Popular channels

Un cuento mío. "Cruzar la puerta"

Cruzar la puerta

“Pero si este hombre ya está muerto, y me está mirando desde el otro lado de la habitación, está sentado, moviendo sus manos, protegiéndolas del frío. Y su mirada no va hacia mí, eso es lo que me preocupa, creo que ni sabe que existo, y no se si está muerto. Debe ser la luz azul que sale de su espalda, sus pies descalzos, su ropa de última oficina.” Ereplisto miró alrededor, todo tan verde, papeles picados con luz, sonido con luz, sonido hipnótico, apenas podía pensar, “Está muerto y mueve sus manos blancas, sus dedos de patas de araña, espero que no se acerque, no sabe quien soy, no veo su cara, su mirada, todo es tan verde, tan azul a su espalda.” De prono Ereplisto quiere levantarse, con miedo, y descubre que está encadenado a la pared, en esa habitación fría lo comprendió (como recordando), nadando en sangre fría, sangre muerta. El otro en la pared comenzó a silbar, quizá una melodía antigua, una canción clásica en el fondo. Los ojos de Ereplisto se perdieron en un punto, un punto que comenzó a hacerse cada vez más claro, un espejo de su espíritu y la melodía cada vez más fuerte, los dedos del otro se movieron en pensamientos, se juntaron en movimientos vertiginosos. El otro paró de silbar. Ereclisto estaba aturdido, tomó las cadenas con sus manos “Estas cadenas otra vez, es el recuerdo de mis vidas, porqué estoy encadenado, atado siempre a la misma pared, es siempre la misma herida, la misma libertad”. El otro alzó su mirada, por fin su mirada, y Ereclisto buscó sus ojos desesperadamente, como si fueran ojos nuevos, como si nunca hubiese advertido una mirada, y los notó conocidos, como sus ojos, sus cadenas, su encierro y su libertad, era su mundo, su vida en la mirada del otro. El otro habló: “Debo irme, y conmigo te vas vos, se desmorona tu mundo y el mío, pero no podés hacer nada esta vez, sólo presenciar encadenado los últimos momentos de tu vida hasta que esta puerta se cierre, para siempre y hasta que la vuelvas a abrir, con mi mirada o la de otro.” El otro se levantó y caminó lento hacia la puerta. Ereclisto tiró de la cadena sólo una vez, una vez le bastó para entender que su momento había llegado, que estaba atado para permitir la libertad del otro, su libertad. La puerta se abrió y entró un viento fuerte, el otro hizo fuerza para atravesarla, el otro se perdió en la oscuridad, el viento cesó y la puerta se cerró.
0
0
0
0No comments yet