedes iniciar la toma de decisiones importantes, muy importantes, que cambiarán el rumbo de tu existir; la Línea del Corazón muestra, sin lugar a dudas, que hoy mismo puedes encontrar y salir con alguien que tú ya conoces, y a quien particularmente no le eres desagradable, sino todo lo contrario. Si me lo preguntas, es una mujer de pelo castaño y de lentes, que has visto hace poco en tu trabajo. Marte en la casa de Tauro te dará la confianza y el arrojo necesario para emprender cualquier acción que conduzca a tu bienestar, mientras que Venus con ascendente en Virgo te dará suerte en el amor, y el carisma necesario para vencer la timidez. Tu color de la Suerte es el verde, como ese color de suéter tan bonito que traes hoy, tu número de la Fortuna es el 30 (hoy es día 30, justamente), y la hora en que te amparará tu planeta regente son las 18:30 horas.

-Emmmmm, muchas gracias por el horóscopo, pero yo sólo vengo a cobrar mi sueldo.

(Ella le suelta la mano, se acomoda el pelo castaño y los lentes, y tomando un sobre de papel manila, lo pone en la mano de él).

-Muchas gracias. Emmmmm, ¿A qué hora dijiste que podría encontrar el Amor?....





Viaje


He iniciado el viaje hacia ti, Amor mío. Sé que no te conozco, sé que no sé dónde estás, ni cómo eres, pero ya he iniciado el camino que me conducirá ante ti. Hay muchos que anhelan lo mismo que yo, pero estoy seguro que los superaré, que serás mía, tú la única, como yo seré tuyo. Habrá quien diga que no me conoces, que en tu mundo limbo es imposible que me esperes, que ni siquiera tienes la noción de que yo existo. Pero en ese caso yo tampoco debería saber de ti, y sin embargo sé que existes y que también me esperas; ambos sabemos la verdad, cómo anhelamos estar por fin uno ante otro, cómo nos adivinamos ya desde el momento mismo de venir a la existencia cada uno.

¿Es posible, acaso, que tú ya me esperes, que estés anhelante de mi llegada, que trates de adelantarte a mi presencia? Sí. De algún modo misterioso tú me has mandado un rastro, me has marcado un camino invisible, un sendero sólo distinguible para mí, ni siquiera para aquellos tramposos que quieren llegar a ti pero no son los elegidos, y que irán quedando atrás, confundidos y perdidos.

Quizás sea tu aroma aquello que me guía; un aroma que nos recuerda nuestro origen mutuo, la orden que debemos cumplir porque para eso hemos sido elegidos. Porque recuerda muy bien esto: tú y yo hemos sido elegidos. Nuestra es la herencia que se conserva en nuestro interior; nuestro el destino que a ambos atañe conservar. Te pido que no te desesperes, llegaré a ti tarde o temprano; ya puedo presentirte en mi próximo futuro.

¿Lo ves? Nadie más acompaña ya mis pasos, o ya están tan lejos que es como si ya hubieran perdido el camino para siempre, la competencia perdida definitivamente; nadie más me persigue rastreando las vías claras que ahora me llevan ante ti, ante tu deslumbrante presencia. Y cuando llegue a ti, cuando finalmente llegue ante ti, ¡qué alegría, cuánto Amor brillará en nosotros, con cuántas ansias me precipitaré en ti y hacia tí, cómo te penetraré gozoso, hasta el grito y el desgarre, entregado a ti hasta el fondo; y tú me recibirás gustosa, abierta totalmente a mi llegada, uniéndote a mí, pero uniéndonos de verdad, tú y yo unidos, no ya dos, no siendo entonces Tú o Yo, sino uno sólo, un solo Ser que seremos tú y yo, querida Óvulo, tú y yo juntos para siempre…





Despierto


Una claridad muy leve, que se difumina sutilmente tiñe mi entorno de un tono cálido y cercano. Me giro, no tanto para buscar una posición más cómoda, sino por el puro placer de sentirme despierta, sentirme viva.

Escucho con atención, y distingo los sonidos cotidianos a mi vida: antes que nada el bum, bum, bum, del corazón de mi madre, llenando todo con su latir, con la sensación de amor y protección que espero no perder nunca. Atrás de eso, el fuelle poderoso de sus pulmones, su permanente trabajar, inhalando y exhalando. Escucho el minúsculo pero inconfundible distenderse de los muchachos Tendones y de doña Cóxis, en su preparación para albergarme ahora, y para ayudarme a nacer después.

-¿Has dormido bien, nena? -escucho un voz grave, profunda, querida y conocida. Le contesto de inmediato.

-Hola, señor Hígado; sí, dormí muy bien. ¿Acaso usted no duerme nunca?

