Canales populares

Leonardo Da Vinci

LEONARDO DA VINCI




BIOGRAFÍA

Leonardo da Vinci (Leonardo di ser Piero da Vinci), nació en 1452 en la villa toscana de Vinci, hijo natural de una campesina, Caterina
(que se casó poco después con un artesano de la región), y de Ser Piero, un rico notario florentino.
Italia era entonces un mosaico de ciudades-estados como Florencia, pequeñas repúblicas como Venecia
y feudos bajo el poder de los príncipes o el papa. El Imperio romano de Oriente cayó en 1453 ante los turcos
y apenas sobrevivía aún, muy reducido, el Sacro Imperio Romano Germánico; era una época violenta en la que,
sin embargo, el esplendor de las cortes no tenía límites.



Interpretación de La villa Toscana de Vinci

A pesar de que su padre se casó cuatro veces, sólo tuvo hijos
(once en total, con los que Leonardo acabó teniendo pleitos por la herencia paterna) en sus dos últimos matrimonios,
por lo que Leonardo se crió como hijo único. Su enorme curiosidad se manifestó tempranamente,
dibujando animales mitológicos de su propia invención, inspirados en una profunda observación
del entorno natural en el que creció. Giorgio Vasari, su primer biógrafo, relata cómo el genio de Leonardo,
siendo aún un niño, creó un escudo de Medusa con dragones que aterrorizó a su padre cuando se topó con él por sorpresa.



Giorgio Vasari

Consciente ya del talento de su hijo, su padre lo autorizó, cuando Leonardo cumplió los catorce años,
a ingresar como aprendiz en el taller de Andrea del Verrocchio, en donde, a lo largo de los seis años
que el gremio de pintores prescribía como instrucción antes de ser reconocido como artista libre, aprendió pintura,
escultura, técnicas y mecánicas de la creación artística. El primer trabajo suyo del que se tiene certera noticia
fue la construcción de la esfera de cobre proyectada por Brunelleschi para coronar la iglesia de Santa Maria dei Fiori.
Junto al taller de Verrocchio, además, se encontraba el de Antonio Pollaiuollo,
en donde Leonardo hizo sus primeros estudios de anatomía y, quizá, se inició también en el conocimiento del
latín y el griego.

Juventud y descubrimientos técnicos

Era un joven agraciado y vigoroso que había heredado la fuerza física de la estirpe de su padre;
es muy probable que fuera el modelo para la cabeza de San Miguel en el cuadro de Verrocchio Tobías y el ángel,
de finos y bellos rasgos. Por lo demás, su gran imaginación creativa y la temprana maestría de su pincel,
no tardaron en superar a las de su maestro: en el Bautismo de Cristo, por ejemplo, donde un dinámico e
inspirado ángel pintado por Leonardo contrasta con la brusquedad del Bautista hecho por Verrocchio.

El joven discípulo utilizaba allí por vez primera una novedosa técnica recién llegada de los Países Bajos:
la pintura al óleo, que permitía una mayor blandura en el trazo y una más profunda penetración en la tela.
Además de los extraordinarios dibujos y de la participación virtuosa en otras obras de su maestro,
sus grandes obras de este período son un San Jerónimo y el gran panel La adoración de los Magos (ambos inconclusos),
notables por el innovador dinamismo otorgado por la maestría en los contrastes de rasgos,
en la composición geométrica de la escena y en el extraordinario manejo de la técnica del claroscuro.

Florencia era entonces una de las ciudades más ricas de Europa; sus talleres de manufacturas de sedas
y brocados de oriente y de lanas de occidente, y sus numerosas tejedurías la convertían en el gran centro
comercial de la península itálica; allí los Médicis habían establecido una corte cuyo esplendor debía
no poco a los artistas con que contaba. Pero cuando el joven Leonardo comprobó que no conseguía
de Lorenzo el Magnífico más que alabanzas a sus virtudes de buen cortesano, a sus treinta años decidió
buscar un horizonte más prospero.

Primer período milanés

En 1482 se presentó ante el poderoso Ludovico Sforza, el hombre fuerte de Milán por entonces,
en cuya corte se quedaría diecisiete años como «pictor et ingenierius ducalis».
Aunque su ocupación principal era la de ingeniero militar, sus proyectos (casi todos irrealizados) abarcaron la hidráulica,
la mecánica (con innovadores sistemas de palancas para multiplicar la fuerza humana), la arquitectura,
además de la pintura y la escultura. Fue su período de pleno desarrollo;
siguiendo las bases matemáticas fijadas por León Bautista Alberti y Piero della Francesca,
Leonardo comenzó sus apuntes para la formulación de una ciencia de la pintura,
al tiempo que se ejercitaba en la ejecución y fabricación de laúdes.

Estimulado por la dramática peste que asoló Milán y cuya causa veía Leonardo
en el hacinamiento y suciedad de la ciudad, proyectó espaciosas villas,
hizo planos para canalizaciones de ríos e ingeniosos sistemas de defensa ante la artillería enemiga.
Habiendo recibido de Ludovico el encargo de crear una monumental estatua ecuestre en honor de Francesco,
el fundador de la dinastía Sforza, Leonardo trabajó durante dieciséis años en el proyecto del «gran caballo»,
que no se concretaría más que en una maqueta, destruida poco después durante una batalla.

