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Manuel Belgrano, creador de la Bandera(Historia)

Manuel Belgrano, creador de la Bandera.

4 de junio de 1770 se lee en el libro parroquial de bautismos de la Iglesia Catedral de Buenos Aires, al final de la página 43:

"En 4 de junio de 1770, el señor doctor don Juan Baltasar Maciel, canónigo magistral de esta santa iglesia Catedral, provisor y vicario general de este obispado, y abogado de las reales audiencias del Perú y Chile, bautizó, puso óleo y crisma a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, que nació ayer 3 del corriente: es hijo legítimo de don Domingo Belgrano Pérez y de doña Josefa González: fue padrino D. Julián Gregorio de Espinosa".

Casa natal de Belgrano.


Su padre Domingo Belgrano y Peri era Genovés y llegó a la Argentina en 1751, se naturalizó y se hizo un gran comerciante. En 1757 se casa con doña María Josefa González Casero y tiene 8 hijos. A todos les dió una educación ejemplar y una buena vida. Belgrano fue el cuarto.
A su muerte (1795) Manuel Belgrano se hace cargo y comienza su exitosa vida comercial.
Pero primero a sus estudios que fueron lo que lo destacaron. Belgrano fue un abogado principalemente, no tuvo formación militar. Estudió en el Colegio de San Carlos, Bs. As.. Se recibió el 8 de Junio de 1787 como licenciado en latín y filosofia.
En Valladolid en 1793 se recibió de abogado en la Universidad de Salamanca y se interesó en lo que su padre queria, y por lo que lo habia mandado a España, en el comercio.
Luego tomó contacto con la Revolución Francesa y se impregnó de sus ideales. Pero a fines de 1793 recibe un comunicado oficial donde se le informaba que habia sido nombrado Secretario perpetuo del Consulado de Bs. As. y en febrero de 1794 se embarca hacia su Patria, a la cual serviria toda su vida en absoluta entrega, tenia apenas 24 años.
Ferreo defensor de la educación apoyo la extensión de esta a todos los estratos, especialmente fomentó a las escuales de Dibulo y Naútica, pero la metropolis española no lo dejaria y las cerraria.

Tradujo un libro de Economía Política, redactó un opúsculo sobre el tema.
Fue fundador del "Telégrafo Mercantil" y redactó muchas actas en su función de Consul.
En 1806 Belgrano se integró a las milicias contra la primera invasión inglesa pero estas no hicieron nada y el Virrey sobremonte escapó cobardemente hacia Cordoba con todo el oro que encontró. El consulado se vió obligado a reconocer lealtad a la corona Británica, pero Blegrano se negó y fugó a Montevideo y luego regrewso junto con las milicias que reconquistaron Bs. As.. Ante la segunda invasión Inglesa, Belgrano fue elegido sargento mayor del regimiento de Patricios. Para sentirse acorde al cargo se puso a estudiar rudimentos de milicia y manejo de armas, cumpliendo también con sus deberes de instructor.
Belgrano actuó como ayudante del Coronel César Balbiani, en el cuartel maestre general en la defenza de Santa Maria del Buen Ayre (Buenos Aires).

