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dolor irracional

Digamos que el chico se llamaba ‘’Shiro’’.
Shiro era un chico común, supongo. Tenía sus trastornos, pero eso no es de nuestra incumbencia. Tenía una piel más blanca que la porcelana. Tenía un pelo negro, corto y despeinado. Tenía un cuerpo poco corpulento, pero no significa que no tenía fuerza. La tenía, pero era sólo la suficiente.
Tenía ojos que podríamos colorear burdeo, pero en realidad eran castaño. No tenía muchas aptitudes. Lo que más le entretenía era el arte. Arte colorido que cualquiera amaría ver, Arte melodioso que todos quisieran escuchar. También era bueno con las matemáticas y los cálculos, pero eso es más una coincidencia. Volviendo a lo del arte, este medio era el único medio de comunicación con los demás. No hablaba mucho. La mayoría de las veces sólo hablaba lo necesario, pero unas pocas veces simplemente callaba y no respondía. Shiro no sufría por nadie, no lloraba por nadie, no hablaba con nadie. Se conformaba por amar fraternalmente a sus familiares más cercanos. No le gustaba la compañía de las personas, pero siempre estaban sus excepciones. Una vez más, estas excepciones son parte de su familia. Sus amigos sólo lo querían por su mente, por sus cálculos y lógicas, por su potencial científico. En resumen: lo querían porque les podía ayudar con sus deberes escolares. Esto agobiaba a Shiro, pero no lo suficiente como para deprimirlo, simplemente lo dejaba melancólico. De pequeño, Shiro anhelaba encontrar a alguien que pudiera acompañarlo. Cualquiera pensará que es ilógico que alguien que odia la compañía sueñe con tener a alguien de su lado, pero es algo como ‘’o la mejor de las compañías, o la soledad eterna’’.
Claro, tenía su fe. Desde pequeño fue criado como cristiano. No le importaban las críticas, sólo quería tener fe sin que nadie lo supiera. Nadie tenía que saber que tenía una fe. Era su esperanza de encontrar a alguien. No quería que nadie más supiera eso.
A lo largo de su adolescencia esta esperanza fue apagándose poco a poco, hasta llegar al punto en que la depresión llegó a su vida. Era introvertido, así que nadie notó que ese corazón que anhelaba amar ya se estaba consumiendo.
La depresión no fue evidente hasta que ‘’alguien’’ apareció. Mejor dicho ‘’ella’’. No me atrevo a darle nombre, porque ningún nombre podría ser lo suficientemente adecuado. Pero si es tan necesario… llamémosle ‘’Natsu’’.
Al principio, Shiro vio a Natsu y no le tomó en cuenta, puesto que él siempre ha ignorado el amor carnal. Lo sentía, pero no le parecía un sentimiento válido, así que lo ignoró toda su vida.
A lo largo de ese año, él fue conociendo a Natsu más profundamente. Empezó a interesarse por ella. Sólo por curiosidad, empezó a buscar similitudes con la persona que buscaba. Acierto tras acierto, pudo darse cuenta que Natsu era quien él estaba buscando. Los primeros dos meses después de identificar lo que estaba sintiendo, se sentía muy feliz. Había encontrado a quien le haría el hombre más feliz… supuestamente. La forma de ser de Shiro hizo ocultar sus sentimientos a Natsu por un buen tiempo.
Él empezó a hacer todo lo que podía hacer por Natsu: la ayudó en sus deberes, la ayudó en sus necesidades, e incluso intentó sacarla de la depresión que ella estaba pasando.
…Sirvió…?
Después de esos dos meses, empezó a sentir que era en vano. Ella seguía teniendo mejores amigos que él. Ella tenía a muchos seguidores que la amaban por su cuerpo. ¿por qué Shiro, siendo el único que amaba a Natsu de verdad, era el que estaba más debajo de todos ellos?
Shiro intentó cambiar su ser, para ver si alguna personalidad nueva haría que Natsu lo amara. Una tras otra, las personalidades falsas fallaron, por muy convincentes que fueran.
Shiro intentó mostrar ser feliz, para ser un ejemplo para ella. Pero ella ya estaba fingiendo ser feliz, así que no sirvió de mucho.
Shiro incluso intentó darle a Natsu todo lo que tenía relación con sus gustos. Incluso le dio parte de su preciada música. Incluso le mostró su arte.
Nada servía.
¿Qué estaba haciendo mal? Shiro amaba a Natsu con todo su ser, con toda su alma. Sólo deseaba su felicidad. Sólo deseaba su salud. Sólo deseaba verla feliz. Ni siquiera tenía la intención de ser su Novio, sólo quería que ella fuera feliz. Se sentía impotente. No podía hacer nada para que ella lo amara. Amaba a Natsu tanto que era perfecta ante sus ojos, casi literalmente. Aún sus defectos eran virtudes para él. Algunos desperfectos incluso eran totalmente ignorados, porque no afectaban a Shiro. Shiro se cuestionaba si no la estaba amando lo suficiente, o si la forma en que la amaba no era la correcta. Shiro no solía juntarse mucho con Natsu, sólo porque sentía que ella podría sentirse incómoda con él.
El arte de Shiro fue cambiando De un arte colorido y grácil a un arte macabro y melancólico. De una música agradable y pacífica a una música alterante y depresiva. Incluso sus dibujos se volvieron macabros. Ahora el hombre de sus dibujos ya no era el Héroe que buscaba la paz, ahora era el inestable hombre débil que se transforma en una bestia cuando se vuelve loco. Aún sus sueños se volvieron pesadillas.
¿Acaso un amor frustrado era tanto como para sufrir de la manera en que Shiro sufría? ¿Acaso no era una exageración? No, no lo era. Esos trastornos… chocaban con su adolescencia y su depresión, y lo estaban enloqueciendo. Algunos psiquiatras pensaron que era un esquizofrénico. Claro que no lo era, pero escuchaba voces. Solía retorcerse de dolor en el suelo cuando le dolía mucho el corazón. Más que una angustia, era una enfermedad. Su cabeza ardía. Su corazón ardía. Su presión era tan alta que solía desmayarse en su cama. Lo peor de todo era que no podía llorar. Literalmente, no podía llorar. Apenas soltaba una lágrima del ojo izquierdo. Una vez, la lágrima era de sangre, pero no le importó mucho. ¿Porqué, teniéndolo todo, Shiro se sentía tan vacío?.
Amor unidireccional. Amor parásito. Amor sin sentido. No se podía despegar de ese amor, porque había llegado al punto de amar a muerte. Estaba dispuesto a morir por ella. Estaba dispuesto a ser torturado o quemado vivo por ella. Su fe… era lo último que le quedaba. Y era lo que le impedía el suicidio. Shiro estaba dispuesto a VIVIR tal y como estaba viviendo por ella.
¿Tiene fin este cuento? El final puede terminar de tres formas.
Puede que Shiro se vuelva alguien sin sentimientos, frío y poco comprensivo, mientras que Natsu vive una vida feliz junto a uno de los que la amaban por su cuerpo.
Puede que Shiro termine acabando con su vida, sin poder más, Y con una carta de suicidio se despida de Natsu, mientras ella se arrepiente eternamente por no haberle tomado en cuenta.
Puede que Shiro termine confesando su amor a Natsu en el momento más crítico de su depresión, sabiendo que el rechazo es seguro.
Qué crees tú que deberia haber hecho Shiro?
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