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Se llena de sangre la arena
y la pena
del poeta desparrama
versos llenos de grana
color y de medreselva.

Triste el poeta se nota
que ya ni siquiera anota
sus versos en un papel.

Sus versos están en la arena
donde la sangre llena
el oblongo redondel.

Triste el poeta calla
y ya su barca se encalla
en la Plaza de Teruel.

!Ayes por el toro la luna
exclama bajo la bruma
del oscuro anochecer.

!Es de ver
como lloran los gorriones
viendo a los dos pitones
en el lujoso anaquel
que sirve de estantería
para el famoso Rafael.

De Paula se llama el torero
y en su lujoso perchero
cuelga ahora su montera.

La noche. La noche entera
apaga hasta el lucero.

Luto. Luto por el torero
y el toro “Baldomero”…
que la pena del poeta
ya no tiene otra meta
que servir para consuelo
de las estrellas lejanas.

No. No tiene el poeta ganas
de seguir con el juego…
y luego…
la noche sigue creciendo
mientras yo solo enciendo
un cigarrillo entero.

!Vaya por el toro muerto!
Y el torero ya despierto
no ha conciliado el sueño.

Que más allá la manada
echa en falta la mirada
de aquel torito pastueño.

Saca la luna el pañuelo
para servir de justicia
que todo es una estulticia
en este mundo de duelo.

Sangre. Sangre sobre la arena
de la plaza. Y en las gradas
solo existe ya la pena.

En el salón de la casa
De Paula busca y retrasa
el reloj del desconsuelo.
Y ha prometido que nunca
más hará una brusca
faena como torero.

Por eso va y se corta
la coleta de gitano.
Con una oreja en la mano
se retira de la Fiesta.
Prefiere echarse la siesta
a las cinco de la tarde
que la plaza está que arde
con un toro que está sin testa.

Quien quiera poner final
a los versos del poeta
tiene plena libertad.

Que yo apago el cigarrillo
y convertido en chiquillo
me voy hacia mi Gran Verdad:
una chavala que nunca
me hace a mí recordar
que quise ser un torero
buscando la eternidad.

Ahora sólo comprendo
el arte de la poesía
escrita con la maestría
de un torero de papel…
Adiós…Adiós Rafael…
que las zambras son gitanas
para las luces de granas
y oro en el redondel.

Adiós… Adiós Rafael.
Me voy hacia el horizonte
con mi guitarra por norte
lejos del burladero.
Que es un juego muy artero
matar a un toro bravo.

Le han cortado hasta el rabo
y yo sueño sólo con una
estrellita del cielo…
adíos te dice el pañuelo
de mi joven compañera.
!Claro que es verdadera!.

Tristeza por el toro muerto
yo la amo junto al huerto
mientras la Fiesta continúa
cantando mi pasodoble.

Si. Fue un poema muy noble
que escribí en una cuartilla
pero ahora mi cartilla
es sólo de un niño pobre
que se hizo rico de sueños…

Adiós a los toros pastueños…

Allá, pisando la tierra,
de la plaza verdadera
otro torero empieza
su via crucis de guerra.

Yo no. Yo dejo mi pasodoble
que se escuche si desean
pero mi Sueño es un doble
muletazo al barlovento.

Y sigo lo que Ella escribe
en su diario perpetuo.
Tristeza por el toro muerto.