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El divorcio de mis viejos [Cuento propio]









El divorcio de mis viejos


Cuando cumplí los dieciséis años mis viejos se divorciaron. Justo en la edad de la pendejada. Cuando solo querés ir a bailar para conocer chicas, salir con amigos a perder la conciencia en algún bar, o simplemente quedarte frente a la computadora horas y horas. ¿Cómo le explicaba a mis amigos que esa noche no salia porque tenia que cuidar a mi vieja? sí se suponía que ella me tenia que cuidar a mi.

Mi mundo se dio vuelta de la noche a la mañana. De repente mis viejos ya no iban a vivir juntos hasta ser viejos como crecí pensando. Nuestra familia de tres ahora iba a ser de ¿dos? ¿quienes eran los dos? ¿Yo y mi mamá? ¿yo y mi papá? Hasta me preguntaba sí realmente quedaba algún rastro de familia. De repente estaba obligado a pasar días enteros con mi viejo. Nunca compartí nada con él, casi no nos conocíamos, pero tenía que ir a su casa ¡dos días a la semana mínimo! Era un bajón eterno. Mis amigos se iniciaban en su vida sexual y yo en la tortura.

Las conversaciones con mi mamá giraban entorno a las forreadas que le hacia mi papá, las de mi viejo sobre lo mala que era mi mamá y cómo se hacia la santa frente a todos para dejarlo como "el malo de la película". Mi vieja se hacia mucho drama. La llamada al abogado era interminable, siempre se sucedía con la llamada a mi abuela y después a mi madrina. Ella la banco a mi mamá durante todo el divorcio, espero algún día tener un amigo así. Sí hubiera sido yo le colgaba el teléfono al tercer llamado.

Una vuelta en el pool conocí a una chica ¡por fin una buena!. Se llamaba Sofía, era una mina muy compañera, me bancaba todos los quilombos, no me podía quejar. Fue mi primera experiencia sexual y amorosa, nunca había estado tan enamorado. Atravesar por esta situación con ella al lado lo hizo todo más fácil. Descargue muchos baldazos de lagrimas en su hombro, hasta me acompañaba a lo de mi viejo ¡cómo nos embolabamos!

Durante mucho tiempo fui un simple observador de la situación. Yo los escuchaba, los comprendía y los acompañaba a los dos en todo. Pero mi corazón siempre estuvo con mamá. El vinculo con mi viejo, era muy distante y formal. Aun así guarde miles de dudas dentro mio, el tiempo sólo las hacia crecer. Un día, maldito ese día, Sofía me convenció para que hable con mi mamá. Practique mis preguntas durante una semana hasta que me plante frente a ella, la mire un rato mientras hacia sus cosas. Siempre murmuraba sus pensamientos en vos alta, de vez en cuando largaba una frase al aire del tipo “y claro” o “¡que terrible!”, en ese momento mando un “siempre igual” y me tente. Me empece a reír a carcajada limpia, seguro fueron los nervios, no podía parar. En el momento que me calme, mirándome con una sonrisa, me pregunto de que me reía. Ahí largue el rollo, directo, sin anestesia, le pregunté: "¿por qué decidiste divorciarte?".

¡Maldito el día! Sí no lo pregunté durante tanto tiempo debe haber sido porque en el fondo sabia la respuesta. La odié a Sofía por convencerme y a mi por hacerle caso. Odié a mis viejos, por nunca haberme dicho nada. Odié a ese tipo que sólo conocía por nombre... Omar. Mi mamá se había enamorado de Omar, lo había idealizado, ni siquiera llegó a conocerlo bien. Nunca llegó a decírselo, pero por él destruyo todo lo que teníamos. Mi familia ya no existía gracias a Omar. Me tuve que mudar de casa gracias a Omar. Criminalicé a mi viejo y victimicé a mi vieja, gracias a Omar.

Sí saber la verdad me hizo libre, entonces prefería volver a estar preso. Tanto tiempo juzgando a mi papá, pobre tipo ¡la que se tuvo que comer!. Más pensaba peor era, ese día me fui de casa. Salí con lo puesto, literalmente hablando. Me lleve la llave porque la necesité para salir, en un bolsillo del pantalón tenía cincuenta pesos y unas monedas, en el otro el celular. Caminé sin mirar por donde iba durante tres horas, se hacia tarde y el frío se empezaba a sentir. En una esquina vi un Hotel familiar, pase la noche ahí pero no pude dormir. Mi cabeza no paraba, tenia que hacer el sacrificio e irme a lo de mi viejo, no podía volver a ver a los ojos a mi mamá.

Para cuando deje el Hotel ya estaba más calmado, junte fuerzas y fui a casa a buscar mis cosas. Mi mamá estaba esperándome, sus ojos estaban hinchados y cansados, nunca antes la había visto así. Me pidió perdón, me convenció de que Omar no era la única razón, "las cosas ya no funcionaban con tu papá, ya me vas a entender cuando crezcas, tu vida recién esta comenzando” dijo, pero para mi estaba terminando.


Cuento propio
Ceci Gonzi








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