Arte

La niebla y la televisión -cuento corto-

Y ser la neblina del bosque que mira y no deja mirar… Penacho de invierno sediento de mi lagrimal.
José Romero.
Ese martes preparé café expreso con la paz universal que supone batir un café. Golpean mi puerta con dos ruidos secos ¡Carterooo! Dos vueltas de llave después me encuentro con alguien que nada se parece a un trabajador postal. Mameluco entero y mascara de gas. Mi risa se hace casi insostenible, largo una carcajada y en los ojos del señor se encuentra bronca con mezcla de desdén. Me entrega unas boletas y el diario matutino.
Café en mano me dispongo a leerlo, siempre tan grande la edición, lo hacen a propósito para que la gente no leas, que sea incomodo leer. El titular en letras negras gigantes titula “Niebla asesina”. El copete más tenebroso aun “Suman de a millones las víctimas fatales”.
De treinta y cinco noticias, treinta son de lo mismo. Creo que tengo que cancelar la suscripción al diario. La radio nos confunde a todos, gente abarrotada en los supermercados a la espera de la última lata de conservas que cuesta la mitad de un sueldo promedio. Ventas de faroles antiniebla, fósforos antiniebla y hasta guantes antiniebla. La gente se muere por otras cuestiones, nada tiene que ver con esa bruma gris perla que dice carcomer los huesos en segundos.
La televisión, más idiotas que nunca, hace móviles en directos. Periodistas en vivo desintegrados por la niebla.
Es como si una manada de microlobos comiese, de a una, cada célula. Los medios desinforman y el café se puso frio.
Enciendo la tetera con agua y miro por la ventana mientras me fumo el último cigarrillo del paquete.
La niebla se va a retirar, algún día saldrá el sol y los medios no van a saber con qué asustarnos. Te quieren enojado o con temor, así los dominan como un perro lazarillo (correa corta guiando un ciego).
La niebla no existe, es el humo que tiran los medios.
Seguramente los muertos deben ser de a pares pero ellos lo multiplican. Nadie en la calle, desolada, triste, casi fantasmal. Ni los autos pasan, ni los gatos se entregan amor en los tejados.
Preparo el alimento para el gato. Cortar hígado por la mañana es asqueroso ¿Cómo a botones le puede gustar esto? Anoche no molesto con su maullido madrugador ni ese sonido estridente gutural que sale de su garganta.
¡Botones! ¡Botones! Miro al patio y ahí estaba, como si alguien maquiavélico le hubiese arrancado toda la piel, sus ojos saltones ahora eran dos huecos hondos. Petrificado, algo lo atacó y no le dio tiempo a pestañear.
Observo con horror la imagen que me acompañara por muchas noches, ahora el temor es real, ahora es mi temor.
El cartero corre pero nada puede hacer contra la niebla, está por todos lados y ahora viene por mí.
Cierro todas las puertas y ventanas, sello rendijas y rejillas de resumidero. Un humo gris perla se cuela igual, intento correr pero es imposible, cubro mi cara para no respirar ¿Cuánto podes aguantar el aire en los pulmones? Me doy por vencido, respiro hondo y siento como ese aire denso entra dentro mío. Se siente hermoso… pero no hace nada.
Lo que me debería matar no lo hizo.
Soy el último ser vivo en la tierra.
El ultimo ser vivo en la tierra.
Sonrío.
Preferiría estar muerto