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delirios (capitulo 8)

capitulo 8

Comencé a leer la nota...
Querida Guillermina:
Mi muerte se acerca, él me descubrió, sabe que te di el antídoto, no creo estar segura mucho tiempo más, pero si algo puedo decirte es que él esta más cerca de ti de lo que crees, estate atenta, no confíes ni en tu sombra, duerme con los ojos abiertos, cierra la habitación con seguro, no tomes o comas nada de lo que te ofrezcan en el edificio, cuídate, el señor Halton, al igual que el señor Welton, es un conocido mio, si es mi única oportunidad de hacer que este psicópata pague entonces lo haré, el señor Halton es un ex colega mío, el hará que entiendas mejor las cosas que yo no puedo, muerta ya entenderé que debas saber, pero no mientras viva, él te lo explicara, le mandé una carta ayer a el Leewton, el Salford, donde le expliqué que debía encontrarse contigo, le expliqué mi situación y como gran amigo mio accedió, te extrañaré Guillermina, eres la única amiga que tuve, al menos, espero me hayas considerado como una.
atentamente: Ester.
Se notaba su nerviosismo en la nota, tanto en las palabras atolondradas, la letra y los diferentes errores de ortografía que se hallaban dispersos por la nota.
Entonces el señor Halton vendría a verme...

Al día siguiente no podía dejar de ver para todas partes al caminar tratando de encontrar a un hombre de edad minimamente avanzada, con canas, o teñido, de ojos azules penetrantes, y al que le costara disimular su estado mental inestable. Pero nada.
Llegó una enfermera hasta mi corriendo con un teléfono en mano, me dijo que mi padre quería hablar conmigo, eso me extraño por el hecho de que estaba muerto, pero decidí atenderle, la curiosidad me pudo otra vez.
-¿señorita Rodriguez?-dijo una voz del otro lado de la linea, tenía la voz baja y áspera, me susurraba.
-si-dije mirando de reojo a la enfermera que me miraba como esperando que reconociera a la persona en el teléfono.
-soy el señor Halton, si no se encuentra sola será mejor que no me diga por mi nombre, por eso he debido decir que era su padre, Ester me advirtió que él la tiene vigilada.
-oh, papá, eres tu- dije tratando de sonar convincente, la enfermera pareció tragárselo, pero no se fue.
-veo que no está sola, veámonos mañana a las 3, ¿le parece en el café "good afternoon" de la calle Bollage?
-si, estoy de acuerdo con que cambies las cortinas papá.
-perfecto, hasta mañana señorita Rodriguez.
-hasta pronto papito.
Le pase el teléfono a la enfermera, ella se lo llevó, pero me miró desconfiada por detrás de su sonrisa, ahora entendía cuando Ester me decía que no confiara en nadie, él debía de tenerlos a todos los empleados a su merced, no podía permitir que me descubriera.

Ya eran las tres del lunes, me encontraba en el café "good afternoon" que había indicado el señor Halton, vi entrar a un viejito de expresión alegre y tranquila, con ojos cálidos, al café, enseguida se dirigió a mi mesa, era de baja estatura, creo que me viene a saludar.
-¿es usted la señorita Rodriguez?
Y ahí caí en la realidad.
-¿señor Halton?
-el mismo, disculpe lo de ayer, no quería que se enteraran de que era yo, él puede ser muy meticuloso con esas cosas.
-si, me lo han dicho ya.
-bueno vamos al grano. Ester me envió una carta diciendo que sus días eran contados, desgraciadamente acertó-su expresión se vió afectada- es una pena, era una gran compañera y amiga, pero siempre tuvo un problema con la cocaína, él la descubrió, y le dijo que debía ayudarlo, o le diría a todos, que ella era adicta, por eso es que ella no pudo ayudarte, no es su culpa, trate de sacarla varias veces, pero ella no quería salir, y si su madre se enteraba, iba a ser la deshonra de su familia, es por eso que yo también accedí a no decir nada de él, aún mantengo mi promesa, no puedo decirle quien es él, pero si puedo darle las respuestas a la mayor cantidad de sus preguntas, él no es un paciente del hospital, pero se encuentra en él, es un hombre muy hábil, a sabido reunir a personas que fueron a él para solucionar sus problemas a lo largo de su vida y él utilizo sus secretos para extorsionarlos y por ello están allí, no es algo de lo que estén orgullosos, se lo puedo asegurar, yo soy uno, yo engañe a mi esposa, y ella era un ángel, me arrepentí, pero es que ella estaba tan enferma, yo no supe que hacer, recurrí a la salida fácil, no es algo de lo que esté orgulloso tampoco, él se enteró, y me extorsionó, al principio todo estuvo así, yo vigilaba a Eva por él, y él no le decía nada a Martha, mi amada Martha, luego ella se entero, yo no resistí y se lo dije, la culpa me mataba, pero más tarde conocí a Ester, me encariñe con ella, como si fuera un hija mía, ella me hizo prometer que no contaría su secreto, cuando yo quise decirle a la policía que Eva no estaba loca, él me dijo que sabía de mi relación con Ester, y que si no quería hacerla sufrir tenía que declarar que Eva estaba loca, y así lo hice, como todo un cobarde, mande a una persona inocente a un psiquiátrico.
Su tristeza era palpable, decidí no hacer comentarios, ahora entendía un poco más a Ester, ella aún con sus problemas personales intentó ayudarme, aún ya estando muerta sigue haciéndolo de hecho, solo quedaba saber quién era él, pero es que si no era un paciente, debía de ser un enfermero, pero ¿cual de todos?
-debo tener una pista más, algo que lo caracterice, lo que sea.
-emm, pues hay algo, solía confundirle el nombre a Eva, la llamaba con otro, jamas entendí por qué, no recuerdo el nombre por el cual la llamaba, pero siempre fue una característica muy rara en él, yo jamas pregunté.
-gracias señor Halton, a sido de mucha ayuda.
-me alegra saberlo señorita Rodriguez.
-Guillermina, dígame Guillermina.
-Guillermina- me dedico una sonrisa.
Estaba a unos pasos de irme cuando escuche al señor Halton decir...
-Helena.
-¿cómo dice?
-Helena, así le decía el a Eva, no se por qué, tal vez tiene que ver con un trauma de la infancia, eso debe de ser su causa por la que está así de loco.
-gracias.
Fui al hospital, estaba a unas cuadras cuando note que alguien me seguía, no sabía quién era pero de algo estaba segura, o era "él", o un enviado suyo. El hombre, según suponía, me siguió por muchas calles, cada vez estaba más nerviosa, mire para atrás pero no vi a nadie, volteé la mirada de nuevo hacia adelante y había un hombre parado en frente mio.
Grité, el me miro amenazante y se acercó a mi.
-cuidado, sal de aquí, estate calladita, o una tal Martina recibirá una visita de "el jefe".
Estaba asustada, ¿cómo sabia "él" de Martina?
Llegue asustada al hospital, Martina estaba en peligro, no, "él", sea quien sea, no lograría acobardarme, no lo lograría, corrí a mi habitación a buscar el archivo de Eva, pero al llegar no estaba en la mesa de estudio, donde lo había dejado, estaba en su lugar una nota.
"piense en Martina"-citaba la nota.
-no me asustas- grite como loca al aire.
Al día siguiente me arrepentiría de mis palabras, al recibir la llamada de un extraño diciendo, te lo advertí, y en las noticias estaba la foto de Martina, muerta...
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