En 1810 las tropas de Napoleón tomaban españa y destronaban a Fernando VII. El gobierno virreinal censuró toda noticia pero una fragata inglesa trajo la noticia en una Gazeta que fue traducida por Agustín Donado. Belgrano, Saavedra y Castelli fueron los primeros en enterarse.
El 18 de Mayo de 1810 el Virrey Cisneros emite un comunicado informando la gravedad de la situación. El Domingo 19 ocurrieron incidentes y tumultos en pulperías y plazas. Saavedra y Belgrano, entrevistaron al alcalde de primer voto, Juan José Lezica, y solicitaron la reunión de un Cabildo Abierto.
El 21, es el pueblo acaudillado por Belgrano, French, Beruti. Rodríguez Peña el que llega en busca de noticias hasta las puertas del Cabildo, que está deliberando. Belgrano habla en representación de todos. El Martes 22 de mayo el Cabildo Abierto se realiza ante el recelo Español que debe pèrmitir las ingerencias criollas. El largo debate y la no menos larga votación ocuparon todo el día y parte de la noche. La sesión debió suspenderse, pero a su término ya estaba decidido, por la mayoría, la deposición del virrey y la entrena del gobierno al Cabildo, la JUnta de Cevilla habia caido y el Virrey no representaba a nadie más que a sí mismo, los criollos ven su oportunidad de librarse de él y participar del poder.
El 23 ocurre una tentativa de los españoles para detener el movimiento revolucionario. Al día siguiente se reúnen una vez más los criollos en la casa de Rodríguez Peña. Belgrano advierte su inquebrantable propósito de imponerse, aunque tenga a que recurrir a la violencia de las armas.
El viernes 25 de mayo los grupos populares ocupan la galería de acceso al Cabildo un un dái lluvioso. La gente estña en la calle y en los cuarteles, los españoles ya no gobiernan nada.
Belgrano. Azcuénaga, Rodríguez Peña, French, Beruti, llegan a la Plaza Mayor. Se delibera con los cabildantes peninsulares; las conversaciones se hacen largas y fastidiosas: el propósito dilatorio de las mismas es evidente. El pueblo se impacienta. El clima se torna amenazador y la resistencia cede. Una nueva era se inicia esa mañana para los pueblos del Plata. Se proclaman los nombres de los componentes de la Junta Provisional. Belgrano es designado vocal.

Belgrano en la Primera Junta


La sgte.siguiente parte la copio, me pareció muy bien explicada;

COMANDANTE EN JEFE DE LA EXPEDICIÓN AUXILIADORA AL PARAGUAY



(22 de setiembre de 1810 - 10 de marzo de 1811)

Durante el breve lapso de su actuación en la Junta, Belgrano actuó con su habitual entusiasmo. Había sido designado presidente de la Junta de Monte-Pío de ministros de justicia y real hacienda y protector de la flamante Escuela de Matemáticas, cuyo discurso inaugural pronunciara, sin abandonar, por otra parte, sus tareas de redactor del "Correo de Comercio". Dos actos de este período subrayan su desinterés excepcional: cede su sueldo de vocal do la Junta para financiar la expedición militar a Córdoba. y dona gran parte de sus libros para formar el acervo inicial de la Biblioteca Pública, recién fundada por iniciativa de su amigo Mariano Moreno.



"Me hallaba de vocal de la Junta Provisoria cuando en el mes de agosto de 1810, se determinó mandar una expedición al Paraguay. La Junta puso las miras en mí para mandarme con la expedición auxiliadora, como representante y general en jefe de ella: admití porque no se creyese que repugnaba los riesgos, que sólo quería disfrutar de la Capital, y también porque entreveía una semilla de desunión entre los vocales mismos, que yo no podía atajar, y deseaba hallarme en un servicio activo, sin embargo de que mis conocimientos militares eran muy cortos . . . ".

La hostilidad del gobernador del Paraguay don Bernardo de Velazco hacia la Junta de Buenos Aires, decidió el envío de una expedición; se iba a auxiliar con la fuerza armada a los pueblos de Entre Ríos, la Banda Oriental, Corrientes y Paraguay.

La expedición se preparó en San Nicolás de los Arroyos, Iugar donde Belgrano se hizo cargo del mando. Encontró soldados

Mapa del Auxilio al Paraguay


bisoños, oficiales sin instrucción, escasez de parque; no tenía órdenes detalladas y precisas, carecía de mapas adecuados; sólo vislumbraba un largo y agobiador camino hacia lo desconocido. Aun las disposiciones de rutina eran para el jefe improvisado una novedad, pero con decisión inquebrantable solucionó, sobre la marcha, los problemas, interiorizándose de la técnica militar, aprendiendo y superándose día a día, siendo ejemplo permanente de lo que puede la voluntad de servir.

