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Cuento breve: Interrumpida

INTERRUMPIDA


No estoy preparada, no quiero. Bueno, mi tesoro vas a tener que acostumbrarte porque así va a ser por el resto de tu vida. ¡No quiero! No me imaginaba que iba a ser así, ¿no puedo esperar un tiempo? No. Pero, ¿no te importa verme así? Soy muy chica apenas tengo 12 años. Ya sos grande, aprendé, sos una chica muy linda, aprovechá tus atributos. No me toques. Vas a ganar mucha platita nena, olvidate que todo va a ser para vos ¿no?
¿Me estás utilizando? No lo digas así exactamente, es un simple negocio. Bueno, andá a cambiarte, maquillarte, ponete linda, yo mientras me voy a hacer un café. Que alguien me ayude ¿Por qué tengo que hacer esto? Virgencita ayudame, ¿es lo mejor? No, sé que no es lo mejor pero voy a tener plata para ayudar en casa. Me tienen agarrada y ahora no me queda otra que hacerlo. ¿Se puede? ¡No!, ¿Quién es? Yo. Ah, perdón, pase señor. Mirá nena yo te explico la situación porque me dijeron que te estás haciendo la rebelde: acá las cosas son así. Vos a esto lo hacés sí o sí; porque uno lo necesitás, y dos porque me servís a mí, sos una buena mercadería. Ahora, andá, vestite y preparate que hoy estás muy solicitada. ¿Cuándo me puedo ir? Cuando termines.
¿Hola? Si, buenas tardes, te quería comentar que me llegó una linda nenita que necesita el billete y por eso la tengo agarrada: es media rebelde pero ya se le va a pasar, es falta de costumbre, ¿la querés? Si, ¿a cuánto se cotiza? Eso después lo arreglamos.
Permiso, che nena empezás a las diez; andá avisándoles a tus viejos que vas a llegar tarde, ojo con lo que decís. Sí. Secate esas lágrimas que no es para tanto. ¿A ver esa carita? Bueno, te acariciaba nada más, estás linda hoy.
No quería que mi primera vez fuese así. Permiso. Padre nuestro que estás en los cielos…shhhh, si rezás hacelo en silencio que rompés el clima. Perdón. No, no por favor. Cumplí con tu trabajo. Pero no puedo. Si vas a poder, es hoy que va a ser difícil pero despreocupate que yo se tratar a una mujercita, quedate tranquila.
Y, ¿Qué tal estuve? Bien. Bueno, mejor. ¿Te duele algo? Si. Me voy; chau nena, ¡contesta! Chau nena. Chau.
Hola señor, hoy pasó lo inevitable. Me siento rara, algo me falta. No me imaginaba que esto iba a ser así, me siento mal; siento una traba en la garganta, algo que me presiona y no me deja respirar. Quisiera dormir y no despertarme. Ayudame, toda mi infancia esta muerta en estas sábanas; ya no queda más rastro de lo que fui, una nena que se convirtió en mujer obligada…
Nena, el siguiente, preparate, andá a bañarte yo mientras cambio las sábanas. Tomá, ponete esto que te va a quedar lindo, aprovechá que el agua del calefón eléctrico está listo.
Me miro al espejo del baño, mientras escribo la carta, desnuda como hace quince minutos atrás, y ya no me conozco, me veo difusa, borrosa; nose si es por efecto de las lágrimas en mis ojos o porque realmente estoy así; mutando de a poco. Esta media hora de dolor y sufrimiento me dejo una herida profunda que sangra y arde, y cada vez que tenga que hacer lo mismo me va a marcar más. Soy prisionera, un objeto sexual y de facturar. Adiós mamá, adiós papá, los quiero. Esta carta espero que les llegue y vean porque desaparecía tanto tiempo. Los amo y no se preocupen que allá voy a estar mejor. En cada recuerdo mío yo voy a estar con ustedes, siempre…
Besos con amor… Celeste
Permiso, ¿se puede? ¿Ya estás lista?...



La autora del cuento es mi novia (Caren), espero que les guste.
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