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Miles Davis, también era artista plástico

Mi futuro comienza cuando me levanto cada mañana… Cada día busco algo creativo para hacer con mi vida”.
Miles Davis

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Más como hechicero que como artista, Miles Davis es, tal vez, una de las figuras más imponentes de la historia del siglo XX. Siempre buscó la llave correcta en los pistones de su trompeta y en las líneas de sus partituras para que su espíritu regresara a África; varios de sus álbumes fueron conjuros cuánticos que lo llevaban a aquel continente cuando colocaba la boquilla de aquel portal, ese metal de viento sonoro, en sus labios.



Miles alzó su trompeta al cielo buscando una estrella que al mismo tiempo iluminara Nueva York y alguna llanura en el más viejo de los continentes, y al encontrarla, ella le dio luz a su trompeta; la frescura de la noche en una nota elegante y larga, una onda sonora brillante y gris, un poema sin palabras. Un sofisma lleno de nostalgia.
 
Runing the Voodoo Down (óleo/grafito, 1973)
 
Tras el lanzamiento de “Bitches Brew” (1970), que no sólo es uno de los álbumes más influyentes en la historia del Jazz y de la música contemporánea, sino una obra maestra por sí mismo, Miles decidió llevar a cabo un experimento para abrir nuevos horizontes y buscar otras estrellas con notas, no sólo más altas sino con más texturas y colores (se dice que ponía a improvisar a los músicos que lo acompañaban, maestros como Joe Zawinul y John McLaughlin y los grababa sin que ellos supieran); este titán afroamericano sentía que había llevado su Jazz hasta la cima de algún volcán en algún lugar remoto de África, y que a través de la pintura debía quedarse ahí.


African Key (óleo/masonite, 1975).
 
Portada de Bitches Brew (Columbia, 1970), creada entre Miles y Mati Klarwein, la cual simboliza lo que nuestro protagonista llamó “mi salto cuántico a África…”
 
Es durante estos años que Miles se retiró para incursionar en el arte plástico, particularmente en la pintura, creando un estilo propio que la crítica llamó “primitivismo” o “neo-africanismo”; tal vez lo que Jackson Pollock había intentado lograr mientras escuchaba acetatos del mismo Miles cuando pintaba: ir más allá delexpresionismo y traer de nuevo lo que cualquier arte -gráfico o no- representa; la verdadera exposición de aquello que nos atrevemos a llamar SER.
Está de más mencionar la clara influencia que tendría en artistas posteriores como Al Díaz, Julian Schnabel y Jean-Michel Basquiat.




Robbie’s Room (acrílico, lápiz sobre tela, 1973).
 
Su obra fue expuesta por primera vez en el Robbie’s Room, un bar en Nueva York donde solía tocar a principios de los años 60.




Lo que Miles Davis logró a través de este viaje artístico-espiritual para regresar a África, usando la música y la pintura como una hermosa quimera, es exponer la magia absoluta del alma: La culminación del arte rupestre; la consolidación de la expresión de aquello que grita el SER desde nuestras entrañas. La inevitabilidad y aceptación del legado de nuestro pasado.
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