Los pueblos celebraron a su paso a este ejército de libres, lo que confortó sus ánimos. AI llegar a Corrientes, siempre alerta el espíritu civilizador de Belgrano, dispuso el trazado definitivo de dos pueblos, Curuzú-Cuatiá y Mandisoví, con un extenso e ilustrativo reglamento.

A los tres meses de la partida su ejército realiza la primera operación militar: fuerza el cruce del río Paraná y toma Campichuelo, ocupado por los realistas. En Itapúa, donde se prepara para las futuras acciones, aún halla tiempo para redactar un humano documento, el Reglantento para los indios de las Misiones.

El 19 de enero de 1811 los 700 hombres de Belgrano se enfrentaron en Paraguay con los 7.000 de Velazco. La lucha, iniciada con gran vigor por los patriotas terminó, como era lógico, dada la disparidad de fuerzas, con su derrota, no decisiva, ya qué Velazco ni intentó su posterior persecución.

Belgrano retrocede entonces, en buen orden, hasta Santa Rosa. Allí recibe comunicaciones del gobierno que le ordenan que ponga fin a la campaña paraguaya y se traslade, urgentemente, a la Banda Oriental. Prosigue entonces la retirada hasta las márgenes del río Tacuarí donde están apercibidos. los 2.000 hombres del general Manuel Cabañas, quien le intima rendición. Contesta Belgrano negativamente en una hermosa nota y la lucha se traba. Es encarnizada y larga. Dura siete horas. Luego se parlamenta. Y los héroes de la jornada obtienen entonces los frutos del esfuerzo; pueden retirarse con armas y bagajes, honrados por todos, mientras su general - luchador en todos los terrenos siembra en el ánimo de los paraguayos la semilla de la libertad, que generosamente portaron en sus mochilas, desde 1810, los soldados de la patria.

DESDE EL ARMISTICIO DE TACUARI HASTA SU MARCHA HACIA EL NORTE

10 de marzo de 1811 - 1° de marzo de 1812

El gobierno había ordenado a Belgrano que se dirigiera a la Banda Oriental, porque en ella se desarrollaban hechos decisivos y era necesario unificar el mando para evitar fricciones entre los jefes insurrectos de la campana.

En abril, al Ilegar a Concepción del Uruguay, designa como su segundo a José Gervasio Artigas y toma las primeras providencias para extender la insurrección por toda la Banda Oriental. En estos momentos recibe la orden de entregar el mando a José Rondeau y regresar a Buenos Aires. La Iucha política entablada en el seno de la Junta alcanzaba a quien, como Belgrano, se había alejado para evitarla. Las diferencias entre morenistas y saavedristas habían hecho crisis, en un turbio movimiento, Ia noche del 5 y 6 de abril, que provocó el alejamiento del gobierno de Ios primeros y, entre otras providencias, la suspensión en sus funciones y grados a Belgrano, y la orden de su enjuiciamiento por la campaña del Paraguay. La reacción general hizo honor aI pueblo: nadie se presentó a deponer contra el jefe, gratuitamente ofendido; sus oficiales enviaron una nota que al honrar a Belgrano, los honró a ellos; hasta los alcaldes de barrio alegaron en su favor. E1 error era tan evidente que para repararlo la Junta ofreció a Belgrano una misión diplomática en el Paraguay; pero éste exigió antes de responder, la substanciación deI proceso. El 9 de agosto de 1811 se le da término con su reposición en grados y honores y considerandos Iaudatorios. Al día siguiente Manuel Belgrano y el doctor Vicente Anastasio Echevarría son designados representantes ante el gobierno paraguayo, donde un movimiento popular había reemplazado al gobernador Vélazco, por una Junta en la cual gravitaba don José Gaspar Rodríguez de Francia.

La actitud del nuevo gobierno al alejarse de la órbita porteña; explica el viaje de los dos comisionados. El 12 de octubre de 1811 Ios representantes argentinos firmaron con los paraguayos uña convención que, en esencia, es el reconocimiento de la independencia del país del norte.

