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La decadencia humana en 10 pinturas

Se ha hablado muchos sobre la destrucción de la humanidad. Se imaginó un acto apocalíptico y místico que destruiría a cada pecador sobre la tierra o una superarma construida por el mismo hombre que arrasaría con toda la vida. Cualquiera que sea el caso, una ideología religiosa o un evento histórico es resultado del egoísmo, la avaricia y la sed de poder que existe en la esencia del humano. Aceptémoslo o no, el último día llegará y nosotros seremos los únicos responsables.

Si podemos soñar con el juicio final es porque somos capaces de recrearlo. El hecho de otorgarle la decisión a un ser casto, puro y perfecto es para evadir nuestro compromiso como ser vivo en la Tierra. El más grande error es olvidarnos que somos parte de la naturaleza y por lo tanto, debemos cuidar y velar por nuestro entorno. A pesar de esta responsabilidad con la existencia y el equilibrio, la raza humana daña constantemente al mundo que la sostiene y, peor aún, a ellos mismos.



“El carro del heno” (1500), Hieronymus Bosch


Desde el inicio han existido las guerras o las vejaciones hacia el espíritu humano. Así se vivieron más de 10 siglos entre traiciones y mutilaciones de los habitantes del mundo. Se suponía que la religión debería de forzarnos a un equilibrio, pero ni el poder divino tuvo la fuerza ideológica para cambiar su naturaleza. El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza, por eso hasta la santidad está envuelta en la discordia y en las tentaciones malignas. Sólo basta ver el siguiente cuadro de Rosso Florentino.



“Moisés defendiendo a las hijas de Jetró” (1523), Rosso Florentino


En la historia bíblica, Moisés es de las últimas personas que tratan de reivindicar a la especie humana en un mundo envenenado por la avaricia y las injusticias. Incluso él, siendo el individuo cuerdo en el pasaje bíblico, tuvo que recurrir a la violencia para proteger a las hijas de Jetró. Este acto demuestra que desde entonces la violencia no podría combatirse a través de la razón, mucho menos con los valores blandos y compasivos que profesa la religión católica.

Rosso Florentino pintó aquella escena en el siglo XVI, cuando la religión en el mundo era atacada por diferentes flancos. Por un lado, Martin Lutero daba inicio a la Reforma, por otro lado Juan Calvino hacía lo suyo para transformar a la Iglesia Católica. Esta sacudida hizo temblar la fe de muchas personas, la cual hasta la fecha las mantenía vivas. Mientras tanto, en el campo de las artes el Barroco inició con su gran exponente: Caravaggio.



“Judit y Helofernes” (1598), Caravaggio


Iniciando el siglo XVII, las disputas religiosas seguían intensificándose y la más grande institución de Jesucristo (la Iglesia) seguía alimentando los sentimientos de odio y repulsión hacia los individuos que no acataban su ideología. Caravaggio vivió en carne propia esta etapa y, por si fuera poco, era constantemente atacado por la sociedad y enemigos personales. Su obra recoge muchos pasajes bíblicos, pero es siniestro reconocer que tiene a la violencia como tema principal. En “Judit y Holeofernes” se puede ver la cruda pero justa decapitación de un general que quería invadir una nación que no apoyaba a la Babilonia de Nabucodonosor. Lo sedujo y cuando él estaba muy ebrio, Judit cortó su cabeza.

Toda la violencia que plasmó Caravaggio siguió presente en el siglo siguiente, momento clave para la modernidad. La Edad de las Luces o Ilustración fue la época en la que el humano reivindicó su pensamiento hacia el camino de la verdad. Por primera vez en la historia la Iglesia perdió poder y los hombres de ciencia se alzaron. Sir Isaac Newton y Jonh Locke propagaron las ideas que pudieran comprobarse con el método científico con el fin de desechar todas las supersticiones.



“Lección de anatomía del Dr. Tulp” (1632), Harmensz van Rijn Rembrandt


Esta pintura de Rembrandt muestra una lección de anatomía de Nicolaes Tulp. Él está explicando la complejidad de la musculatura del brazo. El cuerpo que está tendido es el de Aris Kindt, un hombre que fue ahorcado ese mismo día por robo a mano armada. Con esta imagen se comienza a ver la manera en que las ciencias comienzan a ser manipuladas para diferentes intereses. Si en un principio se concibió para darle verdades fundamentales al humano, casi desde el inicio su travesía se bifurcó para darle al hombre una herramienta más para la destrucción. La Ilustración encendió la bombilla que nos sacó de la la oscuridad, pero también fue el primer paso hacia nuestra gran condena con la tecnología.



