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[Sci-Fi] Ciclo de Ídolos y Mártires (Ep 1)




Una historia de ciencia ficción psicológica con tintes de filosofía (o al menos eso intenté).
Todo tiene su razón de ser.
Primer episodio de tres.


Episodio 1 ID y EGO


Ciclo 1

Hoy desperté con el don de escribir.

¿Qué es este lugar? ¿Un cruel castigo? ¿Acaso vivo? ¿Esto es la “vida”? Nunca he recibido el aprendizaje de ningún lugar que se asemeje a este, salvo una especie de prisión y tortura a la esperanza, perpetuo, que me obliga a continuar en busca de una salida. Debo admitir que no conozco de tamaños ni proporciones, no podría decir qué tan grande es, pero he llegado a pensar que este lugar es de dimensiones descomunales.
Luego de cientos (incluso miles) de ciclos de sueño-aprendizaje, aún no he recorrido todas las habitaciones, pasillos y salones de lo que supongo debería llamar mi “hogar”. Digo hogar, porque aquí es donde he estado desde que tengo memoria, supongo que nací aquí, crecí aquí, y seguramente cese mi “vida” aquí también.



Desde que tengo memoria me he llamado a mí mismo Marco, soy hombre, amo el arte, la pintura, la literatura y la música, preferentemente la pre Exódica, al igual que los cinetopaisajes de la 2º Edad Colonial.

Quiero plasmar aquí que todo lo que diga puede ser o no falso, ser o no errado, ser o no real, no tengo las capacidades ni las aptitudes para corroborarlo. Todo lo que sé y todo mi conocimiento otorgado por los ciclos de sueño-aprendizaje no lo he podido justificar de ninguna forma. ¿Cómo sé qué es real si el conocimiento me es otorgado, regalado, concedido por otro u otros? ¿Cómo verificar todo lo que creo saber? Creo que mis sentidos me engañan cada vez más, y mi percepción es irreal, nada similar a lo que se me ha mostrado, pero no estoy loco, no he perdido la razón, sino, y lo creo cada vez con más convicción, nunca estuvo entre mis facultades.

Anteriormente dije que era hombre, ¿pero cómo saber si no soy un autómata, un robot recubierto de tejido orgánico? ¿Qué me hace hombre? Bien podría estar formado por circuitos cibernéticos, y aún así no saberlo… a un robot se le crea de un momento para otro, se le configura una personalidad, ¿cómo es posible que él o ella (en caso de que estén configurado con géneros sexuales) puedan saber que son obra de la ingeniería sin que alguien se los explicite? Yo sangro, respiro y vivo, tengo conciencia, conocimientos y recuerdos, pero eso no me hace un hombre. Carezco de creencias y de fe alguna.
Carezco así mismo de la mayoría de sentimientos que abundan en la literatura, sufro, tengo temores, miedos, esperanzas y preferencias, pero ¿acaso la llamada “vida cyberhumana” de la época Andromediana no tenía los mismos atributos y falencias?



No conozco a ningún otro humano, salvo por las imágenes de las pinturas y esculturas que se me ofrecen a los ojos, a mi percepción, tampoco conozco mi figura ni mis formas, aunque por alguna razón se me ha impuesto la imagen corporal de Lucifer de Franz von Stuck como propia.


Ciclo 2

Al igual que la historia comenzó con la invención de la escritura, voy a considerar mi vida también prehistórica e histórica tomando el mismo punto de referencia y comenzaré a contar los ciclos de sueño-aprendizaje desde ese momento.

Hoy en mis fatigosos y anhelantes viajes al interior de esta prisión he descubierto un cuarto diferente. Basta de las pinturas y música, esculturas y arte, sólo un cuarto enorme, de permanente color blanco, con unas letras: MERKABA.

Merkaba, la carroza de Dios. Es iluso pensar que yo soy un dios de cualquier tipo, pero cualquier clave nueva que devele el misterio de mi existencia me da ánimos, aunque ésta a su vez genere aún más preguntas.



En este día dormiré aquí, me relaja por alguna razón… ¿Qué aprenderé en los próximos ciclos? ¿Qué descubriré? Necesito salir de este museo-prisión.


Ciclo 5

El entusiasmo que tenía en la entrada anterior se ha disipado, en los ciclos siguientes aprendí cosas de arte, de religión, de filosofía, pero nada que me ayude a conocer mi realidad. Nada que me ayude a escapar de este lugar que pareciera ser una especia de Pre Concepción, de Pre Vida irrazonable para el hombre.

