Check the new version here

Popular channels

El cuerpo del delito (Cuento propio)

Bienvenidos a mi primer post.



Antes de leer: Uno de mis pasatiempos es escribir y lo hago por el simple gusto de que lo que hago sea leído por alguien. Si hay algo en el relato que vas a leer a continuación te gusta, o hay algo que te desagrada, comentá para ir mejorando. Espero que lo disfruten.



Ojos borrachos de sangre se reflejaban sobre el filo de la espada mientras manos ansiosas la sostenían con pulso firme. Tenía que ser una hoja de acero, porque la pólvora suele arruinarle el sabor a las cosas, con un arma de fuego se perdía la textura de la carne siendo ensartada y la tibieza de la sangre bautizando el placer del acto.
Estaba casi todo listo, todas y cada una de las piezas de ese dominó invisible que algunos llamarían juego perfecto. Otros en cambio lo llamarían asesinato a sangre fría; de todos modos lo que para las mentes puritanas que se consideran más normales es caos, para las mentes libres de los dogmas de la sociedad, del temor a dios, del temor a la muerte, era simplemente hacer justicia.
Era muy curioso que el lugar elegido fuese aquel mirador donde se habían dado el primer beso con Leonora, donde de una forma muy pequeña y tan grande a la vez había conocido como el húmedo sabor de unos labios pueden alcanzar el calor suficiente para quitar la escarcha de un corazón que hasta ese momento no había hecho más que conocer el frío del mundo. Corazón que ahora estaba ardiendo, y que cuyo fuego escapaba de la boca, los ojos, las orejas, por cada poro de su cuerpo. Este, solo podía ser apagado con la sangre del demonio al ser ejecutado bajo un cielo sin luna.
Las manos ahora temblando tomaron el Smartphone y comenzaron a escribir en el chat de una infame red social. En la mente que las movía pasaban mientras tanto, imágenes de cómo todo había empezado. Aquel primer “Hola”, cuando ella había dicho “Me gustas” y después se había sentido avergonzada. La cabeza era atormentada por la idea de un tiempo cíclico, poco a poco se daba cuenta que la historia habría de terminar a través de los mismos medios y en los mismos sitios donde habría comenzado. El Uróboros era la mascota en esta obra.
¿Qué importaba todo esto ya? Leonora estaba muerta y esa mente macabra lo sabía, sabía que habían pasado 153 días, 23 horas 01 minutos y 56 segundos desde la última palabra que habían compartido, que ahora lo que había sido la mujer más hermosa en su universo era nada más que un manojo de queratina reseca a 1,8m de profundidad. Un demonio la había asesinado y aquellos supuestos arcángeles encargados de ejercer la justicia, de devolver esas bestias de vuelta al infierno y mantenerlas ahí, no habían hecho nada.
El fuego que emanaba del pecho hacia todo el cuerpo con cada latido ahora inundaba la habitación, a pesar de ser fuego, fluía como agua, llenando cada rincón, metiéndose entre las vetas de la madera de los muebles, y rellenando las juntas de los cerámicos del piso, subiendo lentamente hasta llegar al cuello.
Las orejas escucharon sonar el dispositivo que anteriormente las manos habían dejado sobre el escritorio de roble, todo estaba listo e iba según lo planeado. La ejecución estaba ahora pactada a ocurrir en 06 horas 01 minutos y 06 segundos. Las piernas avanzarían de entre las sombras cuando este se encontrase junto al río entre las dos palmeras, los brazos bolearían la espada buscando cortar desde la corona de la cabeza hasta donde la fuerza llegue y así terminar el cuento. Nada podía salir mal, una vez el cuerpo tocara el suelo la sangre sería absorbida por el sustrato oscuro, arenoso y húmedo, por lo tanto no se notaría; y el cadáver flotaría una vez arrojado por el río hasta perderse de vista. Antes de tocar tierra nuevamente, los peces carnívoros como las palometas lo habrían mordisqueado hasta dejarlo irreconocible o posiblemente llegaría al mar y no se sabría más nada de él.
El demonio era uno de los soldados de Asmodeo, lo cual lo hacía una presa fácil. El hacerse pasar por una fémina que mandaba sus mensajes a través de la fibra óptica fue lo que necesitaron los dedos y la cabeza para sellar su destino. Como todos saben, si a una criatura de las sombras se la tienta lo suficiente, esta no le tendrá miedo a nada y saldrá a buscar esa suculenta carnada. Ni siquiera el frío extremo que haría a los humanos pensar dos veces antes de salir una noche de invierno los detendría. Esa era la oportunidad, la justicia se vestiría con un baño de friosombra.
Los ojos vieron como la bestia se bajaba de un auto bastante lujoso, en el lugar perfecto, en el momento aun más perfecto. Nadie a la izquierda, nadie a la derecha ni al frente, solo el cazador con su presa, el acero que se cubría con la escarcha del aliento jadeante de la boca, las manos impacientes mientras las piernas caminaban sin que las orejas pudiesen escuchar ruido alguno. Todo esto sucedía en el tiempo que todos podemos ver, pero los miembros participes de la escena lo percibían como extremadamente lento.
Los brazos se movieron de forma circular, manchando la cara, el pecho y las manos de sangre en una cantidad que la vista no había contemplado jamás, una imagen que solo la podría encontrar una persona digna de ser reverenciada por Tánatos. La espada se clavó en el suelo en señal de victoria. Todo había acabado, la serpiente parecía escupir su cola y volver a reptar tranquila.
La victoria poco duraría, tres frases, un “¡Por que lo hiciste!” desesperado, seguido de un “Yo lo amaba” susurrante y acompañado de un “¡Monstruo!” estridente, rompieron los tímpanos dentro del oído como si fueran agujas recientemente fundidas. Esas mismas palabras hicieron que la nuca se volteara en un ángulo tan poco común en las personas que la más mínima fuerza extra cortaría los tendones. Los ojos no podían creer lo que veían mientras Leonora abrazaba el cuerpo destrozado.
Tomé el control y arrojé la espada al suelo, y me quedé de pie paralizado. Solamente allí, mirando como lloraba.



Muchas gracias por su tiempo y espero que les haya gustado.

0
0
0
0
0No comments yet