Arte

Primer encuentro

Ayer lo vi por primera vez:

Habíamos quedado en que me mandaría un mensaje cuando llegará y así lo hizo. Al recibir ese mensaje, corrí a buscarlo. No podía creer que por fin lo tendría a centímetros y no a kilómetros. Estaba muy nerviosa y emocionada a la vez. Las mariposas, la emoción y los nervios se mezclaban en mi estómago rápidamente. Había planeado este encuentro millones de veces y, por fin, hoy se hacía realidad. Supliqué que ésta vez no sea un sueño pero se sentía demasiado real como para ser uno. Cada vez que pisaba el suelo, al caminar, entraba en dudas interminables sobre qué iba a decirle o qué iba a hacer. Entonces, me encontré corriendo. Quería llegar lo más rápido posible a pesar de mi guerra interna. Sentía la adrenalina correr por mis venas y ni sabía porque. Ya mismo quería sentir sus brazos protegiéndome, sus manos acariciándome y sus labios besándome.

Me encontré con que ya había llegado a la terminal, que sólo debía esperar que llegará y eso no iba a tardar mucho debido a que ya había entrado en la ciudad. Entonces decidí sentarme en un banco de la plaza de enfrente para estar más cómoda. Mi respiración estaba algo agitada y la gente al pasar me miraba algo extrañada, quizás me veían de la misma forma que yo me sentía. Sentía miedo, nervios, emoción... Y todo a la vez. Por una parte quería que llegará ya y poder ser feliz con él pero, por otra parte, tenía miedo de verlo. Fue en ese momento cuando vi el colectivo llegar, estacionando, y sentí que las mariposas se me subían a la garganta. Podía ser él o también podía ser cualquier otro colectivo. Entonces decidí quedarme sentada y esperar, si era, él me avisaría. Sorprendentemente, sucedió. Mi celular vibró, era un whatsapp. Recuerdo que incluso tenía hasta miedo de mirar el remitente pero lo hice y si, era él. "Ya me bajé, ¿dónde estás? Ya quiero tenerte".


Ya era hora de levantarse y cruzar para encontrarlo. Por alguna razón estaba paralizada, con miedo, mucho miedo. Entonces recordé una frase de uno de mis ídolos que me ayudo bastante. "Me pase la vida imaginándote, no es momento para ser cobarde". Por lo que, básicamente, crucé la calle corriendo y caminé unos pasos más yendo a la parte trasera dónde divise un gran tumulto de gente que recién había llegado. No lograba verlo con tanta gente, entonces le mandé un whatsapp: "Hay mucha gente, no te encuentro. Camina hasta la esquina, hay un quiosco azul. Voy para ahí." Así que me giré sobre mis talones y comencé a caminar hacia allí. Sentía que las cosas se estaban complicando, y sí, exageraba. No alcancé a caminar más de siete pasos que sentí que gritaron mi nombre. Volví a girarme sobre mis talones para ver de dónde provenía ese grito. Mi corazón comenzó a latir con fuerza, estaba detrás a unos pocos pasos. Estaba a tres metros y no a cuatro horas y veinte minutos lejos de mí. Rápidamente corrí hacia él y lo vi extender sus brazos hacia mí.


Estaba sintiendo sus brazos arroparme, me estaba abrazando. Y yo aún no lo creía. Había deseado tantas veces sentir un abrazo de él. Había deseado que tan sólo salga cinco minutos de la pantalla de mi computadora y me de un abrazo... Pero aquí estábamos, abrazándonos, de verdad. Sentía sus lágrimas caer en mi hombro, mojándome. Recuerdo que me había dicho, mucho antes, que la primera vez que nos veamos iba a llorar. Y, recordando, me entraron inevitables ganas de llorar con él, así que lo hice. No podía creer que ese abrazo fuera real y no uno de los tantos de mi imaginación. Entonces sentí que se acercaba un poco a mi oreja, aún abrazándome. Quizás iba a decirme algo o tal vez sólo se estaba acomodando. Sentí un pequeño gemido proveniente de llanto y sonreí. "Te amo" me susurró de repente y sentí un escalofrío inundarme el cuerpo. Ésto no era una nota de voz, no era una llamada, ni era un mensaje; era real.


"Yo también te amo" le respondí entrecortadamente por las lágrimas y él se separo un poco de mí, dejando de abrazarme para poder mirarnos bien de cerca. Me miraba fijamente a los ojos y luego bajo su mirada a mis labios. Parecía hipnotizado, muy concentrado. Habían pasado unos minutos y él aún me seguía mirando sin decir nada, lo que hizo que me sintiera algo incómoda. "Sé que soy fea, pero tampoco para tanto, eh" Hablé para romper el hielo. No sabía que decir y fue lo primero que se me ocurrió. Acto seguido sonreí, sintiéndome una tonta. Lo vi hacer una pequeña sonrisa hacia mí y llevó una mano a mi mejilla, acariciándome. "Sos más linda de lo habitual cuando estás sonriendo" me respondió, elevándome a las nubes. Sentí fuego en mis mejillas y deducí que el color estaba subiendo a ellas. Él aún seguía acariciándome y rió levemente al ver mis mejillas coloradas. Luego, lentamente, bajo su mano hacia mis labios y acarició mi labio inferior lentamente. Nuestras sonrisas habían desaparecido rápidamente y nos miramos a los ojos al mismo instante. Entreabrió sus labios y sonrío con algo de melancolía. "Esperé toda mi vida para esto" susurró dulcemente y me besó.


Era nuestro primer beso y era perfecto. Los dos habíamos esperado demasiado tiempo para esa unión. Ese beso duró varios minutos, hasta que nos separamos para poder ir a otro lado. Debíamos ir al hotel donde él se hospedaba para que deje sus cosas allí. Obviamente, íbamos a estar juntos todo el tiempo que él se quedara. "¿Vamos al hotel así dejo esto?" me preguntó antes que yo se lo dijera y asentí. Comenzamos a caminar y él comenzó a hacer chistes para hacerme reír. Recuerdo que uno fue demasiado malo y le dije "Ese te resto mil besos. Ahora tenes mil besos menos que darme" le dije riéndome a carcajadas y él hizo una mueca. "¿Mil besos? Ay, pero mi amor, mil besos no son nada... Es lo que te daría en media hora, veinte minutos, no sé, pero no son nada" Me contestó sonriendo. Todo estaba siendo muy perfecto, nada ni nadie podía arruinar ese momento que tanto había esperado. "¿Si? ¿tantos?" le respondí para seguir la conversación y él me acarició la mano caminando. "¿Querés ver?" me contestó desafiándome, cosa que siempre suele hacer. Solamente sonreí y me besó.


Después me sonó el despertador. "Mierda" susurré.