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Sueños de Libertad




Recuerdos clavados en mi memoria. Recuerdos extraños, de seres iguales de extraños. Seres predestinados a poner en duda todas mis verdades. Romper los cimientos, construidos cuidadosamente, de mandatos apilados a lo largo de los años. Seres que llegan y revolucionan.
Hubo una persona en particular que invade mis recuerdos. Influyó de una manera tan drástica, que solo evocarla me estremece. Apareció como debía ser, en un momento de total sumisión a una realidad ficticia que me regalaba aires de felicidad. Tenía alienado todos mis sentidos, pero él irrumpió con tanta fuerza que desmoronó por completo el castillo de naipes con un solo soplido.
Era una tarde de verano, caminaba por una calle desierta, sumergida en pensamientos inútiles y superficiales. Al llegar al parque, lo vi sentado en un banco. Sentí una profunda fascinación por aquella criatura, una fuerza invisible arrastró mi cuerpo inerte hacia él y me senté a su lado. Es imposible describir los motivos de mi fascinación, no era atractivo, estaba desarreglado, pero podría jurar que su mirada perdida, teñida de una profunda melancolía, me llamaba. Perdí la conciencia del tiempo, no sé cuánto estuve a su lado sin emitir sonido alguno. Como en ese entonces era una persona extremadamente impaciente, no soporte más la tortura del silencio y hablé:

-¿Estás bien?

-¿Alguna persona puede estar bien en este mundo? Si la conoces, avísame, así le pido la fórmula. -quedó un instante en silencio y continuó con desilusión- No, mejor no me avises, debe ser un hijo de puta.

En ese momento no entendí el significado de la respuesta a una pregunta tan simple que, en la mayoría de los casos, es respondida con un “Bien” o “Mal”. Pero no importó, ya estaba bajo su influjo. Era tarde así que me fui y lo dejé sentado en ese banco con la ilusión de volver a verlo.
Al día siguiente regresé al parque, a la misma hora. Estaba leyendo un libro.

-¿Qué estás haciendo? –Le pregunté-

-Leyendo. –Me contestó-

-Sí, ya me di cuenta –dije indignada-, pero ¿qué estás leyendo?

- Romancero Gitano de Federico García Lorca. ¿Sabías que a este tipo lo mataron por pensar?

No contesté nada, no tenía la menor idea de quién era ese tipo, que supuestamente lo habían matado. Lo que no me cerraba era el motivo, nunca había escuchado que mataran a las personas por pensar. Estaba repasando mentalmente lo que me había dicho, cuando de repente siento a mi compañero de banco que estaba leyendo en voz alta:

“La virgen cura a los niños
Con salivilla de estrella
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras
donde joven y desnuda
la imaginación se quema”

Era lo más hermoso que había escuchado en mi vida. Creo que se dio cuenta lo que habían provocado en mí esos versos, porque inmediatamente me dijo que vivía a unas cuadras de donde estábamos y que tenía muchos libros más, que me podían gustar.
Los meses siguientes fueron surrealistas. Pasábamos horas leyendo, hablando sobre lo que estaba pasando en el mundo, las noticias reflejaban que algo estaba cambiando y que podíamos ser parte de ello. En esas cuatro paredes con el aire enrarecido por el humo del cigarrillo, debatíamos sobre filosofía, religión, literatura, política. Soñábamos con cambiar el mundo, desconectados del mundo. Él estaba fascinado con Bakunin, yo me había enamorado de Marx. Las discusiones eran voraces, y solo terminaban cuando los primeros rayos de sol entraban por la ventana y clavaban cientos de cuchillos en nuestras retinas.
Un día desapareció como había llegado. Nunca más lo volví a ver. Hoy, Cuarenta años después, sentada en el mismo banco donde lo conocí, una sola cosa me viene a la mente, no pudimos hacer del mundo un lugar mejor pero, sin saberlo, él cambió mi vida para siempre.


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