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Padre Horacio, el pederasta. (Cuento)

Tropiezo con el primer escalón de la interminable y gris escalera, sigo subiendo sin problemas hacia la catedral, a encontrarme con el padre Horacio. Un viejo jorobado que paso su vida dentro del claustro.Mucha fama de pederasta y varias acusaciones en su contra, no muy distinto a los demás.
Resulta fácil de entender su comportamiento si parto de la poca naturalidad con la que vive, una vida de abstención y deseos carnales que obviamente alcanzan a los mas débiles. Lo mismo pasa con las ideas de estos señores, se inculcan a los niños a una edad temprana para así no tener ninguna resistencia de su parte y poder crearles un pensamiento propio de un mentecato optimista.
Quería hacerle algunas preguntas sobre su profesión al pobre profeso, no me iba a ser fácil oír lo que esperaba, hacerlo traicionar su religión era complicado. Abrí la gran puerta de madera robusta, seguida de un ruido un tanto fantasmagórico, que iba bien con la vistosa sotana del cura; ahí es cuando lo veo parado frente a un grupo de creyentes esperando salvar sus asquerosas vidas a través de las palabras de este anciano, mas desagradable aun.
Apoyando una rodilla en el suelo, se me escapa una risa ahogada por el hermoso sonido del órgano, menos mal. Tome asiento en el anticuado banco muy cerca de una señora mayor, repleta de crucifijos por todo su cuerpo, causaba una sensación de lastima. Ahí espere que terminara la misa para charlar con este fabricante de humo.
Pasados los minutos y unos cuantos amen, termino la congregación de idiotas, que salieron desfilando por el camino alfombrado entre medio de los bancos, con las cabezas gachas, parejas de la mano amándose artificialmente esperando encontrarse en el paraíso.
Camine contra este mar de irracionales para llegar al sabio pedófilo, pidiendo permiso y saludado por un par de dios le bendiga, dando respuestas graciosas como gracias hermano o a ti también. Que es esto de andar bendiciendo en nombre de dios? El no puede hacerlo solo?
Ahí es cuando el padre estaba frente a mi, con una sonrisa un poco pervertida escupe las palabras
Que tal hijo? Que lo trae por aquí?
Padre querido, últimamente estoy con unas dudas terribles, anduve pensado en un grave problema del paraíso. Sabe que tal están los niños allá arriba? Llegan vírgenes al cielo? Porque si usted sigue así allá arriba no le va a quedar ninguno.
Ja ja.
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