Resultó sobre todo fecunda su amistad con el matemático Luca Pacioli,
fraile franciscano que en 1494 publicó su tratado de la Divina proportione,
ilustrada por Leonardo. Ponderando la vista como el instrumento de conocimiento
más certero con que cuenta el ser humano, Leonardo sostuvo que a través de una atenta
observación debían reconocerse los objetos en su forma y estructura para describirlos
en la pintura de la manera más exacta. De este modo el dibujo se convertía en el instrumento fundamental
de su método didáctico, al punto que podía decirse que en sus apuntes el texto estaba para explicar el dibujo,
y no éste para ilustrar a aquél, por lo que Da Vinci ha sido reconocido como el creador de la moderna ilustración científica.

El ideal del saper vedere guió todos sus estudios, que en la década de 1490 comenzaron a perfilarse
como una serie de tratados (inconclusos, que fueron recopilados luego en el Codex Atlanticus,
así llamado por su gran tamaño). Incluye trabajos sobre pintura, arquitectura, mecánica,
anatomía, geografía, botánica, hidráulica, aerodinámica, fundiendo arte y ciencia en una cosmología individual que da,
además, una vía de salida para un debate estético que se encontraba anclado en un más bien estéril neoplatonismo.

Aunque Leonardo no parece que se preocupara demasiado por formar su propia escuela,
en su taller milanés se creó poco a poco un grupo de fieles aprendices y alumnos: Giovanni Boltraffio,
Ambrogio de Predis, Andrea Solari, su inseparable Salai, entre otros;
los estudiosos no se han puesto de acuerdo aún acerca de la exacta atribución de algunas obras de este período,
tales como la Madona Litta o el retrato de Lucrezia Crivelli. Contratado en 1483 por la hermandad
de la Inmaculada Concepción para realizar una pintura para la iglesia de San Francisco,
Leonardo emprendió la realización de lo que sería la celebérrima Virgen de las Rocas,
cuyo resultado final, en dos versiones, no estaría listo a los ocho meses que marcaba el contrato,
sino veinte años más tarde. La estructura triangular de la composición, la gracia de las figuras,
el brillante uso del famoso sfumato para realzar el sentido visionario de la escena,
convierten a ambas obras en una nueva revolución estética para sus contemporáneos.

A este mismo período pertenecen el retrato de Ginevra de Benci (1475-1478),
con su innovadora relación de proximidad y distancia y la belleza expresiva de La belle Ferronière.
Pero hacia 1498 Leonardo finalizaba una pintura mural, en principio un encargo modesto para el refectorio
del convento dominico de Santa Maria dalle Grazie, que se convertiría en su definitiva consagración pictórica:
La última cena. Necesitamos hoy un esfuerzo para comprender su esplendor original,
ya que se deterioró rápidamente y fue mal restaurada muchas veces. La genial captación plástica del
dramático momento en que Cristo dice a los apóstoles «uno de vosotros me traicionará»
otorga a la escena una unidad psicológica y una dinámica aprehensión del momento fugaz de sorpresa
de los comensales (del que sólo Judas queda excluido). El mural se convirtió no sólo en un celebrado
icono cristiano, sino también en un objeto de peregrinación para artistas de todo el continente.

El regreso a Florencia

A finales de 1499 los franceses entraron en Milán; Ludovico el Moro perdió el poder.
Leonardo abandonó la ciudad acompañado de Pacioli y tras una breve estancia en casa
de su admiradora la marquesa Isabel de Este, en Mantua, llegó a Venecia. Acosada por los turcos,
que ya dominaban la costa dálmata y amenazaban con tomar el Friuli, la Signoria contrató a Leonardo como ingeniero militar.

En pocas semanas proyectó una cantidad de artefactos cuya realización concreta no se haría sino,
en muchos casos, hasta los siglos XIX o XX, desde una suerte de submarino individual,
con un tubo de cuero para tomar aire destinado a unos soldados que, armados con taladro,
atacarían las embarcaciones por debajo, hasta grandes piezas de artillería con proyectiles de acción retardada
y barcos con doble pared para resistir las embestidas. Los costes desorbitados, la falta de tiempo y,
quizá, las excesivas (para los venecianos) pretensiones de Leonardo en el reparto del botín,
hicieron que las geniales ideas no pasaran de bocetos. En abril de 1500 Da Vinci entró en Florencia,
tras veinte años de ausencia.

César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, hombre ambicioso y temido, descrito por el propio Maquiavelo como
«modelo insuperable» de intrigador político y déspota, dominaba Florencia y se preparaba para lanzarse
a la conquista de nuevos territorios. Leonardo, nuevamente como ingeniero militar, recorrió los terrenos del norte,
trazando mapas, calculando distancias precisas, proyectando puentes y nuevas armas de artillería.
Pero poco después el condottiero cayó en desgracia: sus capitanes se sublevaron,
su padre fue envenenado y él mismo cayó gravemente enfermo. En 1503 Leonardo volvió a la ciudad,
que por entonces se encontraba en guerra con Pisa y concibió allí su genial proyecto de desviar el
río Arno por detrás de la ciudad enemiga cercándola y contemplando la construcción de un canal
como vía navegable que comunicase Florencia con el mar: el proyecto sólo se concretó en los extraordinarios
mapas de su autor.

