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Sobre los inmortales - Gracias Spinetta

La religión católica pregona en su credo que, al morir el cuerpo, es decir, la forma física humana, su alma perdura en el tiempo, en lo que popularmente se conoce como “Paraíso” o “Edén”. Voy a asumir en este pequeño texto que su idea de “inmortalidad del alma” es cierta, y si he de escribir este documento, voy a rogar que sea cierta, para que ni el paso de la vida se lleve este sentimiento que estoy a punto de explicar. También voy a asumir muchas cosas más, lo sé, como que los sentimientos habitan en el alma, o lo que para algunos es un misterio: <>. Pero les pido por favor que me dejen escapar por esta vez de todo lo científico, o mínimamente de lo demostrable.

Día a día nacen y mueren miles de hombres y mujeres. Día a día hay una energía nueva flotando en el cosmos inmenso que nos rodea y nos modela. Día a día energías crecen y decrecen, siendo buenas y malas respectivamente, frente a la nuestra; que, sin darnos cuenta, día a día es un energía más.

El concepto de energía debemos entenderlo como algo parecido a un sinónimo de alma, o como “lo que conforma el alma” si queremos ahondar más en el tema, es decir, las energías buenas y malas de cada persona se almacenan y a la vez conforman su alma, su ser. Si al ser humano en cuestión lo percibiremos como “Bueno” o “Malo” va a depender de qué energía deja entrar el mismo en su alma; y de acuerdo a éstas elecciones que desencadenan su acciones, debemos calcular cómo interactúan con las nuestras. Para resumir, las interacciones sentimentales, no son más que un conjunto de similitudes entre las almas de todas las personas.

La misión básica de todo ser humano, es guiada por su alma, y como toda alma es parte del mismo cosmos la misión es la misma para todo ser humano: Perdurar. El alma ya conoce su destino inmortal, pero el cuerpo y la mente que socialmente se ha formado en ese cuerpo no. Es por esta razón que la mente sueña en grande, y el cuerpo actúa para conseguir ese sueño.

“Cuánto” es perdurar: “Cuántas personas me recordarán”, “Cuántas veces se repetirá mi nombre”, “Cuántos años he de perdurar”. No son preguntas que naturalmente atormenten mucho a las personas que deseen solo perdurar en un periodo corto de tiempo, o para un grupo reducido de personas, a los demás, a los que lamentablemente anhelan perdurar en la historia, los lastima por dentro, y no los deja respirar, hasta que llegan a su objetivo y se dan cuenta que los asfixia otra fuerza. <> Tanto es así que los grandes soñadores han inventado el arte, las ciencias, han pintado, han escrito, ¡y hasta han surcado los cielos!
Hay muchas maneras de perdurar; me atrevería a decir que son infinitas, todas justificadas por lo dicho en el párrafo anterior. Sin embargo, hay solo una manera de no perdurar: no intentarlo.

Si hay tantas maneras de perdurar, tanta es la gente que ha perdurado y entre todos ellos, me atrevo a mencionar, no sin melancolizarme un poco, al maestro, Luis Alberto Spinetta.
Hoy, casi 3 años han pasado desde su muerte física. Hoy, me di cuenta de lo que significaba. Hoy caí en la idea de no volver a verlo en vivo, hay caí en la idea que el bien supo explicar sobre la muerte: “me da miedo como desamparo. El desamparo de su energía en esta tierra, de su presencia vivo.”

Mi idea no es ahondar en la herida, ni escribir algo sobre su muerte. Solamente recordarlo como inmortal que es; EN CADA SENTIDO. Y con un poco de suerte, olvidarme, o descargarme de este desamparo. Este es el objetivo de este texto, y su última oración es de agradecimiento, pero sincero y de pie.
Nos vemos en el cosmos Luis, gracias por tu legado, que nos facilita la vida en esta tierra; gracias por cada acorde, gracias por cada palabra, gracias por ser inmortal, simplemente gracias.




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