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"Strange City Reinserción" Cap. 6 parte 6

Bonjoure compañero/a de taringa. Dejo acá otra parte de Strange City, mi novela. (ya está terminada al fin)

Este era un alcohólico resentido y eso no aparecía en sus antecedentes.
-Me imagino que si-. Le respondió. Y le vino a la mente un pensamiento suave --Un trago es lo que necesito exactamente ahora, me relajaría mucho, eso, un trago--. Tragó saliva y miró lentamente a la botella.
Edgard la estaba moviendo, moviendo de un lado al otro como queriendo dormir a un bebé. El guardia seguía el movimiento con la vista.
-¿Quieres un poco?-. Dijo forzosamente Edd.
El hombre hipnotizado con el balanceo parpadeó y tragó saliva nuevamente.
-Me gustaría-. Se escuchó como un “e gstaría”.
Edgard dio un “sí” al aire como esperando esa respuesta y le tendió la mano con la botella al muchacho.
Rápido, el guardia tomó la botella y se le quedó mirando en sus manos. La lengua danzaba en su boca esperando la recompensa.
Miró a Edgard como queriendo decir “¿en que lo tomaré?” con tan solo mirarlo.
Edd tomó la caja y agarró un fosforo.
-Tómalo del pico-. Respondió Edgard levantando los hombros y sonriendo.
Tom se estaba aburriendo y estaba inquieto.
EL guardia lo miró sorprendido por la respuesta dio un paso alejándose sin querer del niño. Dio un si con la cabeza y abrió la botella.
Edgar movió el abáno en su boca y raspo el fosforo con el borde de la caja, no recordaba el nombre de la cosa que hacía que se prendiera y no le interesaba saberlo en lo absoluto.
Tragó saliva una última vez y elevó la botella unos centímetros. Recordó la situación en la que estaba y no supo a qué iba la cosa. No le importaba saber que seguiría después, quería tomar un trago y relajarse solamente.
Levantó la vista y vio a Edgard llevándose el fosforo encendido hasta la punta del abáno, estaba muy concentrado en eso. Aprovechó el momento en el que no lo estaba viendo y levanto del todo la batalla hasta su boca. Estaba sediento, se llenó la boca y un largo chorro se le escapó mojándose la barbilla. No le importaba, le quemó por un momento la garganta, su boca esperaba la bebida pero no su garganta.
Edgard que todavía tenía el fosforo en la mano lo vio, vio al insolente mojándose todo como un niño con el Ron. Por dentro sabía que era un borracho, lo vio en sus ojos. El hombre no paró de tomar ni siquiera sabiendo que se estaba mojando, estaba desesperado.
Edgard sonrió
Miró al “guardia”.
Movió su mano…
… le arrojó el fosforo.
Tom vio su rostro, vio el fosforo bolar sin apagarse por el aire y lo vio caer en la remera empapada en Ron, el Ron con más alcohol que podía existir.
Obviamente las llamas cedieron, cubrieron toda la cara del hombre.
Este al principio no lo notó, creyó que era el fuerte alcohol el que le quemaba la cara, pero no. Abrió los ojos justo cuando la botella se cernía en llamas y la alejó de su boca derramándose todo el líquido. El Ron inflamado le cubrió finalmente todo el cuerpo.
Gritaba del dolor.
Se quitaba el líquido desesperadamente.
El fuego le entró por la garganta y los gritos se volvieron ruidos incomprensibles.
Tómas sentada, atónita, no dijo nada.
El hombre se retorció del dolor escupiendo saliva mesclada con ron y fuego.
El pelo se le incendió y así estuvo en el piso retorciéndose viendo como Edgar fumaba felizmente su abáno. En sus ojos se vio a si mismo consumido por el fuego.
-Maldito-. Dijo y Edgard oyó “mdito” de la boca envuelta en llamas del insolente guardia. Esas fueron las últimas palabras antes de que la llama de la vida se le apagase.
Edd no dijo nada, soltó una bocanada de humo y vio la cara del niño, estupefacto y blanco como un papel.
-Ven con migo-. Le dijo y a Tom le recorrió un escalofrío eterno por el cuerpo.