Pero Leonardo ya era reconocido como uno de los mayores maestros de Italia.
En 1501 había causado admiración con su Santa Ana, la Virgen y el Niño;
en 1503 recibió el encargo de pintar un gran mural (el doble del tamaño de La última cena) en el palacio Viejo:
la nobleza florentina quería inmortalizar algunas escenas históricas de su gloria.
Leonardo trabajó tres años en La batalla de Angheri, que quedaría inconclusa y sería luego desprendida por su deterioro.
Importante por los bocetos y copias, éstas admirarían a Rafael e inspirarían, un siglo más tarde,
una célebre de Peter Paul Rubens.

También sólo en copias sobrevivió otra gran obra de este periodo: Leda y el cisne. Sin embargo,
la cumbre de esta etapa florentina (y una de las pocas obras acabadas por Leonardo) fue el retrato de Mona Lisa.
Obra famosa desde el momento de su creación, se convirtió en modelo de retrato y casi nadie
escaparía a su influjo en el mundo de la pintura. La mítica Gioconda ha inspirado infinidad de libros y leyendas,
y hasta una ópera; pero poco se sabe de su vida. Ni siquiera se conoce quién encargó el cuadro,
que Leonardo se llevó consigo a Francia, donde lo vendió al rey Francisco I por cuatro mil piezas de oro.
Perfeccionando su propio hallazgo del sfumato, llevándolo a una concreción casi milagrosa,
Leonardo logró plasmar un gesto entre lo fugaz y lo perenne: la «enigmática sonrisa» de la Gioconda
es uno de los capítulos más admirados, comentados e imitados de la historia del arte y su misterio sigue aún hoy fascinando.
Existe la leyenda de que Leonardo promovía ese gesto en su modelo haciendo sonar laúdes mientras ella posaba;
el cuadro, que ha atravesado no pocas vicisitudes, ha sido considerado como cumbre y resumen del talento y
la «ciencia pictórica» de su autor.

De nuevo en Milán: de 1506 a 1513

El interés de Leonardo por los estudios científicos era cada vez más intenso: asistía a disecciones de cadáveres,
sobre los que confeccionaba dibujos para describir la estructura y funcionamiento del cuerpo humano.
Al mismo tiempo hacía sistemáticas observaciones del vuelo de los pájaros (sobre los que planeaba escribir un tratado),
en la convicción de que también el hombre podría volar si llegaba a conocer las leyes de la resistencia del aire
(algunos apuntes de este período se han visto como claros precursores del moderno helicóptero).

Absorto por estas cavilaciones e inquietudes, Leonardo no dudó en abandonar Florencia cuando en 1506
Charles d'Amboise, gobernador francés de Milán, le ofreció el cargo de arquitecto y pintor de la corte;
honrado y admirado por su nuevo patrón, Da Vinci proyectó para él un castillo y ejecutó bocetos para el
oratorio de Santa Maria dalla Fontana, fundado por aquél. Su estadía milanesa sólo se interrumpió en el
invierno de 1507 cuando, en Florencia, colaboró con el escultor Giovanni Francesco Rustici en la ejecución
de los bronces del baptisterio de la ciudad.

Quizás excesivamente avejentado para los cincuenta años que contaba entonces, su rostro fue tomado por Rafael
como modelo del sublime Platón para su obra La escuela de Atenas. Leonardo, en cambio, pintaba poco dedicándose
a recopilar sus escritos y a profundizar sus estudios: con la idea de tener finalizado para 1510 su tratado de
anatomía trabajaba junto a Marcantonio della Torre, el más célebre anatomista de su tiempo, en la descripción
de órganos y el estudio de la fisiología humana. El ideal leonardesco de la «percepción cosmológica» se manifestaba
en múltiples ramas: escribía sobre matemáticas, óptica, mecánica, geología, botánica; su búsqueda tendía hacia
el encuentro de leyes funciones y armonías compatibles para todas estas disciplinas, para la naturaleza como unidad.
Paralelamente, a sus antiguos discípulos se sumaron algunos nuevos, entre ellos el joven noble Francesco Melzi,
fiel amigo del maestro hasta su muerte. Junto a Ambrogio de Predis, Leonardo culminó en 1508 la segunda versión
de La Virgen de las Rocas; poco antes, había dejado sin cumplir un encargo del rey de Francia para pintar dos madonnas.

Ultimos años: Roma y Francia

El nuevo hombre fuerte de Milán era entonces Gian Giacomo Tivulzio, quien pretendía retomar para sí el monumental
proyecto del «gran caballo», convirtiéndolo en una estatua funeraria para su propia tumba en la capilla
de San Nazaro Magiore; pero tampoco esta vez el monumento ecuestre pasó de los bocetos, lo que supuso para
Leonardo su segunda frustración como escultor. En 1513 una nueva situación de inestabilidad política lo empujó
a abandonar Milán; junto a Melzi y Salai marchó a Roma, donde se albergó en el belvedere de Giulano de Médicis,
hermano del nuevo papa León X.

