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Henry Miller, leer en el retrete

“La diferencia entre la gente que se encierra en el retrete para leer, rezar o meditar, y la que sólo acude al mismo para cumplir con sus funciones, es que los primeros siempre se encuentran con algún asunto pendiente y los segundos siempre están listos para la jugada siguiente”.



Henry Miller, el escritor estadounidense, el narrador de las prostitutas, de los locos y de todo ese delirante modo de vivir americano que plasmó en cada una de sus obras, desde Trópico de Cáncer hasta El libro de mis amigos, su pasión desmedida, cualidad que durante muchos años la sociedad estadounidense puritana redujo al término de pornógrafo. Pero fue gracias a su prosa que el neoyorkino se convirtió en uno de los máximos defensores de la libertad tanto individual como literaria. Su búsqueda de la “salvación” a través de experiencias intensas influyó enormemente en las ideas de la llamada: Beat Generation.
Miller es uno de los más claros ejemplos de literatura hecha de desesperación, de amor a todo sin cortapisas, de fe en el lenguaje como lugar de conocimiento y refugio. Fue él quien descubrió que hombre escribe para expulsar el veneno que ha acumulado debido a su estilo de vida falso.



Es a través de las letras que Miller intenta recapturar su inocencia, pero todo lo que logra hacer (escribiendo) es inocular el mundo con un virus de su desilusión. Ningún hombre pondría una sola palabra en un papel si tuviera el coraje de vivir aquello en lo que creía. Pero a pesar de esto el trabajo del escritor es de tinte autobiográfico, lleno de obscenidad y, aunque parezca extraño, espiritualismo. En ellos exponía todos los prejuicios raciales de una Norteamérica preocupada por hacer la guerra y no el amor.
Además de las letras cargadas de sexo y desilusión, en 1950, Miller publicó Los libros en mi vida, un conjunto de ensayos sobre sus influencias literarias, su modo de leer como escritor consagrado y otras cuestiones relacionadas a las letras. En este conjunto de textos dedicó un ensayo a una práctica común que crea, en quien la desarrolla, acciones a veces por demás extrañas: Leer en el retrete es un texto en el que Miller repasa ese hábito extraño, compulsivo y ya ni siquiera inconfesable, que todo lector febril ha practicado. Este ensayo se catalogó como vitriólico, divertido y punzante con el que aprovecha para arremeter contra toda noción de la lectura que renuncie a la sagrada experiencia de la intensidad total.



“Hay un tema relacionado con la lectura de libros que creo que vale la pena desarrollar porque implica un hábito que es muy generalizado y sobre el cual, que yo sepa, muy poco se ha escrito: me refiero a la lectura en el retrete. Siendo joven, en busca de un lugar seguro donde devorar los clásicos prohibidos, a veces acudía a refugiarme en el cuarto de retrete. Desde esa época juvenil ya nunca volví a leer en el retrete. Cuando busco paz y quietud tomo el libro y me marcho al bosque. No conozco mejor lugar para leer un buen libro que las profundidades de la floresta. Con preferencia junto a un arroyo”.
Leer en el retrete un libro desconocido hasta el momento, y cuya recuperación se debe a la editorial Navona, presenta un monólogo lleno de afirmaciones ácidas y reflexiones sobre el hábito de la lectura, no sólo en ese cuarto, sino que da una visión completa de lo que el estadounidense cree que es el acto de leer.



Además de sus observaciones sobre por qué la gente decide leer en el retrete, Miller ofrece algunas pistas sobre por qué leemos y esta son las cinco mejores:
¿Para qué leemos?
1. Para alejarnos de nosotros mismos.
2. Para armarnos de peligros reales e imaginarios.
3. Para mantenernos al nivel de nuestros vecinos o impresionarlos.
4. Para saber qué está pasando en el mundo.
5. Para pasarlo bien u obtener un estímulo que nos permitirá una actividad mayor y más elevada y una existencia más rica.
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