Iban caminando por la calle, no tuvieron ningún contratiempo. Estaban muy cerca de la oficina, ambos estaban cansados, no dijeron nada en el viaje.
Ambos miraban para todos lados.
El radio no sonó.
-Perdona por lo de la caída Mi…-.
-No pasa nada, no lo hiciste apropósito-.
-Lo sé, pero casi hago que nos ma…-.
-Ni lo digas, todo terminó bien-. Respondió Mike sin mirar a su compañero.

El silencio volvió.

-¿Que haremos cuando estemos en el edificio?-.Preguntó Dylan.
-Me encantaría saber una respuesta-.
-¿Estamos caminando hacia allí simplemente?-.
-¿Tienes una mejor idea?-.
Ambos se miraron enfadados.
-¿Qué te asegura que no hay más de esos informantes en el edificio?-.
-¡No lo sé!-. Gritó Mike frenando el paso.-Si hubieran más tendrían que llamar por las radios… ¿Por qué debo tener siempre una respuesta para todo?-.
Dylan no dijo nada.
-El hab…-. Llegó a decir Dylan antes de ser interrumpido por la radio que sonó fuerte y claro.
<>
Dylan y Mike se miraron perplejos sin decir una palabra.
La radio no transmitió nada por unos segundos hasta que volvió un mensaje.
<>
Las últimas palabras fueron para Mike como una lluvia de flechas en las sienes.
Dylan abrió la boca tanto como pudo y Mike comenzó a correr.
-Espérame Mike… pudo haber sido otro…-. No dijo nada más y lo siguió corriendo.
El cielo había empezado a oscurecerse hacía 30 minutos.
Mike corría tanto tan rápido como podía, estaban no muy lejos y la cabeza estaba llena de pensamientos.
-Tania…-. Dijo en un momento y Dylan llegó a oírlo.
Tubo el mal presentimiento de que su familia no estaba segura cuando leyó aquella carta en el departamento. No había dicho nada.
El cielo seguía ennegreciéndose cada vez más rápido.
<> Dijo Edgard por la radio.
Mike tiró el radio enfadado y echó a correr más rápido.
Dylan la levantó, no dijo nada y continuó corriendo tratando de que Mike no se le adelante demasiado.
Quedaban unas 8 cuadras, una más larga que la anterior.
Dylan recordó que las piernas le dolían.






Edgard, con su abáno y el niño sujeto con una mano, iba de regreso a la habitación de atmosfera hostil.
Tania había oído los gritos que venían desde otra habitación y se paralizó.
-¿Cuántos años tienes… Tom?-. Preguntó Edd sin mirarlo.
Este no le contestó. Solo vio fijo a la escalera por la cual habían bajado el momento en que los bajaron al piso de la locura.
-Está bien, no me contestes-. Dijo Edd y movió el picaporte de la habitación opaca y de paredes húmedas.
Entró el primero y fue sorprendido al recibir la silla en la que Tania se encontraba sentada, anteriormente, en la cabeza.
El fuerte golpe le nubló la vista y calló seco al suelo.
-Vámonos de aquí-. Dijo Tania a Tom y a Ben. Y los tres salieron corriendo en dirección a las escaleras.
-Tiene un arma en esa habitación-. Dijo Tom señalándola.
Tania se detuvo y pensó dos segundos.
-Espérenme aquí un segundo-. Les dijo poniéndoles las manos a los niños contra el pasamano de la escalera.
Tania corrió tanto como pudo pero se frenó bruscamente para abrir la puerta.
Tal sorpresa se llevó al ver el interior de la habitación que casi grita. Pero no lo hiso para no asustar a Tom y a Ben.
Vio rápidamente el lugar y no vio el arma. Solo a un hombre con la piel quemada y el humo que le salía de la boca.
--¿Dónde? ¿Dónde está el arma?-- Pensó.
Vio un escritorio con una caja de fósforos sobre el mismo.
Debía de estar allí.
Corrió y abrió el cajón, estaba asustada y apurada.
Lo vio. El arma junto a un abáno medio viejo y junto a unas esposas.
Tomó el arma. Si no lo hacía Edgard lo tomaría y estarían acabados.
Amagó a salir corriendo pero no sin antes agarrar las esposas. De algo le servirían.
Mientras volvía corriendo se le cruzó una loca pregunta por la mente. ¿Cómo sabía que el arma estaba allí? ¿Acaso su hijo tenía el don de saber dónde estaban las cosas escondidas como el chico de el resplandor?

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