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El vendedor molesto.

Cosas que pasan en Argentina, aunque también en otros países, pero como yo soy nada mas y nada menos que un argentino feliz les voy a mostrar una de las tantas charlas espontaneas que pueden pueden sucederle a cualquier ciudadano feliz en este país de buena gente, un país donde lo vale todo, un país.... impredecible.


Un vendedor ambulante se sube a un colectivo con un canasto con pan casero y se acerca al único pasajero sentado junto a una de las ventanillas, un hombre de tez blanca y muy bien vestido.

Pipín: - Buenos días, don.
Ruperto: - Buen día.
Pipín: - ¿Me disculpa un momentito? Le ofrezco pan casero a cinco pe` cada uno.
Ruperto: - No, gracias.
Pipín: - ¿Por qué no?
Ruperto: - (Abriendo las manos.) Porque no tengo dinero.
Pipín: - ¡Uh, qué garrón`!
(El vendedor se sienta al lado del pasajero y deja el canasto en el piso.)
Ruperto: - (Inclinándose hacia la ventana y tapándose la nariz.) Señor ¿usted se baña?
Pipín: - Eh… ¿viste el partido de Colón anoche? Un re partidazo mal.
Ruperto: - Sí, hace tiempo que no se disfrutaba de un partido futbolísticamente bueno.
Pipín: - El Bichi les rompió el arco.
Ruperto: - Sí, es un jugador eficiente.
Pipín: - Sí, Gigloti e` re chido.
Ruperto: - ¿Eh?
Pipín: - E` re chido.
Ruperto: - ¿Qué es eso?
Pipín: . . .
Ruperto: - Bueno, no importa.
Pipín: - ¿Me decí` la hora?
Ruperto: - (Mira el reloj de plata en su puño. El colectivo comienza a frenar bruscamente haciendo un gran ruido.) Son las siete y media.
Pipín: - ¡¿Las qué?!
Ruperto: - ¡Las siete y media!
Pipín: - Ah, listo. Gracia`.
Ruperto: - De nada.
Pipín: - ¿Y? ¿Me va a comprá` o no me va a comprá` un pan casero?
Ruperto: - Disculpe pero…
Pipín: - Son cinco pe` no má`.
Ruperto: - Le he dicho que…
Pipín: - Dale, loco. Tengo una familia que mantener y dos perros que alimentar.
Ruperto: - No tengo plata. ¿Me dejaría tranquilo?
Pipín: - ¡Mentira! Si yo sé que vo` tené` plata.
Ruperto: - Lo que sucede es que su pan casero está muy caro.
Pipín:- ¡¿Cómo que muy caro?! No están caros, vieja.
Ruperto: - ¡Ayer me los vendieron a solo tres pesos! Usted es un estafador.
Pipín: - ¡¿Yo, un estafador?! Vos sos un ratón. No largás ni un mango.
Ruperto: - Así no creo que alguien quiera comprar su pan casero.
Pipín: Bueno. Vamos a hacer esto. Te doy dos pan caseros por cinco pe, ¿sí?
Ruperto: - Bien. Si le compro un pan casero, ¡¿me va a dejar tranquilo?!
Pipín: - ¡De una, viejita!
(El pasajero saca su billetera con muchos billetes de distinto valor y le da cinco pesos. El insistente vendedor le entrega, envuelto en una servilleta de papel, el pan casero.)
Ruperto: - (Levanta la mano derecha agitándola.) ¡¿Nos estamos yendo?!
Pipín: - (Dirigiéndose a la parte de atrás del colectivo murmurando para sí mismo.) Es verdad lo que dicen. Los platudos son los más difíciles pa` vender.

(El pasajero escucha el murmullo y bruscamente da vuelta la cabeza con una mirada de desprecio.)
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