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Teléfonos de Mexico

Segundo Post.

Esta historia llamada Teléfonos de México del libro Papeles Repasados de Mario Anteo un escritor de aquí de Monterrey, México.




Espero les guste.


Lorena: Claro que lo recuerdo. Fue en la calle Bolívar, a la altura de los rieles. Buscaba yo bajo la lluvia un teléfono, preguntándome porque no podía mantenerse vivo mi aparato siquiera dos meses seguidos.

Entonces apareciste en impermeable, tras los goteros de mi paraguas, junto a un desolado expendió de hamburguesas. Difuso en un enredo de penumbra, luchabas con un teléfono publico renuente a las monedas.

Paulo: Me urgía comunicarme con Sonia. Alguna vez te hable de ella. A diario me regalaba cosas azucaradas, un perro de peluche, ora una cursi tarjeta de amor.

Lo imaginas? Todos los días preso de su dulzura, mareado por su incansable perfume de frambuesa. Sabia engañar a la gente con su manso carácter, de modo que siempre fui el malo de la película. Me molestaba su aire de mosquita muerta, tanto que a veces no pude evitar gritarle en publico.

Y es que nunca cruzo por su cerebrito una idea mas o menos definida, y tu sabes cuanto detesto la gente pusilamine e ignorante.

Y ahora que al fin había decidido sacarla de mi vida, la mugre de teléfono no funcionaba. Que pésimo servicio !

Cualquier llovizna pone en jaque a la compañía telefónica. En esto apareciste como un polvo relampagueante bajo tu paraguas.

Te dije:

-No sirve- dijo el hombre a la mujer que hacia fila tras el.

--Creo que frente al gimnasio hay otro teléfono--respondió ella con voz de invitación, y alzo el paraguas, convidandole sitio.

Lorena: tenia el carro a una cuadra, pero preferí caminar a tu lado. Necesitaba el teléfono para hablar con una amiga por asuntos de trabajo, pero de inmediato lo olvide y me dedique a sentir tu hombro rozando el mio.

Comencé a desearte cuando descubrí que teníamos la misma estatura. Necesitaba un compañero a quien ver de frente y paralelo, sin desniveles.

El paraguas nos aisló en un balde de silencio, los autos enmudecieron y la lluvia se escucho como por televisión. Surgió entonces tu virgen voz, salpicada por tu risa tonta y sedosa.
Estabas nervioso.

Paulo: Había salido de casa en busca de un teléfono, dispuesto a terminar con Sonia, y de repente me enamoraba de una mujer, platicaba con ella bajo la lluvia. Te diré que entonces creí en los fulminantes romances de las novelas. Supe que el acceso a tu estaba libre cuando, sin rodeos, hablaste del amor lo mismo que se comenta el calor de la canícula.

Perfilamos asi un deseo sin requiebros ni demoras, junto al gimnasio, como liados por una tradición milenaria.

Lorena: Por fortuna, tampoco servia el teléfono del gimnasio. Deseábamos continuar juntos bajo el paraguas, recorriendo las calles, sorteando los charcos. Recuerdas lo que dijiste cuando encontramos una piedra con forma de huevo?

-Empezamos a dar fruto- dijo el hombre mientras recogía del suelo la piedra ovalada.

--Ojala sea un símbolo del porvenir--

-Ojala- riendo agrego el hombre mientras frotaba la piedra.

Paulo: Fingíamos interés por Sonia y tu amiga, por eso continuamos buscando un teléfono, aunque ya sin apuros.Perdimos la prisa, cobramos un aire trota-calles y comenzamos a beber la lluvia.

Lorena: Sacábamos la cabeza fuera del paraguas y, cara al cielo, abríamos la boca y el agua chispeaba en nuestros ojos cerrados. Te imagine hurgando mi pubis, mientras yo rompía el silencio con un gemido de vidrios.

Por eso te dije:

-Estacione el auto cerca del puesto de hamburguesas- dijo la mujer, y al no obtener respuesta, añadió-: Olvidemos el teléfono, te invito una cerveza en mi apartamento.

Paulo: Adivine que vivías sola y que la puerta de tu casa era un puente a lo maravilloso. Haz memoria, una garza rasgo la lluvia, precisamente cuando pasabas el brazo por mi cintura y sonreías orgullosa de tu poder convocatorio.

