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La ciudad de las brumas

Yo he nacido donde, para ver las nubes, debo mirar bajo el horizonte; tú, donde para adorarlas, arriba.


-Nouvlia, ¿te gustaría mostrar esto al resto de la clase?

Y ahí estaba yo, Nouvlia Valara, me sentí inquieta al escuchar mi nombre, si bien no era la primera vez, algo me dijo que en esta ocasión, debía sentirme preocupada.

-¿Si, maestra? no entiendo lo que usted dice -dije mostrando la sonrisa más inocente que tenia.

-¡Ven aquí en este instante! dijo Madame Sancatta, a la vez que me lanzaba una mirada, sin cuidado de guardar el veneno.

Me pare sin atinar a decir algo más que un murmullo, y caminé. Sentía el cuchicheo del resto de la clase, de esos incrédulos que se creían todo lo que les decían los maestros y sus padres. Al llegar, me plante a su derecha, sin dirigirle la mirada.

-Ahora, sí. ¡Niños!, vean lo que la señorita Valara quiere compartir, ¿alguien sabe lo que es?

-¡Una foto! -respondió uno de la izquierda, al tiempo que otros asentían.

-¡Exacto! Es una fotografía. Ahora, querida Nouvi (no se molestó siquiera en ocultar el desprecio), ¿te gustaría decirme porque estas parada en frente de toda la clase?

-Es solo una foto -dije, como un susurro-. -¿Y que ves en ella? –preguntó-.

-Pues una bicicleta (me gane una mirada penetrante), una mujer en un bicicleta (algo me decía que parase con el juego) -¡Un hermoso puente de piedra! -dije retándola-. Con una mujer… Su respuesta no se hizo esperar. Mientras me recuperaba de la bofetada que me acababan de dar, la Horrible Sanca me miró fijamente y sin palabras me dio a entender lo que tenía que decir.

-Y... -no debía llorar. -¿Y? ¿Un mar de agua? –me interrumpió-. ¿Eh? ¿Y donde están las nubes? ¿Sí?

Unas cuantas risas aisladas. -Es un mar hecho de agua. Y... eso de arriba... son las nubes.

La clase entera estalló en carcajadas, mientras la Horrible Sanca se relajaba y miraba hacia los demás con una cara de satisfacción. -Ten tu foto. Y no vuelvas a tratar de engañar a todos tus amigos con tus mentiras absurdas.

Tome la fotografía que mi abuelo me había dado; y mientras pasaba a mi asiento vi todas las caras de esos idiotas que seguían riendo, mientras me señalaban y murmuraban "¿las nubes están arriba cierto? los pies están arriba, ¿no?”. No fue hasta que me senté y hundí la cabeza entre mis brazos, que note que estaba llorando.

Mi abuelito, no me hubiese mentido. Esa foto era real. Tan real como el mar de brumas que rodeaban la ciudad, tan real como el sol, tan real como tú o como yo.

...


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