¿Los libros y pinturas son imágenes de la realidad y esto es fantasía o es al revés? ¿Cómo saberlo? Mi conocimiento empírico responde de una forma obvia, pero ¿de que mente surge tanta fantasía entonces? ¿Acaso no seré fruto y obra de la imaginación de un dios creativo y atormentador? Alguien que imaginó mi existencia por completo y sabe incluso lo que pienso en cada momento.

Pienso, existo, pero no vivo, aprendo pero sin justificación alguna de las cosas, un aprendizaje dogmático, es fe más que conocimiento. ¿Soy un alma que mora y aprende como Simmias para luego en vida sólo recordar?



La ambición de escapar venció mi tranquilidad y fui a inspeccionar, luego de tres días de tregua conmigo mismo, las otras habitaciones que hacen de este lugar un laberinto. Craso error, no me he perdido, sé que la habitación se encontraba en este sitio exacto, pero ya no está. La experiencia me ha enseñado que la probabilidad de encontrar ese cuarto nuevamente es nula.

He tratado de elaborar un mapa pero es prácticamente imposible, pareciera ser que los cuartos, caminos y pasillos cambian, mutan de ciclo en ciclo aleatoriamente.

Nunca he entrado en todos mis años de vida a una misma habitación, en el momento que se pierde de mi vista, ya no vuelve a ser como antes, siempre cambian.
Considerando que tengo aproximadamente 20 años terrestres de exploración de este museo-prisión, (cerca de 7300 ciclos de aprendizaje-sueño) y he revisado en promedio 15 habitaciones diarias, me daría un resultado de 109.500 salones diferentes, siempre nuevos. Y aunque las probabilidades estén en contra, espero (vivo por ello) encontrar finalmente alguna salida.

Ciclo 8

Creo que el ansia por escapar está dejando paso a la depresión.

Creo firmemente que el conocimiento es de cierta forma una condenación, soy como la mente de un hombre representado en mi persona. Cuando ignoraba el mundo “real” (en mi mundo ignoro todo), era feliz, ignoraba hasta mi infelicidad, o mejor dicho, ignoraba lo que era ser feliz. El humano ha sido creado con el don de pensar y razonar, pero en esta situación ese don es una maldición, soy un ser pensante al cual no se le han otorgado las piezas suficientes para completar el rompecabezas que resulta mi realidad, y ese don se convierte en una maldición. ¿La humanidad acaso no sufre de la misma pesadilla aunque en menor escala? La duda alimenta y alienta al hombre pero las respuestas escasean, siempre han escaseado, y la imaginación ha ocupado sus faltas. Todavía el hombre (por lo menos hasta donde tengo conocimiento) no logra la comprensión de su contexto, su entorno, su realidad; supuesta realidad diferente y ajena a la mía. En el momento en que el hombre deje su progreso exponencial, se estanque en una posición de impotencia ante las preguntas y las dudas aún persistan (quizás ya haya sucedido fuera de este lugar), entonces sentirá la angustia que azota mi alma, mi mente, mi naturaleza humana.



Considerando la teoría de infinidad de mundos, y los últimos registros de población humana hasta el 5º Edad Post-Éxodo, ¿por qué mi conciencia tiene que pertenecer a este cuerpo? ¿O acaso toda conciencia que esté encerrada aquí, en este cuerpo, en este lugar, pensaría de igual forma que yo? Pareciera ser esta una posición donde habite quien lo habite, está determinado a lo mismo, a este pensamiento, a ser como soy.

He dejado de alimentarme, no tengo hambre ni necesidad, pero igualmente a veces veo rastros de comida sobre la plataforma, sobras que yo no he dejado, o al menos no recuerdo.



Quiero dejar de vivir este tormento de conocimiento vacío.

Me he quedado afónico de tanto gritar a las paredes blancas, vacías como mi vida.
Cuando era pequeño cree un lenguaje idiosincrásico para poder combatir la necesidad de expresarme y hablar, ¿pero acaso lo que se oculta detrás de estos muros me entenderá?

En este mundo donde puedo percibir inclusive mi respiración, he comenzado a oír cosas extrañas, pasos, susurros, de personas que no sé dónde están. En este mismo instante los oigo…


Ciclo 12 o 15

Lo he visto, finalmente he vislumbrado los ojos de terror de un hombre, vivo, andante, tangible, repulsivo. Una especie de Doppleganger salido de la fantasía, un William Wilson brotado de mi mente, pero más violento, más salvaje. ¡Oh casualidad que tenía una semejanza asombrosa con el cuadro de Lucifer y también con el Demonio Sentado en el Jardín de Vrubel! Con esa mirada ofídica, lúgubre, terrible…



Escapé inmediatamente de su habitación, pero oí sus pasos detrás de los míos, me ha seguido estoy seguro, pero creo haberlo perdido. Dudo poder seguir encerrado en este laberinto, en esta prisión. No sé a qué le temo más, si a ser el prisionero perdido, o una especie de minotauro moderno. ¿Y él? ¿Somos ambos prisioneros? ¿O alguno de los dos posee el arquetipo de Asterión?



