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El mito de las "Lavanderas" de Emiro Garzón Correa


Las lavanderas son las esculturas que le dieron reconocimiento a Emiro Garzón Correa dentro y fuera de Colombia. Mucho se ha especulado como surgió esta temática, incluso en la ciudad de Neiva está instalado un monumento en homenaje a la mujer que trabaja como lavandera de la que su autor ha realizado cerca de 400 estilos diferentes de “lavaderos de ropa”, de los que se ha encontrado a lo largo del territorio nacional como elemento de inspiración.

Quien es Emiro Garzón Correa?
Las lavanderas son el icono del escultor, por eso hemos querido hablar con el artista e indagarlo sobre la temática que le ha hecho famoso. Le hemos solicitado una entrevista al maestro y con la cordialidad de buen anfitrión que lo caracteriza atendió al equipo de Mirarte Galería en su nuevo taller en La Jagua, una pintoresca y tranquila población a 7 kilómetros del municipio de Garzón en el corazón del Huila, al sur de Colombia.
Emiro Garzón es un artista que no necesita presentación, su trayectoria de 50 años y más de cinco mil escultura y cerca de 200 monumentos son suficiente, por eso vamos sin rodeos con la pregunta, como nacen las lavanderas maestro Emiro?

“Corría el año de 1991, para esa época yo estaba malviviendo en Bogotá desde hacía seis meses, residía en Usaquén y allí en la misma vivienda tenía mi taller en unas condiciones bastantes austeras, había una alberca donde lavan ropa, y era en ese lugar donde me bañaba con el agua de una manguera. Después de un tiempo me fue a Neiva a visitar a mi exmujer Argenis Varón, la madre de mi hijo Vladimiro, que vivía en el barrio Las Acacias, en esa casa yo le había hecho un lavadero grande de cemento y la encontré lavando ropa. En ese tiempo Argenis era joven, muy linda y estaba en lavandero con una falda corta -haciéndole el amor al lavadero- o sea enjabonando, y pensé “yo no había vista algo tan hermoso, una mujer haciendo el amor a la alberca”, la mire y no dije nada, me fui de regreso a Bogotá pensando en aquella escena tan sensual y me propuse a trabajar en ese tema desde la óptica erótica”.

“A partir de esa fecha empecé a hacer las lavanderas desnudas, eróticas con mucha fuerza expresiva donde la figura femenina exageraba las formas no solo para representar la sensualidad sino también como homenaje merecido a la mujer”.
“Una vez realizada la escultura de la lavandera participó para ser incluida en el libro Forma y color de Eduardo Bastidas y un selecto grupo de críticos de arte, una edición importante en Colombia donde promocionaban solo artistas de renombre, inicialmente La Lavandera fue descalificada porque no era considerada arte. Algunos días después el pintor peruano Armando Villegas –QEPD-, y que hacia parte de la junta directiva de editorial de Forma y color (yo no sabía que él era directivo de la editorial), me dijo que le incluyera más elementos a la lavandera, pero yo le dije que no, que la escultura la habían descalificado y no saldría en el libro”.
“A raíz de la conversación con el maestro Armando Villegas, unos días después me llamaron de Forma y color para incluir la pieza en el libro, una vez el libro salió al mercado nacional e internacional, la obra causó impacto entre críticos y coleccionistas que la querían entre sus obras de arte”.
La historia de la serie de esculturas de Lavanderas es curiosa e irónica dice el maestro Emiro Garzón: “Inicialmente no la querían incluir en la publicación, pero paradójicamente fue la obra que patrocinó con mayor fuerza el libro y la pieza más solicitada entre las que publicaron en esa edición”.
El libro de forma y color hizo famosa la serie de las lavanderas, piezas ejecutadas en bronce a la cera perdida que materializa la figura desnuda de la mujer, representando el erotismo, pero también, el noble trabajo y esfuerzo de la mujer humilde frente a la familia y la sociedad.

A mediados de los años noventa ya Emiro Garzón era reconocido en el territorio nacional y había conquistado el mercado en Estados Unidos y algunos países europeos. Regresa a Neiva y el instituto de cultura municipal le solicita otro monumento, en esta ocasión con el tema de la Lavandera, la cual se realiza de tres metro de altura y se instala en Avenida 26 con carrera 7ª., donde aún luce su esbelta y sensual figura.
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