Arte

Elegía a mi gran amigo compromiso (Pequeño relato)

Caminando por la calle, en cualquier acera fría y ancha de las de ahora, inmerso en sí mismo, como siempre, ausente pero atento, comenzó a oir gritos de desesperación y rabia.
Despues de escuchar esos gritos de resentimiento sintió un impulso que le obligó, mediante imperativo categórico, a acercarse.
Cuando llegó al lugar donde aquella muchedumbre reposaba agitada sobre las históricas lomas de cemento que habían sido maltratadas por el paso del Tiempo sintió un escalofrío, un recuerdo le vino a la memoria:
Un amigo suyo, en cierto momento de su vida le hablo sobre dos conceptos que él personalmente veía diferentes, por cierto, se llamaba Juan.
En resumen, lo que Juan le había contado al chaval era que la revolución era un acto de masa, una masa a veces confusa, a veces cobarde, a veces desesperada y cabreada -lo cual casi nunca es positivo- y otra serie de factores que alteran la conciencia.
Por otro lado la rebelión era un acto de duda individual, de rechazo a toda base de conocimiento que no emanase de nuestro propio razonamiento. Siempre hablamos de lo agarrado que es el tiempo en cuestiones de permiso, pero ¿Quién dijo que hay que pedirlo? ¿Quién sabe si terminare de escribir esta pregunta?

Despues de éste extraño flashback, el chico volvió en sí y observando a su alrrededor vio carteles contra los bancos, contra los gobiernos, la Troika, los rojos, los azules, los rosas, los negros, eso sí, los negros... ¿Los negros? Sí, los Negros.
No podía seguir viendo aquel tétrico espectáculo, por lo que llamó la atención de los manifestantes y, curiosamente, lo consiguió, un chaval que apenas mide 1'75 cm ha conseguido callar a unas 3000 personas solo por subirse a un sitio alto.
-Hola, es normal que no se me conozca, nisiquiera entiendo de política, pero agradezco el silencio de respeto que, fuera cual fuere su naturaleza, me me habeis otorgado.
Y, sin más preámbulos, os transmitiré mi idea, porque antes de este mundo había otro en el que la gente venía a hablar con multitudes para buscar soluciones en vez de pedirlas, y eran de este tipo: abiertos, espaciosos y con sitio para sentarse. Lo que verdaderamente me inquieta es cómo hay tanta gente en ésta huelga. ¿Cómo os podeis creer que el mundo se soluciona con gritos? No lo entiendo, nuestra arma, desde los inicios de nuestra existencia- y no exagero- ha sido siempre la inteligencia: la capacidad de aprender, la de recordar, la voluntad de pensar en las necesidades de toda una humanidad es una actitud que se ha corrompido, se ha manchado de sangre y billetes, esta repleta de joyas y trajes que se elaboran con lágrimas y sudor, de coches que tienen su propio cementerio.
Yo creo que darse cuenta de esta serie de acontecimientos tan desastrosos para la humanidad en sus conjunto, porque no se puede hablar de la humanidad si no es conjunto ¿Verdad Neil Armstrong?
( el público soltó una carcajada leve, pero seguían concentrado en aquel muchacho)
Lo que quiero plantear es que nos vayamos, que nos pongamos en nuestra casa a pensar qué hacer, reuinios con vuestros amigos, pero en vuestras casas, no les deis a estos hijos de puta el placer de apalearos, conoced los problemas, planteadlos y después buscad alternativa, si para esa alternativa hace falta la participació o la autorizació de algun tercero, se le evaluará, se determinará como se mueve, como actúa: "de que pié cojea el pájaro"; para que nos entendamos; y sobre todo no caigais en la ilegalidad.
¡ Hagamos que la gente vea que ellos son los que estan en la ilegalidad humana!
¡ Viva al Planeta Tierra !
¡ Viva !
¡Viva a todos sus seres !
¡ Vi....
Una bala silbó hacia la cabeza de aquel honrrado muchacho dejándolo en el suelo manchado de sangre, a lo que le siguió una larga y dura ráfaga de fuego cruzado desde diferentes ángulos.
Habían muerto todos.
Ahora bien, de verdad que a mí ne gustaría no tener que acabar ésto así, pero me vas a tener que perdonar, ese niño murió hace tiempo, se llamaba Compromiso

Esto es un pequeño relato que escribí hace tiempo donde el niño es símbolo del compromiso y el asesino sin identidad es la cobardía.

Había una frase muy curiosa de Groucho Marx que cave destacar aquí: "Caballero, yo tengo unos principios, pero si no le gustan tengo otros."