En el Vaticano vivió una etapa de tranquilidad, con un sueldo digno y sin grandes obligaciones: dibujó mapas,
estudió antiguos monumentos romanos, proyectó una gran residencia para los Médicis en Florencia y, además,
trabó una estrecha amistad con el gran arquitecto Bramante, hasta la muerte de éste en 1514. Pero en 1516,
muerto su protector Giulano de Médicis, Leonardo dejó Italia definitivamente, para pasar los tres últimos años
de su vida en el palacio de Cloux como «primer pintor, arquitecto y mecánico del rey».

El gran respeto que Francisco I le dispensó hizo que Leonardo pasase esta última etapa de su vida más bien
como un miembro de la nobleza que como un empleado de la casa real. Fatigado y concentrado en la redacción
de sus últimas páginas para su tratado sobre la pintura, pintó poco aunque todavía ejecutó extraordinarios
dibujos sobre temas bíblicos y apocalípticos. Alcanzó a completar el ambiguo San Juan Bautista, un andrógino
duende que desborda gracia, sensualidad y misterio; de hecho, sus discípulos lo imitarían poco después
convirtiéndolo en un pagano Baco, que hoy puede verse en el Louvre de París.

A partir de 1517 su salud, hasta entonces inquebrantable, comenzó a desmejorar. Su brazo derecho quedó paralizado;
pero con su incansable mano izquierda Leonardo aún hizo bocetos de proyectos urbanísticos, de drenajes de ríos
y hasta decorados para las fiestas palaciegas. Su casa de Amboise se convirtió en una especie de museo,
plena de papeles y apuntes conteniendo las ideas de este hombre excepcional, muchas de las cuales deberían
esperar siglos para demostrar su factibilidad e incluso su necesidad; llegó incluso, en esta época,
a concebir la idea de hacer casas prefabricadas. Sólo por las tres telas que eligió para que lo acompañasen en su
última etapa, la Gioconda, el San Juan y Santa Ana, la Virgen y el Niño, puede decirse que Leonardo poseía
entonces uno de los grandes tesoros de su tiempo.

El 2 de mayo de 1519 murió en Cloux; su testamento legaba a Melzi todos sus libros, manuscritos y dibujos,
que éste se encargó de retornar a Italia. Como suele suceder con los grandes genios, se han tejido en torno
a su muerte algunas leyendas; una de ellas, inspirada por Vasari, pretende que Leonardo, arrepentido de no haber
llevado una existencia regido por las leyes de la Iglesia, se confesó largamente y, con sus últimas fuerzas,
se incorporó del lecho mortuorio para recibir antes de expirar, los sacramentos.

F!:http://www.biografiasyvidas.com/monografia/leonardo/


OBRAS



Obras tiene millones, vamos a repasar las más conocidas y debatidas.(Si quieren que profundize en las obras me mandan un mp y hago otro post)

LA MONA LISA O GIOCONDA



El cuadro La Gioconda, también conocido como La Mona Lisa, La Monna Lisa, La Joconde en francés o Madonna Elisa, es una obra pictórica de Leonardo da Vinci. Desde el siglo XVI es propiedad del Estado Francés, y se exhibe en el Museo del Louvre de París.
Su nombre oficial es Gioconda (que, traducido del italiano al castellano es alegre), en honor a la tesis más aceptada acerca de la identidad de la modelo, apoyada en el hecho de que era esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo y que su nombre era Lisa Gherardini.
Es un óleo sobre tabla de álamo de 77 x 53 cm, pintado entre 1503 y 1506, y retocado varias veces por el autor. La técnica usada fue el sfumato, procedimiento muy característico de Leonardo. El cuadro está protegido por múltiples sistemas de seguridad y ambientado para su preservación óptima. Es revisado constantemente para verificar y prevenir su deterioro.
Además, se han usado herramientas tecnológicas para la investigación de enigmas que rodean la obra. Por medio de estudios históricos se ha determinado que la modelo podría ser una vecina de Leonardo, que podrían conocerse sus descendientes y que la modelo podría haber estado embarazada. Pese a todas las suposiciones, las respuestas en firme a los varios interrogantes en torno a la obra de arte resultan francamente insuficientes, lo cual genera más curiosidad entre los admiradores del cuadro.
La fama de esta pintura no se basa únicamente en la técnica empleada o en su belleza, sino también en los misterios que la rodean. Además, el robo que sufrió en 1911, las reproducciones realizadas, las múltiples obras de arte que se han inspirado en el cuadro y las parodias existentes contribuyen a convertir a La Gioconda en el cuadro más famoso del mundo, visitado por millones de personas anualmente.

F!:Wikipedia

También se baraja desde hace mucho tiempo la teoría de que "la mujer más bella del mundo" no sea nadie más que el mismisimo Leonardo.



Durante siglos hallar la verdadera identidad de la Mona Lisa ha sido una de las tareas más arduas de eruditos e investigadores, que actualmente muchos de ellos han sugerido que Leonardo Da Vinci pudo haberse pintado él mismo como una mujer para realizar su famosa obra maestra. Por tal motivo, científicos e historiadores del Comité Nacional de Italia para la Herencia Cultural solicitaron exhumar su cuerpo enterrado en el Castillo de Amboise, ubicado en el valle de Loira.

