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"La vida es una mierda"

La poesía sirve para nada”, afirmó el poeta Harold Alvarado Tenorio, quien recalcó que “aquí es mejor ser aborrecido que venerado”.

El poeta Harold Alvarado Tenorio, además de ser uno de los intelectuales y críticos literarios más sobresaliente en Colombia, es el padre de la diatriba actualmente.

La más reciente ‘pelea’ la dio (y la sigue dando) con la ministra de Cultura, Mariana Garcés. Cometió el pecado de cuestionarle el apoyo desmesurado que le brindó el ministerio a doña Amparo Sinisterra de Carvajal para una Bienal de Danza.

Por esta razón, ya le han advertido que podría ir a la cárcel. Sin embargo, él se empeña en defender su posición en un país donde es casi que un delito pensar diferente.

Alvarado Tenorio es hijo y nieto de carniceros de Buga (Valle del Cauca). Es un poeta consagrado y dentro de sus muchas publicaciones está su más reciente obra, ‘Ajuste de cuentas’, una singular antología de poetas colombianos que generosamente me hizo llegar. Antonio Caballero, su prologuista, le advierte a los lectores que este respetado poeta ‘supura odio’ y, por qué no decirlo, puede llegar hasta detestar a todos los reseñados de su antología.

A todas estas ¿sigue odiando a la Ministra de Cultura?

A decir verdad yo nunca he odiado a la señora Mariana Garcés, así ella, desde hace muchos años, me haya discriminado y vetado por causa de mis críticas a las gestiones de su señora patrona, doña Amparo Sinisterra Barberena viuda de Carvajal Quelquejeu. Ella, incluso, me ha denunciado penalmente por injuria y calumnia por haberme atrevido a disentir de sus planes para con las bibliotecas públicas, las compras de libros a empresa extranjeras, el favoritismo con una camarilla de poetas que alimenta como primates de zoológico y el desprecio que siente por la inteligencia, así sea animal. Lo que acaba de hacer con el fallecimiento de Gabriel García Márquez no tiene nombre. Organizó una misa con réquiem europeo, cardenal y traje de ceremonia y sin que la gente del común pudiese entrar a la Basílica, porque todo lo hizo bajo la tutela de la Iglesia Católica, contrastando con los homenajes mexicanos que fueron laicos. Luego, dicen las malas lenguas, que como exabrupto ordenó una corona fúnebre, que no vio el difunto, con dos mil rosas amarillas, que sin duda ella no pagó de su bolsillo. Y que invitó a todos los enemigos del difunto porque los amigos se negaron a participar en la farsalia. Mariana Garcés odia a Colombia, odia la cultura, solo se quiere a sí misma y a sus enormes carnes macilentas y ya curadas de cualquier espanto erótico…. Como todo lo de este gobierno de Santos, su gestión ha sido mentirosa y despilfarradora… rodeada de áulicas, de ávidas de carne cruda, e insaciadas por la altanería que produce la apetencia por el dinero y el poder… pura juerga de terratenientes, con esclavos, subalterno y sirvientes…. Eso sí, con viajes habaneros para degustar las pláticas y el adobo vallecaucano de ese patibulario llamado Catatumbo…

Quedó claro que no la odia…

Volviendo a la pregunta, afortunadamente, como he sido incondicional del Buda y Schopenhauer, no he acreditado el odio, yo me adiestré para aceptar los espacios de los otros, para oír a mis contradictores, para amar las discusiones incluso inútiles, para debatir y disputar con la lengua y la pluma, sin más artefactos que el discurso… Ahora, otra cosa, es que me olvide de la crueldad humana, porque los animales no la conocen y menos la naturaleza, y la perversidad colombiana, tan bien representada en esta Ministra del Rencor….

¿Acaso el ministerio de Cultura va en declive?