De regreso en Buenos Aires, Belgrano, coronel del Regimiento de Patricios, hace frente a un grave motín de los mismos. Sofocado sangrientamente por el gobierno, Belgrano debe marchar, ahora, al Rosario, donde se fortifica la margen derecha del Paraná. Una vez más encuentra soldados bisoños, escasez de materiales, dificultades que vencer. Como siempre, en sus informes al gobierno, al puntualizar los problemas, presenta las probables soluciones con que deben encararse los mismos.

En su nota del 13 de febrero propone que la escarapela que distinguía a nuestros soldados, fuera única para todos y distinta de la española. Cinco días más tarde el Triunvirato responde con el decreto que dispone la suplantación del rojo distintivo realista por la escarapela celeste y blanca. Dado ya el primer paso, distribuidos los nuevos colores, tan populares entre los criollos, designa Belgrano a las nuevas baterías - que el celo del coronel Monasterio está terminando - con los sugestivos nombres de Libertad e Independencia.

Finalmente, el 27 de febrero de I8I2, ante sus hombres formados en cuadro, les presenta la bandera celeste y blanca de su creación. Breva es la proclama y rotundo el juramento: "Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad".

Belgrano informa al gobierno, la desaprobatoria respuesta de éste no llega hasta él; de acuerdo con las órdenes recibidas, el 1 - o el día 2 - de marzo se ha puesto en marcha hacia el Alto Perú.

La revolución agoniza en las altas puertas del norte de la patria. Hacia el drama norteño se dirige ahora Belgrano, para rescatar, de la sima en que se halla, la causa de mayo - que es la suya - para ilustrar los fastos de la patria con los milagros de Tucumán y de Salta.

EL DRAMA DEL NORTE (1812-1813)- EL EXODO JUJEÑO
La derrota de Huaqui echó por tierra las esperanzas norteñas de un fácil triunfo por el norte. Los hombres salvados del desastre son recibidas por Pueyrredón en Jujuy y bajan lentamente hasta Salta. En Yatasto los encuentra Belgrano, el nuevo jefe, quien recibe los 8O0 hombres, reliquia del ejército del Norte, sin armas, desmoralizados, incapaces al parecer de luchar, otra vez, contra los hombres de Goyeneche.


"La deserción es escandalosa - escribe al gobierno - y lo peor es que no bastan los remedios para convencerla, pues ni la muerte misma la evita: esto me hace afirmar más y más en mi concepto de que no se conoce en parte alguna el interés de la patria, y que sólo se ha de sostener por fuerza interior y exteriormente".

La tarea que debe realizar es agotadora: reorganizar los cuadros, disciplinar los soldados, abastecer el ejército, dar ánimos a la población, crear, solo, en un puesto donde la improvisación puede ser falta para todos, un ejército armónico, disciplinado, apto para luchar contra los aguerridos regimientos que comandan los españoles. Se vuelve, entonces, ordenancista al extremo. Su rigor, su inflexibilidad, su intolerancia para cualquier falta del servicio, le enajenan la popularidad entre la mayoría, pero salvan á todos y con ello a la patria. Dentro de las rígidas normas que establece en su ejército, se forman hombres que ilustrarán las armas argentinas: Manuel Dorrego, José María Paz, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Cornelio Zelaya, Lorenzo Lugones. Son jóvenes entusiastas en cuyas almas arde la llama inextinguible de un patriotismo exaltado.

Goyeneche permanece, mientras tanto, detenido en el Norte por la insurrección cochabambina. Hasta Jujuy se dirige, entonces, Belgrano y en la vieja ciudad celebra, en 1812, el 25 de mayo. Por segunda vez presenta al pueblo y a los soldados la bandera de su creación, que es bendecida al término del tedéum por el deán de la Iglesia Matriz don Juan Ignacio de Gorriti.