“La muerte de Marat” (1793), Jacques-Louis David


Paralelamente, el mundo sufría por guerras en las que se buscaba la reorganización de los poderes políticos y religiosos, así como el de las riquezas. “La muerte de Marat” representa el declive de un sueño de libertad. Marat fue médico y periodista durante la época de la Revolución Francesa. Sus ideas atacaban al poder de la aristocracia, la Iglesia y a los miembros del Tercer Estado. Su asesinato representa la opresión de los libertadores, el atosigamiento a las personas que buscaban la verdad y el cambio verdadero. Desde ese entonces quedaba claro que la sociedad humana no tenía espacio para los valores dignos y positivos.



“El último día de Pompeya” (1830-1833), Karl Briullov


La siguiente etapa en el arte es la del Romanticismo, que se preocupaba por los sentimientos y emociones del ser humano. El hombre volvía a ser el centro del universo, así como pensaban las culturas clásicas. De este modo las ideas sobre el bienestar y equilibrio en el mundo volvieron a hacerse presentes. Briullov revivió el pasado con “El último día de Pompeya”: ante semejante estética y perfección, su autor recibió innumerables elogios pues había retratado de manera certera el horror al que se enfrentaron los habitantes de Pompeya horas después de la erupción del Vesubio. El dramatismo que contiene la obra en lugar sensibilizar a los espectadores, despertó los sentimientos malignos que se guardaban y que florecerían en el siguiente siglo.



“Los boteros de Volga” (1872), Ilya Repin


“Iván el Terrible y su hijo Ivan” (1885), Ilya Repin


En los siguientes años la intensa violencia volvió a hacerse presente. El humano desataba guerras por todo el mundo con el fin de enriquecerse y dominar a otros pueblos. La gente moría por todo lados, el hedor a putrefacción penetraba en la vida de todos como un aviso de destrucción. El siglo XIX fue la preparación de los holocaustos posteriores. El pintor ruso Ilya Repin fue uno de los artistas que sufrió esta nueva etapa de la historia desde su país. Sobre la pintura “Iván el Terrible y su hijo Ivan”, dijo: “En la mente de todos quedaron grabadas escenas espantosas… Era natural buscar una manera de denunciar estos penosos y trágicos acontecimientos históricos”.



“Guernica” (1937), Pablo Picasso


Una par de décadas después, el humano viviría las experiencias más desgarradoras de toda la historia: la Primera y Segunda Guerra Mundial. Estos acontecimientos demostraron la decadencia ideológica a la que había llegado la raza humana. Por si fuera poco, la ciencia que inició como un medio para alcanzar la verdad, para estas fechas se convirtió en la herramienta más mortífera. La detonación de bombas por todo el mundo sólo demuestra que el humano ensucia todo lo que toca, incluso la razón. Pablo Picasso retrató la total destrucción de un pueblo en la obra “Guernica”.



“Sin título (Negro sobre gris)”(1970), Mark Rothko


Lo que pasó a principios del siglo XX provocó una fisura en todo el presente. Se liberaron lo sentimientos más bajos y repulsivos de la humanidad y se demostró hasta qué punto es capaz de llegar el humano para conseguir poder y riquezas. Millones de personas murieron en un escaso tiempo y los sobrevivientes quedaron marcados para siempre. Después de esta etapa la esperanza se había pulverizado y el panorama era totalmente oscuro. La última pintura, la cual representa el color del espíritu humano, es de Mark Rothko. Bien dicen que la vida de este autor está llena de contradicciones y paradojas que lo condujeron a una enorme depresión y suicidio. Aunque nos duela aceptarlo, la humanidad está igual de dañada que Rothko, porque toda la historia que está a nuestras espaldas se concentra en la destrucción y la violencia. Tal parece que todo lo que hemos estado construyendo es justamente lo que nos matará.

En la actualidad vivimos en una aparente tranquilidad, pero en realidad sólo es una etapa transitoria o de negación de todos los errores cometidos y que irremediablemente un día saldrán a la luz para ponernos la soga alrededor del cuello y llevarnos a la destrucción, de la misma manera que pasó con Rothko. Estas pinturas revelan las razones por las que el humano está condenado a morir.
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