Algunos de los más inflexibles críticos a la creación de este Ministerio de Cultura fueron Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón, hermano del actual presidente. Yo también, con Jorge Child, escribimos sobre los futuros de ese engendro, que se ha convertido en un verdadero Golem o Frankenstein de esa sombra de Dios que han sido los ministros de cultura en todas las sociedades totalitarias. Son los canónigos y pitonisas que esculpen o forjan el alma de cada régimen. Piense usted en esta Ministra colombiana o en esa cosa horrenda que fue Farruco, el Ministro de la ordinariez de Chávez y allí tiene para rato. Tanto el ministerio colombiano como el venezolano, mucho más creo que el mexicano o el español, lo que han sido es instrumento de la perversión de las costumbres y la obliteración, mediante chichiguas en dinero para los individuos, y jugosas sumas en metálico para las grandes empresas de la cultura europeizante, representada o en sus ideólogos o en sus periodistas y los agentes de negocios de toda clase de productos culturales que llaman ellos, de nuestras tradiciones tanto precolombinas como republicanas y modernas. A ello hay que agregar la manipulación que están haciendo de los vestigios de la raza negra y las etnias naturales, al suplantar con una suerte de entenados de la cultura, sus milenarias tradiciones, caricaturizándolas a través de emisiones de radio y televisión donde los únicos que ganan algo o mucho son los mestizos y blancos que asientan sus rabadillas de palabrería en las poltronas del Ministerio. Hay que repasar esa cosa llamada Biblioteca Negra de la Literatura Colombiana, donde los más negros de todos son Roberto Burgos Cantor y Oscar Collazos, cuyas almas de hielo solo recuerdan de sus antepasados la genuflexa costumbre de adorar y lamer la mano de los amos….. Blancos… con zetas y ques galicados. Y ¿qué decir del Premio de Cuento que acaba de crear la señora ministra del latifundio, tan experimentada en estas lizas desde los años cuando confería a dedo 30 mil dólares para que se beneficiara la sociedad de sus padrinos, con 100 dólares de gaje, óigase bien, y que sin duda, ese libro, será vendido por alguna empresa que ya conocemos desde hace años y que tuvo que acabar con su premio literario anual porque todo estaba podrido en Dinamarca?

¿Le molesta que le califiquen de odioso o detestable o ya se familiarizó con los desprecios?

A veces, como en Colombia sucede, el vituperio se torna aplauso. Aquí es mejor ser aborrecido que venerado, dependiendo desde donde venga el mohín. Con el uso de las llamadas redes sociales he comprobado que soy más bienquisto que abominado. Claro que existen unos cuantos y más, unas cuantas, que no me tragan, pero es porque viven obsesionadas con el prestigio de quienes yo desprestigio y como ellas y ellos se ven solo en el espejo de sus admirados, no aceptan ni quieren entender mis puntos de vista. Además eso de que admire por igual la belleza animal como la macho o la hembra y a veces más la apolínea que la dionisiaca, causa mucho malestar en las agudezas femeniles, que, como sugería mi maestro Schopenhauer, no tienen estación para dedicarse a especular porque la naturaleza, que es muy cruel, les demanda no solo la reproducción sino la crianza y alimentación de la prole. Para lo cual, nada se ha inventado mejor la naturaleza, como el sometimiento del macho para proveer de los bienes y servicios que la hembra requiere para tener una vida holgada y algún tiempo para continuar la reproducción, a costa del placer, cuyo lugar, desde que el mundo es mundo, está localizado en otra parte menos en el frente del edificio femenino.

Hablando de otras cosas, ¿con ‘Ajuste de cuentas’, si se puede decir, hizo justicia?

No he tratado allí de hacer justicia ni ejercer la injusticia. Se trata más bien de ordenar unas opiniones sobre el arte de hacer poesía en un país con una historia reciente, casi que vivida en su totalidad, por quien escribe. Creo que Ajuste de cuentas es una novela contemporánea, una sinfonía que usa de todos los elementos sonoros y todos los instrumentos que los emiten para crear una tormenta, un cataclismo lirico… El volumen requiere tiempo para su lectura y tiempo para su digestión, por ello hay que ir poco a poco ingresando en sus meandros, valorando sus destellos y sus rayos y centellas. Es un homenaje a la poesía que se ha hecho en Colombia y un estremecimiento con la lengua que hablo y con las prosodias que el destino me ha permitido conocer…

Quizá porque lo conoce, Antonio Caballero dice que usted supura odio y que a los poetas de esta antología los detesta ¿realmente es así?