Nuevamente el gobierno lo reprende por su actitud; Belgrano dolorido, responde en una nota: "La bandera la he recogido y la desharé...". Otras preocupaciones se suman: el estado sanitario de las tropas es deficiente, el paludismo hace estragos, los efectivos del ejército no aumentan en la cantidad que las circunstancias requieren, y Goyeneche, libre ya su retaguardia, se dispone a entrar en territorio argentino por la puerta grande de Humahuaca.

En agosto de 1812 se produce la invasión del ejército español, compuesto de 3.000 hombres, a las órdenes del general Pío Tristán, primo de Goyeneche y como él, natural de Arequipa. El 23 de agosto de 1812, dispuesta ya la retirada, lanza Belgrano su famosa proclama a los pueblos del norte: "Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, os he hablado con verdad... Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres . . . ".

Jujuy responde heroicamente al llamado patriótico. Y como en los viejos éxodos de la historia, todo un pueblo marcha con sus soldados - hijos de su seno - guiados por quien, sabedor de que esa es su hora de gloria, va sereno, hacia el campo de las Carreras, donde el drama ha de resolverse luego de treinta días de incertidumbre y duelo.
La gente debía llevarse todo lo que podía ser transportado en carretas, mulas y en caballos. Y así lo hizo.
Los pobladores siguieron a Belgrano cargando muebles, enseres y arreando el ganado en tropel. Cuando el ejército
español llegó a las inmediaciones, encontró campo raso. Las llamas habían devorado las cosechas y en las calles de la ciudad ardían aquellos objetos que no pudieron ser transportados. Todo era desolación y desierto.
El éxodo llegó hasta Tucumán, donde Belgrano decidió hacer pie firme. Pero la vanguardia realista había perseguido y hostigado a los patriotas y finalmente las atacó. El 3 de septiembre de 1812 se libró el Comabte de Las Piedras, a orillas del río del mismo nombre. En esta ocasión la victoria fue para los patriotas.

TUCUMÁN (24 de setiembre de 1812) Y SALTA 20 de febrero de 1813

El ejército del Norte se retira lentamente, hostigada su retaguardia por dos columnas españolas envalentonadas por la facilidad de la maniobra. Belgrano se afirma ya en la idea de hacer frente al enemigo en Tucumán. Pero las órdenes que recibe del gobierno son terminantes: destruir todo lo que pueda ser útil al enemigo y continuar retirándose hacia Córdoba. El 3 de setiembre un combate de retaguardia sobre el río Las Piedras, demuestra el temple de los soldados que intervienen en él e infunde esperanzas a todos.

En las proximidades de la ciudad de Tucumán recibe Belgrano a una comisión que le ofrece los hombres y las armas disponibles para hacer frente a los realistas y, lo que es más, la decisión de vender caras sus vidas. Belgrano se decide; desobedecerá al gobierno para luchar al lado de este pueblo heroico. Pone a la ciudad en estado de defensa y forma sus tropas al norte de la misma, de espaldas a ella. Los españoles, confiados en su mayor experiencia, suponen el triunfo fácil. Flanquean por la izquierda la línea patriota para cortarles la retirada del sur, visiblemente, sin enmascarar sus movimientos, tan seguros están de la victoria. Belgrano cambia su frente hacia el oeste y el choque se produce. Es el 24 de setiembre de 1812: son las 8 de la mañana. Pronto la batalla se hace confusa, de difícil conducción. Los ejércitos se dividen, se fragmentan en grupos que pelean interpolados, medio ocultos por el humo hurente de los pajonales incendiados, mientras sobre el campo de las Carreras se abate una espesa manga de langostas que aumenta la confusión.

Recién al anochecer -ha sido toda una larga jornada de heroísmos individuales - Belgrano logra reunir a sus huestes vencedoras. Los realistas dejan en el campo de batalla 450 muertos y 700 prisioneros, 7 cañones, banderas y estandartes y, sobre todo, jirones de su petulancia de la víspera.

Be!grano no ha logrado, empero, la decisión total. Tristán tiene tiempo de reunir los restos de su ejército y, sin ser molestado, se dirige hacia Salta.