De acuerdo con el diario inglés Daily Telegraph, el equipo de investigadores ha manifestado que el proyecto de exhumación puede concretarse este verano luego de que las primeras conversaciones con funcionarios franceses y los propietarios del Castillo de Amboise llegaron a un acuerdo. Para tal efecto, se empleará la prueba del Carbono 14, además de comparar las muestras de ADN de dientes y huesos de los restos de Da Vinci con las de sus descendientes masculinos en Bolonia, explicó Silvano Vincenti, jefe del equipo de investigadores, al diario británico.

Sin embargo, la noticia ha desatado la polémica entre algunos estudiosos conservadores, que defienden el “descanso eterno” de Leonardo y que no debería molestarse.

Datos

1. La identidad de la Mona Lisa fue designada desde Lisa Gherardini, esposa de un comerciante de Florencia, a la madre del propio Da Vinci.

2. Leonardo Da Vinci fue enterrado en una iglesia que fue destruida durante la Revolución Francesa y sus restos entonces fueron supuestamente depositados de nuevo en la pequeña capilla de Saint-Hubert, en el Castillo de Amboise, bajo una placa que los describe como «presuntos» restos del maestro del Renacimiento.

LA ÚLTIMA CENA

Leonardo creó La última cena, su mejor obra, la más serena y alejada del mundo temporal, durante esos años caracterizados por los conflictos bélicos, las intrigas, las preocupaciones y las calamidades. La dio por terminada, aunque él, eterno insatisfecho, declaró que tendría que seguir trabajando en ella. Fue expuesta a la vista de todos y contemplada por muchos. La fama que el «gran caballo» había hecho surgir se asentó sobre cimientos más sólidos. Desde ese momento se le consideró sin discusión uno de los primeros maestros de Italia, si no el primero. Los artistas acudían desde muy lejos al refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie, miraban la pintura con detenimiento, la copiaban y discutían. El rey de Francia, al entrar a Milán, acarició la idea de desprender el fresco de la pared para llevárselo a su país. Durante su realización se tejieron innumerables leyendas en torno al maestro y a su obra. Los relatos de Bandello y Giraldi, dedicados por lo demás a temas radicalmente distintos, recogen también la génesis de La Última Cena

También hay mitos sobre ésta pintura tal como pasa en la Gioconda.

Los misterios sobre esta obra de arte inspirada en la última cena siempre están vigentes. ¿Mitos o verdades?
Corrían el año 1494 y El Conde Ludovico Sforza le pidió a Leonardo da Vinci pintar para la nueva Iglesia de los dominicos de Santa María de las Gracias en Milán un mural de grandes dimensiones, denominado La Última Cena. El fin de la obra se demoró 4 años, concluyendo en 1498, por el perfeccionismo de Leonardo y la complejidad de la técnica elegida. La ejecución del mural al temple y óleo sobre dos capas de preparación de yeso extendidas sobre enlucido, permitía pintar, detenerse y después de un tiempo retomar el trabajo. Esta nueva técnica contribuyo a su gran deterioro a partir del 1500 e influyó en un gran número de especulaciones.
Con respecto, al tema del mural, La última cena es uno de los relatos bíblicos más importantes y conocidos y proviene del Evangelio de Juan 13:21. Se trata del pasaje donde Jesús junto a sus apóstoles comparten la que sería su última cena, en el momento en que explica que entre ellos hay un traidor que lo va a entregar. Sus apóstoles, en grupos de tres responden de una forma distinta, mostrando todas las emociones humanas posibles como la ira, el temor y la confusión.
Leonardo da Vinci, fue visionario incluso en la elección de los modelos que representarían los personajes, ya que eran personas que veía en la calle, al contrario de lo que se hacía en el Renacimiento donde los personajes eran representados por los mecenas que financiaban las obras. Debido al gran deterioro del mural y las circunstancias que fueron novedosas en su tiempo, esta obra dio lugar a mucha literatura, filmografía e investigaciones sobre los distintos mitos que surgen en torno a ella. El último de ellos es El Código Da Vinci, novela de Dan Brown que se convirtió en un bestseller traducido a 44 idiomas sobre el rol de Maria Magdalena en el cristianismo y una teoría de conspiración relacionada con el Santo Grial. Tal fue la polémica levantada por este libro que ha dado lugar a por lo menos 10 libros más, refutando sus argumentos que al parecer contienen errores históricos, culturales, geográficos y religiosos.
Las principales dudas que surgen alrededor de La Última Cena de Leonardo da Vinci son las siguientes:
El joven a la derecha de Jesús, ¿es en realidad María Magdalena o San Juan?: En su “Tratado de la Pintura”, Leonardo explica que cada personaje debe ser pintado con arreglo a su edad y condición. Un tipo clásico, como en muchos cuadros del Renacimiento, es el estudiante. El favorito, el protegido o el discípulo son siempre hombres muy jóvenes, totalmente afeitados y de cabello largo, con objeto de transmitir la idea de que aún no han madurado lo suficiente como para haber encontrado su camino. A lo largo del Renacimiento, los artistas pintaron así a San Juan, representándolo siempre como un joven, de pelo largo, delgado y sin los rasgos duros del hombre adulto.
¿Por qué las figuras de Juan y Jesús parecen reflejos simétricos?: Una pista nos puede proporcionar los escritos de Leonardo donde explica porque realizó las figuras de Juan y Jesús como iguales y opuestos como reflejados en un espejo. “El placer y el dolor representados como gemelos, puesto que nunca hay uno sin el otro; y como si estuvieran unidos de revés a revés, puesto que son contrarios el uno con el otro (...)” [Extractos de Leonardo de: "Los cuadernos de Leonardo Da Vinci" compilado y editado de los manuscritos originales por Jean Paul Richter, Dover Edition, 1970, primera publicación en 1883 por Sampson Low, Marston, Searle y Rivington bajo el título "Los trabajos literarios de Leonardo da Vinci. Publicaciones Dover, Nueva York].
La mano que sostiene un cuchillo ¿es de Judas o en realidad es de San Pedro?: En la obra se puede notar que entre Pedro Simón y Judas Iscariote se logra ver una mano sosteniendo un cuchillo. “El dibujo preliminar y las copias posteriores de La Última Cena demuestran que la mano y el cuchillo pertenecen a Pedro y según una cita en el Evangelio según San Juan, Pedro sacó la espada en defensa de Jesús contra el enemigo quien en ese momento entregaba a Dios con un beso.”- argumenta Bruce Boucher del New York Times. Esto se pudo descubrir luego de la última restauración en 1977, donde los especialistas hicieron estudios radiográficos que demuestran los dibujos previos.
¿Leonardo da Vinci se pintó a sí mismo en esta obra?: Si bien es cierto que Leonardo tomó personas reales para sus modelos de los apóstoles, en ningún caso es cierto que él mismo se pintara en la escena, supuestamente el segundo apóstol de la derecha. Por más que el parecido es real, en ningún caso coincide por fechas. La pintura data de 1494-1498, y en ese tiempo Leonardo tenía 45 años, mientras que el aspecto del apóstol es de más edad.
Seguramente con el paso del tiempo, seguirán apareciendo nuevos mitos, alimentados por la gran imaginación que despierta esta genial obra, así como el interesante tema que expone. Sin dudas aún hay mucho material para libros y películas sobre los inventos y la propia vida del maestro italiano del Renacimiento, Leonardo da Vinci.