Creo conocer más y mejor a Antonio Caballero que él a mí. Al menos Caballero se ha expuesto más, cada semana, que yo mismo. No he tenido la desgracia de estar en la boca de todo el mundo tanto tiempo. Y Caballero dice que detesto a los poetas para indicar que los amo, que amo la poesía y por ello distingo entre un poeta y un farsante o un avivato. Yo tampoco supuro odio, lo que pasa es que mi fascinación por la España del Siglo que llamó de Oro el Marqués de Valdeflores, por Gracián, Quevedo, Cervantes, Juan de la Cruz o Saavedra Fajardo me ha llevado a forjarme un gusto que no se compadece con estos tiempos de papier mâché. Además yo gasté buena parte de mis años leyendo en Artl, Marechal o Borges, Carpentier, Lezama, Baquero, Piñera y Cabrera Infante, o Guimarães Rosa, Machado de Assis, Alençar, De Andrade, Ferreira Gullar, Lispector y Fonseca, y así decidí que ir al grano, sin circunloquios, es la medula de la eficiencia cuando se escribe. No tengo la culpa de no haber gastado mi vida leyendo en traducciones francesas o alemanas, mal hechas y peor interpretadas, o en libros de moda norteamericanos o victimizado por los ideólogos de las majaderías de la izquierda latinoamericana, la más inútil y desquiciada del mundo. Yo me gané mi muerte leyendo en artistas de nuestras culturas, y claro, me nutrí hasta donde pude de la gracia del verbo del nuestro, el propio, el que acaba de morir. Si por ello mi verbo supura sangre, bienvenida sea… También he leído mucho en Marcelino Melendez Pelayo, Ramón Melendez Pidal, Alfonso Reyes y Octavio Paz.

A veces creo que detrás de sus diatribas no hay más que una persona débil, ¿podemos hablar de su principal debilidad?

Siento no estar de acuerdo, no creo ser enclenque, ni enfermizo, ni alfeñique ni merengue, aun cuando no me molestaría admitirlo si así usted lo demostrase. Pero no. Estoy hecho de un metal que solo forja el comercio con las ideas y las costumbres que escarban por la verdad. Ahí están mis escritos para certificar que soy materia dura de roer. Yo no tengo tretas de débil, ni me nutro de las flaquezas de otros. No sé de dónde saca usted esa idea de mis debilidades. Como se sido obeso, más bien he sido fornido, enérgico, lozano, rollizo, rozagante más que laxo, lánguido o pusilánime……….

¿Cuál fue su mayor certeza en la vida?

Que la vida, mi querido Carlos, es una mierda. Que carece de sentido. Que somos carne de cañón, carne de una cosa horrenda llamada la naturaleza, víctimas de la reproducción de la especie, sometidos por una ranura entre las piernas de alguien que nunca sabremos quien fue, padres de unas criaturas detestables que nos encandilan con la hipócrita cara de su indefensión al nacer. Por causa de tantos engaños del mundo de los hombres ahora vamos camino de amar solo a los animales, que nunca engañan, que nunca matan por matar, que nunca se parecen a su dueño.

Por último ¿para qué sirve la poesía y la literatura en un país tan jodido como Colombia?

Para nada, que es lo mejor para lo que sirve. Y claro, para que unos avivatos se hagan pasar por poetas y vivan el erario y a veces, como un tipo de Medellín, se enriquezcan brutalmente mientras se fuma su tabaquito.

La poesía, hasta donde he podido comprobarlo, y también lo dijo muchas veces María Mercedes Carranza antes de terminar convertida en Piedad Bonnet, era, hasta la aparición de los ministerios y las secretarias de cultura de los países y ciudades contemporáneas, el único producto humano que permanecía fuera de la sociedad de consumo, ajeno a las leyes de la demanda y la oferta porque nadie financiaba, hasta entonces, una lectura de poemas en voz alta. El poema era, así, un acto solitario que no requería inversión económica para confeccionarle y menos disfrutarlo. Pero lo cierto es que todavía el poema verdadero proporciona un goce y una interpretación de la vida y las sociedades, que las gentes del común, que carecen de ocio para pensar y leer, manipulados por el consumo y los medios masivos de comunicación, no alcanzan. Para ellos el poeta no existe, porque no produce mercancías. Y creo que sigue siendo así. Así los mercaderes del arte, instalados en los gabinetes de los ministerios y las secretarías, aceiten la maquinaria de la corrupción y la politiquería con poetastros y musitastros y filmetastros y más Castros y Maduros.
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