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Sugawara no Takasue no musume(conocida como ''Sarashina''

HOLA =). EN ESTE POST LES MOSTRARÉ UN POCO LA VIDA DE SARASHINA, UNA ENIGMÁTICA MUJER RELACIONADA CON EL EXCLUSIVO MUNDO DE MURASAKI SHIKIBU O SEI SHONAGON...



Bajo un titulo tan evocador publica Atalanta el Sarashina Nikki, o “Diario de Sarashina”. Escrito por la dama Sarashina en torno al año 1059, cuando la autora ya contaba 52 años, se engloba en el género de los nikki, diarios escritos por damas cortesanas de la era Heian. Si bien, realmente, “Sueños y ensoñaciones…” viene a ser unas memorias en las que la dama evoca los recuerdos de su vida, desgranándolos con nostalgia, pesar por lo perdido y cierta resignación por lo que es imposible cambiar.

Para entender adecuadamente este diario hay que saber que dama Sarashina era una mujer de bajo rango, lo que coartaba sus aspiraciones a un matrimonio brillante o a un servicio destacado en la corte, a los que sólo podría haber aspirado si en cambio gozase de una gran belleza, cosa que no ocurría, según se desprende de sus escritos.

Dama Sarashina llevó por tanto una vida anodina, se casó tardíamente, sirvió de manera esporádica en palacio y en general fue una figura retraída, soñadora y reflexiva. En su diario sólo se mencionan dos aficiones: la lectura y la religión. En los primeros años de su vida, que además vivió en una provincia retirada lejos de la capital, su pasión fueron los monogatari, las largas historias que recogían los amores, las intrigas y la vida azarosa de los caballeros y damas de alto rango. Tal vez consciente de que esa vida le estaba vedada por su origen, dama Sarashina hace de su lectura más que un pasatiempo y las horas se le van en soñar con los encantadores personajes que las componen. Sus anhelos de lectora voraz llegan con fuerza hasta nosotros cuando describe su emoción al recibir como regalo todos los libros que componían “La historia de Genji“, cuya lectura no había podido completar precisamente por vivir retirada de la capital.

No obstante, dama Sarashina juzga esa pasión juvenil desde la perspectiva que le dan los años y la considera una superficialidad que la condujo a abrigar la absurda ilusión de que alguna vez su existencia pegaría un giro y llegaría a ser más excitante, cuando un hombre con las cualidades de Genji el Resplandeciente entrara en su vida. Y aunque dama Sarashina se conformaba con ser la amante escondida por algún caballero en un pueblo de montaña (la peor de las suertes que cabía esperar para una protagonista de monogatari), finalmente contrajo matrimonio con un funcionario de bajo rango.

El matrimonio será para dama Sarashina el baño de realidad que la saque de sus ensoñaciones y le certifique que su existencia jamás será como una de esas historias que hasta la fecha han llenado su vida. Pero precisamente lo encantador de estos textos es lo lejos que están de las brillantes historias de los monogatari, e incluso de otros diarios de damas cortesanas, como Sei Shônagon, donde muchos de los sentimientos que se expresan son afectados, recogiendo únicamente lo que de manera convencional se esperaba que fueran las preocupaciones y ocupaciones de una dama de alcurnia.

A partir de su matrimonió, dama Sarashina se dedicará al cuidado de sus hijos y, en los últimos años, a la vida piadosa, preocupada por la idea de que su vida, dedicada en gran parte a los ensueños provocados por lecturas frívolas, podría acarrearle un mal karma para vidas futuras, según las creencias budistas.

Las reflexiones que recoge su diario están alejadas hasta cierto punto de los convencionalismos de la época y en ellas se limita a reflejar sus experiencias desde la perspectiva que da la madurez, sin artificios ni vanos intentos de dotarlas de un brillo que no tuvieron. Sus escritos nos presentan, hasta cierto punto, otra faceta del refinado mundo de Heian, retratada por una mujer observadora y sensible pero de carácter introvertido, a la que el choque con el mundo real le dejó una profunda huella, que superó con resignación pero también aprendiendo a aceptarse tal y como era.

Estas memorias no recogen la vida en la corte con sus mil distracciones, sus intrigas y amoríos, su suntuosidad; sino la vida humilde de una mujer ocupada en cosas más prosaicas que la contemplación de las flores de cerezo (aunque también se complace en ellos cuando puede), y por ello respiran frescura y espontaneidad.

Por tanto, lo que nos sorprende del diario de dama Sarashina es lo profundamente humana que se muestra en sus páginas: no busca ser ingeniosa, no hay ironía ni afectación. Lo que el texto trasmite es una tremenda sinceridad que salta las barreras culturales y temporales y llega hasta nosotros llena de fuerza, permitiéndonos reconocernos es esa existencia.
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