En respuesta te tome por el hombro, temiendo te decepcionara mi huesudo costillar pegado a tu antebrazo.

Lorena: Me agrado tu cuerpo delgado y flexible. Tu mano en mi hombro me libraba del camino a solas y de pensar a donde ir. Ya en el auto fui el guía. Maneje con cuidado por las calles anegadas, no quería contratiempos ahora que te colgaría a mi pecho como una medalla.

Paulo: Como una que? No te oigo, hay ruido en la linea. Habla mas fuerte.

Lorena: Ya en mi apartamento, nos desnudamos sin ver el suelo, a plena luz. Aspire el lunar de tu espalda, tu corona de luciérnagas, el estanque de tus ojos derramado en mi regazo, y te mostré la cicatriz de mi muslo.

Paulo: Te pregunte por una estatuilla que estaba en el taburete de junto a la cama, y sorprendida arqueaste las cejas y me preguntaste:

-Pero no conoces el "David" de Miguel Ángel?

El hombre carraspeo y dijo:

-Si, pero lo imaginaba mas grande.

--Claro que el original es mas grande! Mucho mas grande-- respondió la mujer riendo

Lorena: Para que no rechinara tu ignorancia, para olvidarlo, te abrace fuertemente. La verdad es que debí atender la alarma que avisaba del fraude. Pero entonces te amaba.

Paulo: Tu apartamento tan tuyo, tan auto-suficiente. Como so lo habitaras desde siempre. En la pizarra de los pendientes había fotografías de hombres abrazándote, y cuando saliste desnuda de la cama para revisar la linea telefónica, caminaste con una confianza que me pareció... mmh..

Lorena: Obscena?

Paulo: Como dices?

Lorena: Digo que al alba, envuelto en sabanas cual dios adolescente, calzaste un anillo en mi indice.

-Cuidemos el lazo- dijo por la mañana el hombre desde la cama.

-Al menos cuanto podamos- sonriendo respondió la mujer, tras que le ajustaran en el indice la espoleta de una cerveza de bote.

Paulo: La espoleta-anillo y la pierda-huevo. Así empezó la ceremonia.

Lorena: Hasta que tu...

Paulo: Apenas te escucho.

Lorena: No importa, ya hablamos suficiente. Claro que fue difícil sacudirme tu recuerdo; estabas en todas mis cosas; el aroma de tu loción demoro meses en salir de mi cama. Lastima que jamas entenderías mis ganas de ver a los hombres frente a frente, mi brazo bajo la lluvia recorriendo tu cintura, mi iniciativa.

La furia enloqueció y desembuchaste el encono tres meses después. Y así fue que, como tantos otros hombres, de un plumazo te borraste de mi mapa.

Paulo: Dije que en la sangre traes el gusto por el contacto social. So-cial. Eso fue lo que dije. Nunca me referí al sexo.

Vas a creerme al fin? Recuerda que la linea estaba igual de atroz que ahora.

Lorena: Dijiste contacto sexual. Creías que era una vulgar ninfomana.

Paulo: ¡Ni siquiera se que significa eso!

Lorena: ¡Y detestas a los ignorantes!

Paulo: Lorena...

Lorena: Vamos, acepta que te entro lo macho cuando te contaron no se que historia de mi pasado. No aguantaste las ganas de telefonearme.

Paulo: ¡Que ruido! No puedes ir a otro sitio?

Lorena: Que dices?

Paulo: Lo juro, no use esas palabras.

Lorena: Paulo, ya voy a colgar. Solo te diré que el traerte a casa en mi carro, cuando apenas nos conocíamos, es lo que nunca me perdonaras. Vuelve con tu amiguita, ella nunca manchara tu honra.

Paulo: Comprende que es difícil. Tu autosuficiencia, la manera que platicas con mis amigos, tus escotes. Dame un poco de tiempo. Estas ahí. Lorena?? Recuerda la lluvia, los teléfonos descompuestos.. nuestro huevo, nuestro anillo.

Lorena: ¡Al diablo tu poesía!

Paulo: Lorena, créeme por favor, nunca dije eso. Me oyes? ¡Lorena! ¡Puta conexión!

-Lo traes en la sangre - dijo el hombre por el auricular, mientras al otro lado de la linea una lagrima rayaba la mejilla de la mujer.

-Te gusta.. -Y el ruido de la linea ensucio la frase.
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