F!:http://www.psicofxp.com/articulos/informacion-general/840542-los-mitos-de-la-ultima-cena-de-leonardo-da-vinci.html

Y últimamente una de las más conocidas y debatidas obras que pudo hacer Leonardo...

EL SUDARIO DE TURIN




El Sudario de Turín —también conocido como la Síndone de Turín, la Sábana Santa o el Santo Sudario— es una tela de lino que muestra la imagen de un hombre que presenta marcas y traumas físicos propios de una crucifixión. Se encuentra ubicado en la capilla real de la Catedral de San Juan Bautista, en Turín (Italia).
El sudario mide 436 cm × 113 cm.
Los orígenes del sudario y su figura son objeto de debate entre científicos, teólogos, historiadores e investigadores. Algunos sostienen que el sudario es la tela que se colocó sobre el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro, y que el rostro que aparece es el suyo. Otros afirman que este objeto fue creado en la Edad Media. La Iglesia Católica no ha manifestado oficialmente su aceptación o rechazo hacia el sudario, pero en 1958 el Papa Pío XII autorizó la imagen en relación con la devoción católica hacia la Santa Faz de Jesús.
La imagen de la sábana se puede apreciar más claramente en negativo que en el color sepia original. La imagen en negativo fue contemplada por primera vez en la noche del 28 de mayo de 1898, en el reverso de la placa fotográfica del fotógrafo amateur Secondo Pia, que estaba autorizado para fotografiarla mientras se exhibía en la Catedral de Turín. En 1978 se llevó a cabo un estudio detallado por un grupo de científicos americanos llamado STURP. No encontraron pruebas fiables para afirmar que se trataba de una falsificación, y consideraron que la aparición de la imagen era todo "un misterio".
En 1988 se efectuó una prueba de datación por radiocarbono con pequeños fragmentos del sudario. Los laboratorios de la Universidad de Oxford y la Universidad de Arizona determinaron que la Sábana Santa data de la Edad Media, entre 1260 y 1390 (±10 años). con una fiabilidad del 95%, y que fue publicada en la revista científica Nature.
Para algunos, esta datación ha zanjado para siempre el asunto demostrando que el sudario es una falsificación del siglo XIV (aún pendiente de determinar cómo se realizó).
En 2005, el Dr. Ray Rogers, líder experto en químico del equipo original en ciencia del Sudario (STURP) y socio retirado del Laboratorio Científico de Los Álamos, refutó la prueba de carbono 14, al declarar que la muestra cortada del Sudario de Turín en 1988 habría sido tomada de un área del lienzo que habría sido retejida durante la Edad Media. En dicha área retejida se habría mezclado (de manera muy sutil –imperceptible a la vista-) algodón medieval con lino antiguo, comprometiendo de esta manera la prueba de datación.
Desde entonces, numerosos libros han presentado diversos argumentos tanto para demostrar su autenticidad como para explicar cómo fue falsificada la imagen. Hasta el momento, la técnica con la que se impregnó el cuerpo visible en el Santo Sudario no ha podido ser explicada por la ciencia de manera concluyente. De modo que el sudario sigue siendo uno de los objetos más estudiados de la historia, además de ser uno de los más controvertidos.

