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Hasta que la muerte nos separe - Cuento propio

Hasta que la muerte nos separe


Un camino de rosas desde la puerta principal de su apartamento marcaba el rumbo hacia un sillón de cuero donde yo la esperaba, cada pétalo reflejaba el amor qué tenía por aquella mujer que robó mi corazón con su mirada, con su sonrisa, la esperaba todos los miércoles, pero esta vez era especial, su cumpleaños se acercaba por la medianoche, me había dicho qué no la esperara ese miércoles porque celebraría con sus amigas, pero quería sorprenderla, las 11:37 marcaba el reloj de pared, mi guitarra y yo esperábamos con una canción, una canción de amor.

Se hacía más tarde, la medianoche terminaba, y ella no llegaba, la luz de la luna entraba por la ventana y me hacía compañía, a lo lejos escuché susurros y el sonido qué hacía sus zapatos al subir las escaleras del segundo piso donde ella vivía y donde yo esperaba pacientemente, escuché sus llaves cuando las sacaba de su bolso, en ese momento comencé a tocar la canción, la última canción de amor.

Cuándo casi llegaba el momento de cantar escuché un sonido extraño, no le di mucha importancia, seguí tocando. El sonido extraño venía también de risas, al fin se abrió la puerta, el momento había llegado, mi corazón se aceleraba, pero para mi sorpresa no estaba sola, una voz masculina susurraba pero aquél sonido extraño venía del roce de los labios de ella y de un hombre desconocido, cuando al fin se abrió la puerta, vi la silueta de ella y de el, entraron abrazados besándose frente a mí, ni siquiera notaban mi presencia, se besaban como si no hubiese un mañana, sus manos no paraban de acariciarlo de la misma manera qué lo hacía conmigo, mi alma moría con cada beso que le daba, una lágrima bajo lentamente a mi mejilla, mi corazón se desangraba, dolor e impotencia, amor y odio yo sentía, ella nunca notó las rosas y los pétalos qué yo había adornado con dulzura y cariño.

Me levanté con furia del sillón fue cuando noto qué estaba ahí, cuando noto qué existía, ellos dos pararon su escena de amor y traición, me miraron fijamente, ella quedó muda, el sonreía con maldad, yo salí de ese sitio con la guitarra conteniendo las lágrimas, escuché cuando ella gritó mi nombre y cuando me siguió hasta la puerta, pero yo huí, salí a la calle en la madrugada, caminaba con pasos débiles, me perdí en la fría oscuridad.

Ahora estaba lejos de su hogar, me acerque a un bar donde habían pocas personas, pedí dos botellas de whisky y me fui a la esquina del bar, destape la primera botella y me tomé un trago, intentaba quitar el dolor de mi ser o al menos emborracharlo, pero parecía que cada trago me hacía vivir de nuevo esa escena de traición de la mujer qué más amaba, todo se repetía, mientras mas miserable me hacía sentir más la amaba, me dio tanta rabia qué destroce mi guitarra de un solo golpe, quedando solo pedazos de madera y cuerdas sueltas, me había tomado tantos tragos que no me había dado de cuenta qué se había acabado las botellas de whisky, estaba completamente borracho, perdido, solo y muerto en vida.

Cuándo salí del bar estaba amaneciendo, no lograba distinguir nada, todo estaba borroso, camine hasta la esquina de esa calle para ver si lograba recordar donde estaba, me tambaleaba, caminaba en zigzag, cuándo logre llegar no pude ver nada, no distinguía nada, todo era borroso pero al parecer me había pasado de la esquina y me encontraba en la mitad de la carretera, un coche venía muy rápido hacia mi, no pudo frenar al tiempo y yo no podía reaccionar por culpa del alcohol, todo se detuvo por unos segundos, solo pensé en cuánto amaba a aquella mujer, el coche impacto en mi cadera haciéndome volar por los aires dando una voltereta y cayendo de cabeza en el pavimento de forma violenta, la sangre salía de todas partes, mi pierna derecha estaba doblada hacia adelante qué hasta los dedos del pie tocaban el muslo, las manos destrozadas por el impacto estaban fracturadas, mi cráneo también en muchos pedazos, heridas por todas partes, la sangre manchaba la calle, mientras mis ojos se cerraban lentamente, mientras mi vida se apagaba poco a poco.





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