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Un Desgraciado (Cuento fuerte)

Un desgraciado

La noche está más tranquila que el mar y mi cigarrillo desprende ceniza que cae hacia mi vaso de cerveza. Mi saco negro me cubría del frio, mis dos piernas estaban hechas una piedras y mi mirada a la deriva, al igual que mis pensamientos. Otra vez, me dejo plantado esta mina, es algo que no concibo. Te bañas, te perfumas, te compras una buena ropa y todo para estar plantado en un bar de la Aristides, sin mover un solo pie del lugar. Pidiendo y pidiendo comida a reversar a un mozo puberto con una expresión triste en su rostro.

Él estaba a dos mesas de distancia, me llamo la atención y ,como es de costumbre, comeré solo lo voy a invitar a este mozo para que me comente algo de su vida. Quizás no pueda alegrar a una mujer y luego ir a dar un paseo largo por el lago, pero si alegrarle un rato la noche a un laburante.
Levante mi mano con el filtro de mi cigarrillo y agache a penas un poco la cabeza para que viniese. Él hombre que estaba atendiendo parecía bastante adinerado, soberbio y de pocos amigos. Lo único que oía eran sus horridas quejas , mientras que su mujer una rubia bastante ostentosa, diosa y hueca, hablaba por un celular que era más grande que su rostro. Al parecer la pizza que se pidieron ,no era para su sublime y delicado paladar, fue por esa razón la discusión. Yo seguí insistiendo me importaba un carajo ese malagradecido.

He vivido dos años en la calle, recién ahora estoy viviendo la vida: tengo un trabajo estable, como dueño de un kiosco, una casa pequeña no muy valiosa, un perro que ha sido mi aliado incluso debajo del puente donde lo conocí, una estante a rebosar de vinos traídos desde la montaña y una maceta con una planta no muy bien aceptada en este país, pero si, en el mío Uruguay.
¿Cómo termine en la calle? Muy sencillo, llegar con poco dinero, que te asalten, luego caminar horas por calles desconocidas y luego enterarte de que tu amigo no vivía donde decía. Hace que cualquier persona pierda la cordura pero yo no lo hice, yo me la aguante. Me tomo dos años encontrarlo al muy carbón, vivía en las Heras, pero gracias a ese Dios que me ilumina y simplemente me alumbra el camino, lo pude encontrar. Me prestó abrigo, cigarrillos, un cómodo lugar para vivir y pasado un año estoy sobreviviendo.

Mi mirada vuelve a la deriva pero no bajo la mano, la voz del hombre aumente ahora puedo escuchar lo que dice:
-Me has tomado de tonto, yo no voy a comer esta bazofia.-Lo dijo enrojecido.
-Perdone señor, no ha sido culpa mía, usted lo pidió y yo lo traje-Dijo el mozo con la bandeja en la cintura.
-Hay que ser pelotudo, acá todos los que trabajan no saben hacer una mierda-Se levanto de la silla sumamente iracundo-¡Tráeme al que cocino esta mierda!-Todas las miradas se concentraron en un solo punto donde todo rotaba y la rubia que lo acompañaba se reía a carcajadas. El pobre mozo apretó paso para la cocina que poseía una puerta corrediza. Ingreso y se podía ver la impecable habitación donde reinaba el orden.

Pobre muchacho, si el maldito de lengua larga lo sigue tratando así voy a intervenir. Lo mira con indiferencia sabía que quería darse el lujo de hacerse el macho al lado de una mujer que no conseguía conquistar. Yo he tenido pocas mujeres en mi vida pero he aprendido demasiado de cada una de ella y eso creo que me hace un buen acompañante y una buena voz para conversar. Al no darle tiempo a muchas mujeres ,puedo dárselo a mucha televisión, cine y en mi caso filosofía callejera. La simpatía de las mujeres es un plato que no se va a poder nunca servir frio y eso es lo que me encanta justamente de ellas.
Pero bueno, después de la escena baje la mano, me lleve el vaso de cerveza a mi boca y de dos tragos lo termine. Sorprendido estaba, esos trago que antes parecía arena bajando por mi garganta se volvieron más placenteros, estaba disfrutando la cerveza. Me estoy colgando más de la cuenta en mis pensamientos.

Salió como un rayo el mozo con el cocinero, mucho más chico que él, ni un solo pelo en su sucio rostro . Se acercaron lo más deprisa posible al hombre que estaba captando poco a poco la atención de la rubia. El cocinero tenía un camisa blanca como sus dientes y un pantalón negro bastante emparchado, con alpargatas repletas de manchas, todo esto sumado a su carismático gorrito negro y su pesada baranda a grasa de papas fritas.

El mozo levanto la voz y le anuncio que el cocinero estaba allí para atender su demanda.
-¿Quién es este guacho?-Pregunto levantando una ceja el hombre enfurecido.
-El cocinero señor- Le respondió el mozo abrazándolo con el brazo y apretando su hombro, parecían hermanos.
-Vos cocinas como el culo-Al escuchar estas palabras agarre mi vaso un poco fuerte- Mira la pizza una mierda, una piedra puedo ir robar con esa mierda-la rubia empezó a reírse, mientras mi seño fruncido se comenzaba a gestar- A ver decime porque no tendría que seguir puteando- Una mirada llena de arrogancia pude denotar en ese tipo.
-Es mi primer día señor-. Dijo con una voz tierna el joven cocinero cerrando con fuerza sus puños.
-¡Anda hacerte la paja pelo…!- Una vaso sale volando hacia su cabeza rompiéndose en varios pedazos. Me levante ferozmente y la mesa donde estaba por poco más vuela junto a la cerveza. Lo tiro al piso con demencia mientras lo comienzo a golpear con mis malolientes puños. La rubia me golpeaba con su pequeña cartera en mi espalda, los jóvenes atontados me miraban y una leve sonrisa se levantaba, la gente angustiada gritaba. Parecía un partido de futbol algunos me alentaban y otros me aborrecían. De pronto el dueño del local un tipo bastante fornido y barbudo, me pego una patada en la cabeza haciendo que cállese de espalda al suelo.

De repente, veo a la chica que había invitado, con un exuberante traje amarillo y la tristeza en su rostro, pegándose la vuelta. El dueño ayudo al moreteado hombre a levantarse ,él bastardo me escupe en el rostro y para mi fortuna logro que otro vaso vuele hacia su cara que parecía una uva.
Minutos después me echaron con odio, como si fuese una bolsa de basura, del lugar y el dueño señalando con el dedo me dijo :"Usted es Hitler si entra aquí". Le di la espalda y volví a levantar la mano pero esta vez para sacarle fuck you. Introduje mi mano en mi bolsillo, saque un paquete de cigarrillos y colocándome uno en la boca, tuve el pensamiento más concordante de la velada: esta noche el único desgraciado fui yo.

Lo que queda de la noche será llegar a mi casa, prender mi televisión, con una rubia bien fría, un porro bastante esbelto y esperar que la historia cambie o que simplemente la gente por un minuto, cambiase de canal. Este desgraciado se despide, me queda un largo trayecto para llegar a mi casa.


Sebastián Valverde
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