F!:Wikipedia

El sudario de Turín es la reliquia más famosa del mundo cristiano. Durante siglos los feligreses han creído que en él se encuentra plasmado el rostro torturado y crucificado de Jesús. La manera de cómo la imagen llegó al manto es todo un misterio, que ha despertado el interés de los científicos por décadas. Durante muchos años, las marcas en el sudario convencieron a los expertos de que este manto fue utilizado para envolver el cuerpo lacerado y ensangrentado de un hombre, que murió tras ser crucificado. Sin embargo, pruebas de carbono 14 indican que éstas fueron realizadas mil años después de la muerte de Jesús.

¿Quién tuvo entonces la habilidad necesaria para crear una imagen tan convincente y misteriosa, que luego de cientos de estudios los científicos todavía no han podido esclarecer cómo fue hecha? Diferentes expertos examinan la controversial teoría que mantiene que el Sudario de Turín es obra de Leonardo da Vinci, extraordinario pintor que además poseía extensos conocimientos de anatomía. Al estudiar el sudario, un experto en historia del arte es capaz de establecer que el rostro que allí se observa guarda las mismas características y proporciones utilizadas por da Vinci en sus retratos. De hecho, algunas claves encontradas en la imagen también apuntan a señalarlo como el responsable de una técnica de fotografía antigua. En el transcurso de este programa, varios análisis forenses intentan determinar si en efecto da Vinci utilizó una cámara obscura para recrear la imagen de Jesús en el lino, a petición de una de las familias más poderosas de la Italia medieval.

El descubrimiento de la imagen —revelado por uno de los investigadores— en la parte posterior de una tela de lino que coincide con la cara que adorna el frente, probablemente reiniciará el debate en torno a si el sudario es auténtico o si sólo se trata de un hábil fraude medieval.
"El hecho de que la imagen está en los dos lados hace difícil cualquier falsificación", dijo a Reuters el profesor Giulio Fanti de la Universidad de Padua.
Los hallazgos de Fanti y Roberto Maggiolo, ambos del departamento de ingeniería mecánica de la universidad, se conocieron esta semana en una publicación del Instituto de Física de Londres.
Fanti dijo que el descubrimiento apoyaría a aquellos que sostienen que la tela es genuina.
El sudario, una de las más sagradas y disputadas reliquias cristianas, es una trozo de lino de unos 4,4 metros de largo y 1,1 metros de ancho.
Apareció por primera vez en Francia en el siglo XIV y se conserva en la ciudad italiana de Turín desde 1578.
Por más de 600 años se mantuvo el debate acerca del origen de la imagen de un hombre alto con barba y marcas de crucifixión, que se puede ver en el frente del sudario.
Durante años los expertos dijeron que encontraron rastros de sangre, polen y tierra característica de Jerusalén, donde los cristianos creen que Jesús fue crucificado.
Pero hace 15 años tres laboratorios independientes dijeron que las pruebas de carbono indicaron que el sudario no podía ser anterior al siglo XIII o XIV. Los investigadores concluyeron que el sudario era un engaño creado para alimentar un enorme y rentable negocio de peregrinación medieval.
Mientras que el frente del sudario fue estudiado intensamente durante los últimos años, la parte de atrás permaneció oculta bajo un pedazo de tela cosida por monjas para cubrir el daño causado por un incendio.
La capa protectora fue removida en 2002 para ser restaurada y la parte de atrás fue fotografiada.
Los dos científicos dijeron que estudiaron las fotografías y utilizaron técnicas matemáticas y ópticas para procesar las imágenes.
Encontraron que la cara que puede verse en el reverso del sudario coincide con la del frente.
"Podemos detectar la presencia de una nariz, ojos, pelos, barba y bigote en la superficie posterior que coinciden en lugar, forma, posición y escala con los del frente", dijo Fanti.
También crecieron las especulaciones sobre el autor de esa imagen. Una teoría mantiene que fue el trabajo de Leonardo Da Vinci, quien fue el primero en crear una técnica primitiva de fotografía y puso su propio rostro en el sudario.

Al final, quedan muchas dudas ¿Será el sudario dónde enterraron a Jesús?, ¿Será la mayor broma del milenio echa por da Vinci?...un poco más de info.

Comenzó en Abril de éste año a exhibirse en la Catedral de Turín, Italia, el Santo Sudario, reliquia que muchos creen fue la mortaja que cubrió el cuerpo de Cristo en su sepultura.

Se espera que millones de personas acudan a ver el polémico manto en el que supuestamente quedó impregnada la figura de Jesucristo junto con restos de su sangre, ya que es la primera vez en 10 años, y sólo la sexta en los últimos 100, en estar disponible a la vista del público.

