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Poema oficinesco.

Te escribo desde la oficina,
hoy el jefe me ha dejado
con trabajos que él no quiere;
sacar copias,
ordenarlas
clasificarlas,
rubricarlas,
y archivarlas.

Y el memo de las 20,
cuando el café deje de humear,
como una perra en celo.

Pero irradia vida la ventana,
desde la otra parte del multiverso aciago;
a pesar de los antídotos que expenden
farmacias por doquier en esta city.

Pero parece divertido estar afuera,
pero solo es apariencia,
allí fuera denotan otras formas,
y otras dádivas se encierran en cementos agrietados;
allá fuera
también vive la pequeña hipocresía,
lamiendole las botas a los ricos.
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