La victoria tuvo gran repercusión en todo el país. Tucumán, "cuna de la libertad y sepulcro de la tiranía", la celebra jubilosa. El 27 de octubre se realizó una misa en acción de gracias. Por la tarde, cuando la procesión portaba en las andas a Nuestra Señora de las Mercedes, en medio de la conmoción universal, Belgrano puso el bastón que llevaba entre los cordones del atuendo de la imagen.

Durante los cuatro meses que siguieron al sonado triunfo, se refuerzan los efectivos del ejército y se aprovisiona para hacer frente a las necesidades de la próxima campaña, que tiene por meta a Salta.

A principios de enero de 1813 el ejército se pone en marcha hacia el norte. Ya para el 11 de febrero el grueso de las tropas había cruzado el río Pasaje. Allí decide Belgrano que las tropas presten el juramento de fidelidad a la Asamblea General Constituyente que, con ; gran pompa, ha inaugurado sus sesiones en Buenos Aires el 31 de enero.

Por tercera vez despliega la bandera celeste y blanca ante el ejército formado. "Éste será el color de la nueva divisa con que marcharán al combate los nuevos campeones de la patria", les dice. Y luego, personalmente, y en forma individual, toma juramento a los soldados. Sobre una margen del río se yergue un árbol eminente y frondoso. Cuando los ecos de la marcha de1 ejército se pierden a lo lejos, sobre el gigante vegetal, mudo testigo de la emocionante ceremonia, queda prendido en su tronco, una tablilla, grabada a punta de cuchillo, donde se lee Río del Juramento.

Tristán espera a Belgrano en Salta con casi 4.000 hombres. Los patriotas amagan atacar por el este, pero, imprevistamente, después de una marcha difícil por la fragosa quebrada de Chachapoyas, aparecen por el norte, aislando a Tristán de sus bases. Belgrano realizó así, exitosamente, una difícil marcha estratégica, que lo puso frente al enemigo en ventajosas condiciones.

EI 20 de febrero de I813 después de tres horas de lucha se rindieron los españoles. Dos generales, 7 jefes, 117 oficiales y 2.683 soldados, desfilaron, vencidos, ante el ejército patriota. Los 600 muertos de ambos lados fueron enterrados en una fosa común, bajo la misma. gigantesca cruz de madera. Las capitulaciones firmadas con Tristán, permitían a los realistas volver a sus casas, previo el juramento de no tomar nuevamente las armas contra las Provincias Unidas. Esta lenidad en las condiciones, desató, contra Belgrano, las críticas de los partidarios de una acción enérgica. "Siempre se divierten - le escribía a Chiclana los que están lejos de las balas . . . ".

La Asamblea Constituyente. con fecha 8 de marzo, dispuso premiar a Belgrano con 4~0.000 pesos y un sable con guarnición de oro por el brillante triunfo obtenido.

Generosamente declinó el obsequio Manuel Belgrano. Y al hacerlo, comprometió para siempre la gratitud de Tarija, Jujuy, Tucumán y Salta, para quienes dispuso, con ese dinero, la creación de cuatro escuelas. "Que renunciar, es poseer".

VILCAPUGIO (1 de octubre de 1813) Y AYOHUMA (14 de noviembre de 1813)

Después de los triunfos de Tucumán y Salta que fueron posibles por la desobediencia lúcida de Belgrano, el gobierno lo urge para que abra, nuevamente, la campaña del Alto Perú. Convaleciente de paludismo, desagradado por la falta de armonía entre algunos de sus jefes, con dificultades para abastecer su ejército, el general trata de conciliar los apuros de Buenos Aires, con la realidad que vive en Jujuy. Resueltos en parte sus problemas, dona al Cabildo de la ciudad un estandarte blanco con el escudo de la Soberana Asamblea pintado en el centro, para reemplazar al tradicional del rey, y se dirige a Potosí, la villa imperial, enjambre de gentes y de fortunas fáciles.

