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La vida es tan frágil que basta con una simple acción errónea para terminar con ella.

Esta es mi historia:

De niño siempre me apasiono ese sonido de los coches de la época, ese fuerte rugir al acelerar, ese aroma tan que incluso te llevaba a extasiarte quizá de una manera un tanto enferma y el ver como aquellos pedazos de caucho se aferraban al asfalto para continuar avanzando tan rápido o tan fuerte tal como las personas se aferran a aquello que tanto añoran de esta vida.

No podía evitar sentir esa curiosidad de como aquellas bestias que se alimentaban de combustible funcionaban, no podía dejar de pensar en todo aquello que podría llegarles a hacer para ir tan rápido y con ese rugiente así como ensordecedor sonido tras de mí. Todo ello me llevo a escoger el camino que tanto añoraba.

Con el tiempo aprendí muchas cosas, aprendí a controlar a esas bestias ensordecedoras que tanto me gustaban y con el tiempo decidí que no bastaba con solo un poco de velocidad, añoraba aún más, así que cambie mi gusto de aquellas bestialidades que funcionaba con 2 pares de ruedas a solo 1 par, tal cual es el humano al vivir en este mundo lleno de perdición…

Por un momento era feliz, por un momento pude ir tan rápido como deseaba, sentirme uno con el viento e incluso llegar a superarlo, ese sonido y el viento corriendo detrás de mí es algo que es tan extasiante e inconfundible que me volví adicto a aquella sensación.

Aun lo recuerdo, aún recuerdo aquel día como si aún lo estuviera viviendo como si fuese mi penitencia por querer disfrutar solo de un placer de la vida. Ese día al igual que los anteriores los problemas en mi cabeza me abrumaban de cierta manera, simplemente quería dejarlos atrás y correr lejos de ellos haciéndolos inalcanzables hacia mí…

El viento envolvía mi cuerpo unido a mi vehículo, el sonido que pasaba detrás unido al rugir de aquello que me volvía feliz era como un concierto a mis oídos, ver aquel paisaje pasar tan tapido que incluso no podía percibirlo a través del espejo, era una sensación de satisfacción total pues solo veía como otras personas se quedaban atrás junto a aquello que me abrumaba, por un momento creí que eso era el cielo…

… Sin embargo…

… La vida es muy caprichosa para aquellos que encontramos la felicidad incluso en las pequeñeces de la vida, a lo lejos veía un vehículo el cual no me vio a mí, una mala maniobra de su parte me hizo recordar toda mi vida tan rápido en tan poco tiempo tal cual era la velocidad a la que viajaba, en mi mente sabía lo que ocurrirá inevitablemente…

… Tan rápido como pude reaccionar presione aquello que podría llegar a ser mi único seguro de vida en este mundo, tan fuerte que solo podía escuchar como mi bestia chillaba de dolor al reconocer el final del camino, un par de lágrimas recorría mis mejillas mientras imploraba por unos cuantos centímetros mas de asfalto y la oportunidad de volver a ver a aquellos con los que incluso discutía…

… Pero nadie me escucho, nadie atendió mi única clemencia ni siquiera mi última voluntad…

Tan rápido como vivimos, algunos morimos, otros vivimos, pero cuando sobrevivimos a aquello que parece el final de nuestra historia, nos damos cuenta que aún quedan unas páginas más para reescribir nuestra historia y darle un final que no termine en tragedia…