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Darío Sztajnszrajber: "En el fondo, todo es nada"

El filósofo vuelve al Konex con una propuesta distinta: 13 clases en las que abordará los grandes temas de la filosofía. La muerte, el amor, el bien, Dios y la belleza serán algunos de las protagonistas de estas clases, que pueden tomarse por separado o como un curso completo. Desde el 21 de abril, 13 martes que nos van a llenar de preguntas.

Entrevista: Pablo Wittner
Foto: Juampi Correa
Diseño gráfico: http://www.thisistender.com/
para
Experiencia Konex #30




¿Cómo va a ser la dinámica de este curso?
La idea es armar un curso de iniciación a la filosofía abierto. Las palabras abierto e iniciación tienen una connotación específica que tiene que ver con que no hace falta tener una preparación o lectura previa. Sin embargo, eso no excluye a quien la tenga. Son abordajes diferentes que uno puede hacer de un conjunto de clases que tienen más el estilo de charlas, donde vamos tomando un listado de temas que consideramos -a priori- temas nodales de la filosofía, y los vamos trabajando con un abordaje por autores, por problemas...

Independiente uno del otro, también. No hay una continuidad y uno puede asistir a todos o a una clase en particular. ¿No?
Exacto. No hay una continuidad. Cada clase toca un tema y yo me tomo el trabajo de, ante la repetición de algún concepto que pueda surgir para explicar mejor alguna idea, no dar por supuesto que eso está, porque sabemos que hay gente que viene a una clase y no a otra. Ahora, el que hace el curso entero al mismo tiempo encuentra una continuidad, porque el itinerario está elegido como para ir incorporando distintos problemas, ir abriéndolos, uniéndolos con otros problemas que vienen después. Me hace acodar a los abordajes posibles del Rayuela de Cortázar. ¡Qué comparación! ¿No?

O al Elige tu propia aventura...
-Ja. Una cosa es venir a la clase sobre el amor, la clase sobre el tiempo... Entonces, al elegir clases así, salteadas, estás muy concentrado en lo que la clase te puede disparar para después ir y trabajar e indagar sobre esos temas. Imaginate que, en dos horas, lo que hacemos acá es plantear cinco o seis tips con bibliografía, con lugares donde después seguir leyendo, pero, sobre todo, plantear formas de pensar estos temas fuera de lo cotidiano: es lo propio de la filosofía.

Las clases pueden funcionar como despertadores.
Ponele, está bien. La metáfora del despertador es como que suena la chicharra y el despertador te despierta pero después el trabajo lo tenés que hacer vos. No se agota en una clase de dos horas, pero se abren los caminos posibles. El que hace el curso entero, además de quedarse con lo propio de cada charla, va entendiendo un poco cómo es la dinámica de la filosofía. O sea que oficia como un curso de principio de la filosofía porque, de algún modo, los trece temas que elegimos abarcan los grandes problemas existenciales.

¿Y cuál es la dinámica de la filosofía?
Cuestionarlo todo, ir siempre en busca de otros modos posibles de expresar las ideas que no son los instituidos, desocultar. En griego, de la palabra desocultamiento emerge el concepto de verdad. Los griegos definen a la verdad como desocultamiento porque, evidentemente, cada vez que se muestran las cosas a través de una faceta, hay muchas otras facetas que quedan opacadas u obturadas. Entonces, la tarea de la filosofía es, de algún modo, evidenciar todas esas otras perspectivas posibles que han quedado soterradas frente a la hegemónica, a la que se volvió prioritaria. Así es que le interesa más a la filosofía el ejercicio de la pregunta que la búsqueda de la respuesta, porque no está preguntando para alcanzar una certeza sino para poder encontrar esas otras posiciones posibles para pensar los temas de los que se trate. Entonces, el curso va a tener esa línea. Todas las clases tienen la misma dinámica: se plantea cuál es el modo en que, desde los valores instituidos, se entienden los conceptos a desarrollar -Dios, el bien, la verdad, la muerte-; cómo pensamos la muerte en el día a día, cómo pensamos a Dios en el día a día. Cuando digo en el día a día, digo lo primero que te sale, lo que se llama filosofía de la certeza inmediata, el sentido común. Y, frente a eso, proponemos pensar todos estos temas desde otros lugares, que muchos seguramente ya habrán hurgado, pero nosotros hacemos de eso un sistema, una producción.

¿Hay una única forma de entender la filosofía?
No, porque no hay una forma única de hacer filosofía. Así como acá la vamos a tratar de este modo, por ahí en otros cursos y en otras instituciones se la trabaja desde otro lugar. En general, hay dos líneas, dos grandes formas: hay mucha gente que sigue creyendo que la filosofía es el arte de contemplar la verdad, como decía Platón. Entonces, cuando estudian filosofía, van a buscar los fundamentos de todo. Y creen realmente que el lenguaje filosófico es como una especie de rayo láser o de radiografía de la realidad que permite encontrar el basamento de todo. Después estamos los que hacemos filosofía al revés, que pensamos que en el origen no hay nada, y que cuando la radiografía muestra un origen, en realidad es el proyector del que pone el origen; no es real, porque lo que traduce es el vértigo y el miedo que produce asumir que en el fondo todo es nada. Entonces, los que partimos de ese lado, más que estar buscando una verdad que sabemos que no hay, nos peleamos contra todos aquellos que hablan en nombre de la verdad. Por eso, la tarea es más deconstructiva que constructora. Lo que hace la filosofía es mostrar que la mayoría de los supuestos parte de concepciones filosóficas que podemos resquebrajar, que podemos hacer explotar.

Parece divertido. Como salir a romper vidrios, un poco.
Me encanta que vos digas “parece divertido”. A mí también me divierte mucho, me da la misma sensación. Nietzsche decía que sólo se puede filosofar a martillazos. Y los vidrios me parecen una excelente metáfora de ese orden y esta realidad que suponemos que existe y que, así como es firme, al mismo tiempo tiene que tener alguna belleza. Me parece que, así como a vos te copa y a mí me copa, hay muchísima otra gente a la que no le copa, y que vive la ruptura, o el resquebrajamiento de todo, de una manera angustiante. Nosotros también lo vivimos con angustia, pero la angustia no es para nosotros síntoma de una enfermedad radical que hay que extirpar, sino que hacemos de la angustia también un móvil de nuestra búsqueda. Pero para muchos no es así.

En general, la angustia es algo a lo que se le tiene mucho miedo.
Claro, pero vos decís “qué divertido que sería romper vidrios”. Yo te digo: “bueno, para muchos no”. Y entonces no se enganchan con la propuesta, no tienen por qué. Digo yo, desde mi humilde opinión: no hay derecho a juzgar a quien no quiera. Son modalidades del existir, y está bueno incluso indagar psicoanalíticamente qué ha convergido en que yo y vos nos copemos más con romper vidrios que con no hacerlo. Obviamente, los que estamos en esto creemos que hay una vocación emancipadora, que hay una sensibilidad puesta en juego ahí. Pero bueno, al final, siendo consecuentes con lo que estamos diciendo, todos nos vamos a morir. A aquel que tenga una existencia más auténtica o menos auténtica, le llega la hora.
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