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Una oferta generosa


Por: Claudio Cammertoni

¿Tiene sentido escribir cosas de color de rosa, cuando todo es de color negro? ¿Tiene sentido decir “¡Hola!”, cuando todos son mudos? Al fin y al cabo ¿Tiene sentido extrañarte tanto, cuando sé que nunca vas a volver?
Cuando me preguntan por qué escribo, no encuentro ningún otro motivo que decir: “Porque es gratis...”, si lo ves por un lado, es la verdad, escribir es gratis, pero esa es la respuesta que doy para evitar complicaciones, para que no me empiecen a preguntar por esto, por aquello o por el otro, son esas respuestas que das cuando no querés que te sigan preguntando más cosas, justo en esos días que no tenés ganas de hablar.
A ver, te voy a contar un secreto, pero prometé que no se lo vas a contar a nadie:
Esa respuesta que siempre doy es una excusa para no mostrar la verdad, para no hablar de ella. La realidad es otra, la realidad es que escribir casi me cuesta la vida, tuve que pagar un precio muy alto para poder conseguir escribir, pero no pagué precisamente con dinero, tuve que pagar con vida, pero ojo, no entera, sino que parte de ella, si hubiera entregado toda mi vida nunca hubiera podido hacer uso de la escritura y hubiera entregado la vida entera a cambio de nada. Sé que suena lógico mencionar esto, porque sin vida no estaría vivo y por lo tanto no podría escribir, pero eso era precisamente lo que yo pensaba antes de que el vendedor se me apareciera en persona para proponerme, según él: “Una oferta muy generosa”, aunque yo creo que salí perdiendo con el negocio que hice, pero eso es harina de otro costal.
Me acuerdo perfectamente que era un día de invierno, un viernes, eran algo así como las tres de la tarde más o menos, e iba caminando por “Las vías” del ferrocarril rumbo a la “Virgencita”, esa que queda entre Laborde y Escalante, me dirigía a un paso demasiado tranquilo, pues no tenía apuros, además si fuera por mí, hubiera querido que la caminata no terminara nunca, porque no tenía un lugar en donde estar, no me sentía bien en ningún lado, estaba abatido, decepcionado por amor, quería desaparecer del mundo, pero al mismo tiempo seguir existiendo. Mientras caminaba miraba el suelo fijamente, los dos rieles de acero mellados por los años, era el espacio que abarcaba mi vista, en ese espacio se proyectaban mis recuerdos, aparecían imágenes del pasado como si fuera la pantalla de un televisor que se desplazaba al mismo tiempo que yo avanzaba. Yo era el que transmitía esas imágenes, dibujaba en el suelo precisamente lo que yo quería ver, me hacía ver a mí mismo cómo quisiera que fuera la vida... de repente, así sin más, la transmisión se interrumpe por una voz andrógina, una voz que no sonaba ni como de hombre, ni tampoco como de mujer, algo rarísimo. Pero el sonido no fue lo que más me sorprendió, me sorprendió que esa voz dijera mi nombre, sí, mi nombre ¿Cómo sabía mi nombre?
-Claudio. Escuché.
Me detuve al mismo tiempo que el sonido llegó a mis oídos, supe de repente que no era alguien común, no alguien con quien yo antes hubiera hablado, alguien distinto. La escena parecía no encajar, porque “Las vías” es un ambiente polvoroso, seco, con tonos verdes de las plantas y tonos pardos propios de la tierra, ramas y troncos, un ambiente natural, pero la cosa ésta (porque nunca supe si era hombre o mujer), rompía el esquema de colores, vestía traje y corbata, le quedaba perfecto, de color ultra negro, se podía ver que sobresalía por la manga de los puños y por el espacio que deja el saco en el pecho, una camisa tan blanca que te cegaba. Pude ver que tenía una piel súper delicada, blanca porcelana, no tenía uñas en los dedos, ni tampoco rastro de bello en las manos, pero lo más extraño era su cara: no tenía orejas, en su lugar tenía pequeños orificios, uno a cada lado de la cabeza, sin cejas, sin bello facial, sin cabello, sin nariz, pero con unos ojos espectaculares de color almendra. La forma calva de la cabeza le quedaba muy bien, tenía una forma craneal divina. Pude observar todos esos detalles al primer vistazo, los pude apreciar en menos de un parpadeo.
Asustado y titubeando le pregunté: -¿Quién sos? ¿Cómo sabés mi nombre?
Me respondió: -No estoy acá para responder preguntas, estoy acá para hacer una oferta.
Antes de que se me ocurriera, qué poder decir, me di cuenta que no movía su boca al hablar, era como si emitiera el sonido por la garganta, como lo hacen los ventrílocuos. Entonces idiotizado miro hacia todos lados, para ver si alguien más estaba viendo lo mismo que yo, pues por lo visto parecía no haber nadie. Entonces le dije: -¿Una oferta? Una oferta ¿Qué tipo de oferta?
-Vengo a otorgarte la habilidad de escribir, el don para combinar letras y palabras de forma efectiva. Al aceptar mi oferta, automáticamente te harás con ella. Pero a cambio tomaré de ti algo de lo que no haces uso, de momento no puedo decirte que es ese algo, solo lo sabrás una vez se haya concretado el intercambio. Lo siento pero así funcionan mis negocios ¿Qué opinas?Optimista le respondí: -Creo que vas a salir perdiendo, porque no tengo nada que puedas tomar de mí. El amor era mi única ilusión, perdí el amor y con él se fue todo el sentido que tiene la vida ¿Qué me puede importar a mí la habilidad de escribir? ¿Para qué carajo quiero perder el tiempo dibujando letras?
El elegante humanoide me responde: -Entre no tener nada y tener al menos una destreza, creo que es más interesante la segunda opción ¿No?
No tenía ganas de hablar, ni mucho menos a ésta cosa tan rara, asique para librarme de él, decidí aceptar la oferta, sabía que estaba haciendo algo estúpido, pero no me interesaba, no a esta altura de mi apagada vida, así que decidí aceptar la oferta. Le dije: -Creo que sí, que tenés razón, prefiero tener algo que alguna vez en la vida consideré valioso, ante la posibilidad de no tener nada. Asique sí, acepto tu oferta.
-Trato hecho.
-¿Ya está? Le respondí.
-Ya está hecho, tú ya tienes lo tuyo, yo ya tengo lo mío.
-Pero quisiera saber qué fue lo que tomaste de mí, es que no vi que me arrebataras algo.
-Tienes en tus manos la capacidad de poder escribir como un maestre, la destreza de llenar vacías páginas con frases cautivadoras, podrás conquistar corazones con los poemas más nobles, dibujar el mundo con tus palabras, posees una habilidad interesante. Yo vine a ofertarte lo que cuando feliz eras en tu vida, tú más deseabas, pero parece que el dolor por la pérdida de tu amor te volvió desinteresado a tus deseos. A cambio tomé de ti lo que tú no valoras, lo que te da igual perder o no perder, tu vida, pero no te asustes no tomé tu vida como tal, tomé la esencia de ella, seguirás viviendo, seguirás respirando y tu corazón latirá, pero la vida no es vida sino la vives. Nadie verá en ti quien eres, porque ya ni siquiera eres, contemplarás a diario la desdicha de la soledad, el rechazo, nadie se interesará en ti, vivirás la vida como un muerto que respira.
Recuerda joven: APRENDE A VALORAR LO QUE TIENES, ANTES DE QUE LA VIDA TE ENSEÑE A AMAR LO QUE HAS PERDIDO...
Creo que es una oferta muy generosa ¿No?
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