Desde la ciudad que lo recibe en mil atenciones, gobierna a los pueblos del Alto Perú y aumenta los efectivos de su ejército, para enfrentar a los 4.000 hombres del desanimado Goyeneche. Concentra ahí, en sus manos, el poder militar y el civil, lo que duplica sus trabajos y responsabilidades.

¡Hay que Ilegar a Lima!, es la consigna del momento. Nunca ha parecido más próxima tal posibilidad a los patriotas, como durante las semanas de preparación en Potosí. Los españoles no permanecen. por su parte, inactivos. Designan un nuevo jefe, Joaquín de la Pezuela, enérgico y decidido. Los acontecimientos se precipitan. Por ambos bandos se realizan expediciones de reconocimientos. Belgrano sale de Potosí y se dispone a levantar contra los españoles Ias poblaciones del Bajo Perú. Mientras tanto, Pezuela, por documentos caídos en su poder, se entera de Ios planes de Belgrano. Atrevidamente, contra todo lo esperado, avanza por las montañas, y presenta batalla en Vilcapugio el 1° de octubre de 1.813. La Iucha, reñidamente disputada, parece decidirse con el triunfo argentino y se inicia ya la persecución cuando, inesperadamente, se suspende el ataque. El respiro es bien aprovechado por los jefes realistas: agrupan a sus hombres, ponen en línea a las reservas y ganan. en una postrera y decisiva acción, la batalla casi perdida para Pezuela.

Los patriotas dispersos se van reuniendo en torno de su jefe, atraídos por la bandera que él sostiene en la diestra, o por el monótono son de los tambores que, ininterrumpidamente, convocan a los extraviados. Durante la noche, embozados entre las

Voces ambas de origen quichua significan, y Vilcapugio: pozo santo; Ayohuma: cabeza de muerto.

Como todos los demás idiomas aborígenes de América, el quichua carecía de alfabeto, y los cronistas e historiadores debieron expresar las voces autóctonas de acuerdo con su propia interpretación fonética y ortográfica, circunstancia que explica el por qué de la diversidad en las grafías de los vocablos indígenas.

sombras, desfilan hacia Macha los restos del ejército de Belgrano: adelante, a caballo, los heridos; a pie, los de la retaguardia; al Iado de los últimos, su general con el fusil al hombro y un tamborcillo de órdenes siguiéndolo, con dificultad, a su vera.

En Macha, Belgrano trata de llenar apresuradamente los claros de sus filas; volverá a combatir a pesar de la opinión de algunos de sus jefes; no va a dejar abandonados a esos pueblos que tan constantes le han resultado durante su permanencia en ellos. El ejército marcha entonces hacia la meseta o pampa de Ayohuma. El 14 de noviembre de 1813, después de tres horas de lucha, Belgrano es derrotado por Pezuela. Ahora ya no puede hacer pie en ese altiplano, tan hostil para las armas de la patria. Hay que retirarse otra vez, portando todo lo que pueda ser útil al enemigo, y quemar las cajas del parque y los fusiles para combatir el frío mortal de las alturas.

Potosí, Mojos, de nuevo Humahuaca, el camino se desanda en un bajar incesante. Luego Jujuy, Salta, cuya población se marcha con el ejército en retirada llevándose hasta Ias campanas de sus iglesias; sólo quedan las partidas emboscadas en los cerros nativos.

Belgrano - nunca más jefe que durante estas horas de prueba - está enterado de la llegada de un nuevo coronel, José de San Martín, quien ya ha hecho su estreno bélico en suelo americano. Desde Lagunillas, Humahuaca y Salta, Belgrano, que admira sin conocerlo al nuevo jefe, le escribe notas urgiendo su venida.

El general en jefe del Ejército del Norte, el vencedor de Tucumán y Salta piensa, sólo, en estas horas. en su tierra invadida. ". ..mi corazón toma nuevo aliento cada instante que pienso que Ud. se me acerca - le escribe a San Martín desde Jujuy porque estoy firmemente persuadido de que con Ud. se salvará la patria..."
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