Si un creador existe (siempre existe un primer motor) ¿por qué me creó? ¿Cuál fue su necesidad?

En libros antiguos existe la reiterada idea de dioses todopoderosos, si un supuesto Dios omnipotente me creó, ¿por qué me causa este martirio? A mí, el hombre que nunca pecó.

He llegado a pensar en mis divagaciones continuas que puedo ser una especie de Mesías, de Avatar, preparándome para arribar al mundo real. ¿Cómo saber la verdad? Si yo soy el Salvador, el enviado de Dios, su reencarnación… ¿quién es él, el ser ofídico, el horrible? ¿Cuál es mi propósito? ¿Hacia dónde voy? La filosofía y la humanidad siempre se han hecho estas preguntas, pero en mi mente azorada yo tengo aún más dudas existenciales que Kierkegaard, Heidegger, Nietzsche y el resto de los hombres.



He entrado, en mi desesperación y por causa del azar a una habitación un tanto extraña. Tiene una luminosidad menor al resto de los salones, tiene a la perturbadora pintura Saturno devorando a un Hijo de Francisco Goya en la pared derecha, y a su contraparte relajante, Noche de Verano de Winslow Homer enfrentándola. Lo más inquietante aparte de esta dualidad de sentimientos teñidos de oscuridad, es lo que se vislumbra al final del salón. Una especie de pintura minimalista en movimiento del tamaño de mi pecho; o tal vez una habitación surreal bidimensional cual Flatland de tinta, desolada, increíblemente inmensa; o quizás, y esto me baso en el conocimiento asociativo del aprendizaje, una simple ventana a un exterior negro, vacío y de alguna forma dinámico.



Ciclo 17

Hace 3 ciclos que no salgo de esta habitación, la noche eterna y estrellada (llegué a esa conclusión, aunque pueda ser errada) me mantiene abstraído a la ventana, siempre igual, pero nunca estática. Absorbe mi atención.

Él está ahí afuera. Lo oigo.



Tal vez debería…

Ciclo 22

Hemos notado algo, y quiero reiterar que no estamos locos, pero mentiríamos al decir que la habitación está igual que cuando entramos por primera vez. Antes no lo habíamos advertido, aún incluso estando inmerso en mis profundas meditaciones.



La ventana se expande, la oscuridad que emana de ella parece consumir las paredes de a poco inundándola en un mar de ébano. La luz disminuye a su vez, sumergiendo a los dos cuadros en una oscuridad gótica. En el pasillo la oscuridad se expande a otros salones como un cáncer. Lo sé.



El Mesías, el último Avatar de Vishnú, en camino a liberar a la humanidad o a exterminarla, creado para ir de colonia en colonia con su séquito de creyentes, de fieles; completamente impotente. Una mirada, una proclamación, abrir los brazos y la pureza aparecería al hombre. Mirada, proclamación y muerte, un Kalki desarmado, eso somos, montando nuestro corcel blanco Merkaba. Un semi-dios encerrado en un cuarto carcomido por un negro profundo y titilante.



De Saturno sólo quedan sus ojos y la sangre que emana de su alimento/hijo, de la Noche de Verano sólo la silueta de las damas danzantes, de Marco, nada, un hombre perdido en un cuarto de su mente, un personaje imaginario recorriendo pasillos de neuronas o de circuitos, una idea que escribe, escribe para no desfallecer. Escribiendo y pensando, escribiendo y pensando, ¿qué cosa? Hemos pensado toda una vida y no hemos resuelto ninguna de las incógnitas que nos acosan, ¿pensar en los últimos suspiros de nuestra vida resolverá algo? Claro que no.



Sigue ahí afuera, sólo, esperando, gritando furioso y golpeando, en un pasillo de oscuridad abisal, ¿o soy yo acaso el que se encuentra afuera, que escribe, golpea, maldice y enloquece?

Me habla, lo entiendo porque grita en el lenguaje de mi imaginación, el que yo cree.

Retumba en mi mente una única voz que dice: “¡Sal de ahí!”

Es nuestra voz.

Ciclo 23

Está aquí, no sé cómo pero logró entrar, deambula, lo sé porque lo oigo, lo sé porque lo veo entre las sombras más profundas, y yo, escribo para no mirar, un hombre/mesías escritor, un cobarde, un loco.



Bueno espero que les haya gustado, ya publicaré el episodio 2!


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