Canales populares

Las vidas ajenas

Las vidas ajenas

Fumó el anteúltimo cigarrillo del atado sabiendo que lo esperaba una noche larga. Se dijo a si mismo que a la hora de prender el último iría hasta la estación de servicio de la esquina a comprar más. Fumó, y mientras fumaba miraba el reloj.
-Buenos Aires en verano es una cagada – dijo en voz alta, sabiendo que nadie lo escucharía. Estaba solo. Tan solo como se puede estar en Buenos Aires en enero. Lentamente se fue llevando las manos a la cara, primero agitándolas para correr el humo del cigarrillo, y después arqueándolas en forma de cuchara para refregarse los ojos.
Su mirada fue de rabia. Miró la ventana, y miró por la ventana a la calle. Tres personas, por separado, caminaban. Dos de ellas fumando. Caminaban lento, como si los vahos de calor opusieran demasiada resistencia a sus cuerpos.
Cada una de esas tres personas –imaginó el – tendría una historia fuerte: El flaquito de pelo largo seguramente tuvo un hermano que tomaba merca y una vez le robó un collar a la madre… se fue en tren a Tucumán y lo metieron preso por tenencia de estupefacientes. Los viejos lo fueron a buscar y al flaquito le empezaron a prestar muy poca atención. Seguramente habrá juntado odio. Odió a los viejos por no correrle pelota, odió a la vida por ser tan puta, y seguramente también odió a la merca por tragarse a su hermano.
La rubia petisa, que a esta altura ya iba por mitad de cuadra, había tenido un romance fugaz con Luís Miguel, después de su último recital en la cancha de Vélez en el dos mil cuatro. En realidad a ella nunca le gustó su música, y lo conoció de casualidad en la Shell de Castilla y Figueroa Alcorta, la tarde antes del recital, un once de noviembre. Parece que él se estaba meando y le pidió al chofer de la Caravan que frenara en algún lado. Recién hacía un minuto que habían salido del hotel, pero Luisito se había olvidado de hacer pis antes de subir al auto.
Por lo que cuentan los playeros de la Shell, el amor vino solo, sin que nadie lo llamara, y fue instantáneo. Las rodillas se le vencieron, al astro, y sintió que le bajaba la presión. Supo enseguida que eso era el amor, que Ella era el amor, y la invitó a subir a la camioneta.
La conquistó, o mejor dicho, terminó de conquistarla, cuando al finalizar el recital le cantó “Por debajo de la mesa” antes de que llegara la provoleta que habían pedido como primer plato en La Rosa Negra de puerto madero.
Todo terminó mal. El tuvo que seguir, cumpliendo su riguroso cronograma, que incluía dos fechas en Chile y una en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. El juró que volvería, y ella supo que nunca se verían otra vez.
El tercer caminante de la cuadra era un poco mas complicado. En realidad ya había cruzado la calle, y solo podía ver su espalda desde la ventana del living. Pensó que era un ex rocker cuya juventud de excesos y salas de ensayo había quedado trunca por una novia puta y medio colgada que tomaba las pastillas cuando se acordaba. Justo esa noche de Whisky y Doors y besos (largos, y mordiendo), ella no se acordó.
Nació Xenia, su hija, a los nueve meses, y el espacio del amplificador Fender estaba ahora ocupado por una practicuna que había conseguido en un lugar de compraventa de la calle Cabildo, a la altura de Lacroze. La Gibson SG dormía plácida, junto a una vieja escopeta de caza y un televisor Grundig Vision hecho pelota, en la baulera del departamento, allá por el sótano. Su vida hoy era un trabajo mediocre y llegar a una casa para ver a una mujer que nunca quiso. Aunque todo eso pesaba menos que el amor que sentía por Xenia. Eso lo valía. Y valía mucho más esa pendeja.
Aunque después le entraron dudas. A lo mejor no era un ex rocker ni tenía una hija divina de nombre Xenia. Tal vez fuera el D.T. del equipo de voley del club Alianza de Jesús María. Quién sabe.
Cuando atinó a prender el último cigarrillo del atado recordó su promesa de ir a comprar más a la estación de servicio. Se puso las ojotas que estaban tiradas abajo de la cama, ocultas bajo la sábana de algodón blanca, y en un solo movimiento abrió la puerta y sacó las llaves que colgaban del lado de adentro de la cerradura. Salió.
Ya en la calle se sintió pesado. El calor lo agobió. En un flash se vio a sí mismo en esa ventana que ahora lo miraba, solitaria, y pensó en un par, en dos pares, en una docena de ojos mirándolo, armándolo, pensándole una vida que no era la suya pero que bien podría haberlo sido. Sintió la fuerza de otros, en otras ventanas, haciendo su juego, copiando su ley de verdades relativas. Creyó no poder llegar al quiosco de la YPF. Débil, maltrecho, caminó los últimos pasos con la carga de las miradas ajenas de quién sabe qué edificios, qué ventanas, en la espalda, clavando los dedos en los omóplatos, perforando la carne hasta el alma misma.
Compró dos Marlboro box y tomó aire para encarar la vuelta –Mirada al frente y ojos blandos… resignación- pensó, y tardó cuarenta y dos segundos en volver sobre sus pasos hasta la casa.
0
9
0
9Comentarios
      chugo

      gracias gracias.... sisis..sasí, todos lo hacen

      0
      baco

      mira que loco.. una masa.. y es cierto simepre que estoy al pedo.. me pongo a imaginar
      como es la vida de las otras personas... van puntos...

      0
      chugo

      si si, yo tambien lo hago siempre.... es mas, creo que, sino todos, la mayoria hace, por
      lo general es automatico me parece, no pensas que lo estas haciendo
      gracias

      0
      troky

      muy buen. me gusto bastante.
      jaja yo hago lo mismo d imaginarle vidas a la gente

      0
      batero

      por lo menos acerte con la fuente? le mande fruta a morir... 🙄 🙄 🙄
      tan boludo soy? 😄 😄 😄 😄 😄

      0
      Adrius

      sos un boludo, pero estuvo bueno :-D

      0
      chugo

      http://elalmendrado.blogspot.com

      0
      batero

      y me parece que es ARIAL y con un tamaño mas o menos de 10pts..
      😛 😛 😛 😛 😛 😛 jeje si soy un boludo y q?

      0
      Adrius

      fuente?

      0