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Olvídate de eso.





una canción para acompañar la lectura.




Un ratoncito del color de una bolsa de churros corretea por un laberinto de cartón piedra. Dos señores de pelo blanco (el poco que conservan) vigilan su trayecto con un cronómetro y un ipad en la mano.

- ¡Ratón estúpido!... se escucha en la sala, mientras el animalito mira la pared de un callejón al final de uno de los "caminos erróneos".

No debe ser tan fácil. Me imagino que el ratón querrá encontrar la salida. No debe gustarle esa sensación de no saber a dónde va. Pero los señores de bata (a juego con su pelo) no lo creen así. Ellos quieren que recuerde las veces en las que se equivocó, y también aquellas en las que dio con el camino correcto. La casualidad frente a la ciencia. El azar frente a la memoria.

El cerebro humano de un individuo adulto estándar contiene unos 100.000 millones de neuronas y unos 100 billones de interconexiones entre éstas. Se estima que tenemos la capacidad de almacenar en nuestra mente una información equivalente a la de 10 billones de páginas de enciclopedia. Queda claro que usamos un porcentaje ínfimo de nuestra capacidad real. ¿Y encima pretendemos que un pobre ratoncito esté a la altura de nuestras expectativas?

Nuestros padres memorizaban la lista de los Reyes Visigodos, las tablas de multiplicar, los ríos de España con sus afluentes… ¿Realmente es útil y provechoso tener una memoria portentosa, a no ser que sea para triunfar en algún programa de televisión “freak”? Tener buena memoria es bueno. Pero tener una memoria muy desarrollada debe ser un infierno. La patología en cuestión se llama hipermnesia, y viene a ser justo lo contrario de la amnesia (más conocida en nuestro mundo real). Es un don. Un maldito don, que hace que la persona que lo “padece” recuerde hasta el más mínimo detalle de su existencia. Qué suerte debe ser poder recordar las fechas importantes (sobre todo para los hombres… benditas agendas del móvil); pero recordar cómo has ido vestido cada día de tu vida tiene que convertirte en un sufrido inadaptado.

El ser humano necesita olvidar. Necesita recordar selectivamente, y borrar – consciente o inconscientemente – ciertos capítulos de su vida. El dolor de una madre al parir, un desencuentro con un hermano, algún trauma, muchos miedos. Somos los únicos que chocamos dos (y tres, y mil) veces en la misma piedra. Aligeramos nuestras mentes de recuerdos negativos, para caminar más serenos y, en definitiva, más felices. No podríamos soportar recordarlo todo.

Ojalá pudiéramos elegir, pero no. La memoria va por libre. Ella decide qué almacenar y qué no. No es tan fácil como seleccionar y darle al botón de Supr.

Al final compensa. Necesitamos olvidar. Aunque luego siempre nos pasemos, al igual que el ratón, buscando la salida.




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