-Dormí por momentos, nena. Hemos tenido trabajo toda la noche. Ya imaginarás que digerir pastel de chocolate, chiles rellenos y coctel de camarones a las dos de la mañana no es algo fácil, verdad? ¡jajaja!

-¡Jajaja! Perdón, creo que les estoy dando mucha lata, señor Hígado.

-No te preocupes nena; ningún trabajo se compara al placer de tenerte con nosotros y verte crecer. No hay molestia alguna, al contrario.

-Hola, niña linda, ¿cómo amaneciste?

-Muy bien, señores Pulmones; ¡hola, señor Estómago!, ¿cómo está usted?

-Cansado, niña; como dice mi amigo Hígado, hemos trabajado toooooda la noche, y no sé porqué sospecho que tu mami va a despertar con hambre y antojo de algo, y nos hará trabajar a macrchas forzadas otra vez.

-¿Sí? ¿Por qué cree eso?

-Porque así ha sido diario las últimas tres semanas!

Creo que nuestra plática ha despertado a mi mamá: la siento moverse inquieta, aún dormida, en la cama; toda la maquinaria de don Esqueleto y sus Músculos despiertan, y empiezan a moverse, a despertar y a estirar sus tendones, preparándose para levantarse y caminar; la respiración de mi mamá cambia, su corazón late más fuerte y más seguido, y siento sus manos acercarse a mí y acariciarme, y yo me alegro y trato de acercarme a ella, de tocarla también, de extender mis manos para hacer contacto con las de ella, que me buscan; cómo se sienta, con trabajo, en la orilla de la cama…

Siento cómo abajo de mí queda ahora doña Vejiga, que despierta con un quejido.

-Doña Vejiga, Buenos días, ¿cómo está?

- Nena hermosa, buenos días, estoy muy desvelada; no sé cuántas veces nos hemos levantado para ir al baño, y creo que ahí vamos otra vez!

Apenas mi mamá se mantiene así un momento, porque después de despertar y sentarse en la orilla de la cama, tiene otras necesidades más apremiantes: se levanta, y aprisa pero con cuidado, camina su camino cotidiano al baño.

Todos ya han despertado, y el señor Cerebro manda órdenes que las muchachas Piernas reciben y obedecen, Don Hígado manda un pedido urgente de enzimas a don Páncreas (siempre malhumorado él) que recibe y empieza a procesar a regañadientes; Don Intestino Delgado discute con don Duodeno de algo que no alcancé a escuchar; las jóvenes Amígdalas platican con doña Lengua lo delicioso que estuvo el menú de la cena; todo se vuelve una algarabía de gritos y trabajo, de día iniciado, que es suspendido y dejado en suspenso cuando mi mamá dice en voz alta, que todos escuchamos:

-Creo que se me antojaron para desayunar unas enchiladas verdes, con mucho queso y crema, bien picosas. ¡Ah, y un Titán de Fresa!





Agobio


Toda la noche libró una batalla ciega, extenuante, incomprensible; avanzando centímetro a centímetro, deteniéndose por momentos para tratar de acumular una energía que cada vez era más escasa. Hubo un momento que su agobiada mente se desvaneció, el sufrimiento olvidado al fin quizás un segundo o algunos minutos, quién lo sabe, abandonada al cansancio, sin sueños tras sus párpados fuertemente cerrados, los ojos inútiles en la oscuridad incierta que la envolvía, boqueando un aire que no podía entrar en sus pulmones. Soñó sin imágenes, apenas un sentimiento oscuro de opresión, dolor y ahogo, y se despertó en la madrugada con las manos llenas de sangre y lágrimas en los ojos, con sangre en la cara, y con un empuje final que por fin la logró expulsar hacia la luz intensa, hacia las manos atentas que la sujetaron con cuidado y la extrajeron de entre los muslos trémulos de su madre agotada, la sangre cubriendo todo su cuerpo, la palmada que la hizo tomar su primera bocanada de aire, su primer grito, su primer reclamo hacia el mundo que la recibía esa madrugada…





(William-Adolphe Bouguereau - Fauno y Bacante)



A una ninfa dormida

A una ninfa dormida de pelo ensortijado
en la orilla del río mis ojos han prendido,
y con un anticipado deleite he conocido
los albos muslos de mármol cincelado.

También sus pechos, de gusto presentido
mi vista con placer goloso ha paladeado;
el cuello de marfil y el rostro nacarado,
y un coqueto pie en el agua sumergido.

Delicioso tesoro para mí, un fauno avispado,
a la dulce ninfa me acerco, apenas contenido;
que, lúbrico, ante la Belleza estoy tan exitado,

que cuando su mano en mi mano he contenido,
entonces sus grises ojos abre, y me ha mirado,
y cambia ella mi papel: de seductor a seducido.









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