La exhibición abre nuevamente la polémica sobre la autenticidad de Sudario. Mientras el mundo cristiano cree que el manto fue usado para cubrir el cuerpo sin vida de Jesús, otros lo consideran una falsificación y se basan en pruebas realizadas en 1988 que indican que la tela es de la Edad Media y tiene una antigüedad de no más de 800 años.

Esa doble impresión, se decía, era una imagen milagrosa, hecha por el maltratado cuerpo de Jesús, acostado, en toda su extensión y que doblada habría servido para cubrirlo por entero.

De ser la pieza autentica, esta reliquia desempeñaría un sortilegio fundamental, ya que, como se sabe, Jesús no dejó ni una sola letra escrita, ni un solo objeto de uso personal, como tampoco los documentos de esa época no lo mencionan, ni los historiadores de principios del siglo uno lo nombran. Solo quedó una tumba vacía, y el sudario llenaría ese espacio, al certificar la esencia de la historia de la “salvación”; la muerte y la y la resurrección del Salvador. Y la Biblia, además, no dice que aspecto tenia Jesús, pero en el sudario estaría precisamente la verdadera figura, y de cuerpo entero.

¿Pero de que manera esta pieza de lino termino siendo considerada por miles y miles de devotos como la mortaja misma de Jesús?

La historia es bastante oscura. Una probable sabana mortuoria fue venerada en Jerusalén en el siglo VII, lo que constituye una de las primeras menciones. Después fue trasladada a Constantinopla, hoy Estambul. Se perdió su rastro en 1204, después que los cruzados saquearon esa ciudad, y aproximadamente 150 años después, el caballero Geoffroy de Charny colocó un “santo sudario”en la iglesia de la aldea de Lirey, cercana a Troyes, al oriente de Francia. No existen datos de donde ni como la consiguió.

Muchos años después, Marguérite de la Roche, nieta de Geoffroy, la regaló a los condes de Saboya, los cuales la consideraron una especie de talismán mientras transcurría el largo ascenso hacia la realeza. Después de eso, en 1532 termino dañado por obra de un incendio que destruyo la capilla del palacio de Chambéry, su capital, en donde había sido guardado. Y el cofre de plata en el que estaba depositado se estaba fundiendo cuando un valeroso guardia tomó la reliquia y lo condujo a sitio seguro, en donde fue rociado con agua. Unas monjas plancharon los agujeros y cosieron al reverso un refuerzo de lona, y hasta hoy esas huellas de las quemadas y las manchas del agua son perfectamente visibles.

En el año de 1578, el sudario fue trasladado por sus propietarios por sobre los Alpes hasta su nueva residencia en Turín, y el ultimo rey de esa dinastía, el ex monarca Humberto II de Italia, lo dono a la Santa Sede. Después de la muerte de Humberto, en 1983, el papa Juan Pablo II se convirtió en su propietario legal.

Lo curioso es que nunca, a propósito de su errática trayectoria, la iglesia avaló su legitimidad. La verdad es que apenas apareció en Lirey, hacia 1536, fue motivo de mucha controversia.

Henri de Poitiers, el obispo de Troyes, prohibió su exhibición. Y quien lo sucedió, Pierre d`Arcis, alerto a su superior, el papa Clemente VII, que verdaderamente se trataba de una pintura “hábilmente ejecutada”, pero en respuesta le dieron instrucciones de exponer el sudario a los fieles como la “imagen” del cuerpo del Señor. Así, el público y el clero pasaron por alto este entredicho, y el Santo Sudario continuo venerándose con inmenso fervor.

Secondo Pia, abogado de Turín, en 1898 le tomo una fotografía por primera vez, utilizando para esto una cámara de cajón, descubriendo que el negativo tenia una imagen mucho mas clara y detallada que la que se podía apreciar a simple vista, ya que la imagen del paño revelaba un negativo, porque los valores de luz y sombra estaban invertidos, y no se pudo encontrar explicación alguna para este fenómeno.

En los años treinta el sudario era ya un objeto de atención internacional, se crearon clubes y asociaciones del sudario, se celebraron reuniones de estudiosos y se editaron muchos libros y artículos sobre el tema. Y además, se creo una especialidad nueva, la sinología, del griego sidon, que significa sudario.

En los setenta se solicitan exámenes imparciales del paño para demostrar su autenticidad, y el Vaticano accede a que se efectúen algunas pruebas físicas y químicas, y científicos de muchas partes del mundo comenzaron su trabajo, pero lo complicado fue permitir la extracción de una parte de la tela para pruebas en laboratorios.

Finalmente, el 21 de abril de 1988 canónigos de la catedral de San Juan Bautista de Turín seccionaron una parte del sudario de siete por un centímetro para luego ser dividida en tres partes, y así enviarse a los laboratorios de la Universidad de Arizona, en Tucson, a la Universidad de Oxford, y al Instituto Federal Suizo de Tecnología.

El 13 de octubre de 1988, a las 10 de la mañana, el cardenal Ballestero reconocía que en un 95 por ciento de certeza la sabana se había confeccionado entre los años 1260 y 1390. Correspondiendo a la cosecha de lino usado en la fabricación de la tela.

Si se lee con atención el libro “La revelación de los Templarios” de Linn Picknett y Clive Prince, se encontrara una posible, y bastante posible explicación a este misterio.



0
0
0
0No hay comentarios