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Uno de los escritos, de hace un tiempo!

Improvisado, una tarde de domingo                                        
 
¿Será que estoy equivocado?..No creo. Quizá no sepan distinguir entre estar en lo cierto y ese mero instante utópico que llaman “la verdad de la milanesa”. Lo que para mí es y fue siempre, puede que para otro no sea, o no debería ser. En serio, pensalo un segundo. Yo vivo de esto. No por algodicen: “El primer derecho, es el derecho a la vida”. En que entendió estafrase, todo lo que abarca, todo lo que siembra y cosecha, que deje de leeresto. Puesto que no harán falta más explicaciones. 


Tengo hambre, mucha hambre. Pero no de fama, de gloria,tampoco de amor o sexo. Mi necesidad pasa por el más natural resentimiento del organismo humano. Una necesidad que se le atribuye al alimento de cada día, y no solo el mío; al grito de mis hijos, mujer, amigos, enemigos, padre, madre.
Si pasaste de la primera parte, de curioso supongo, te muestro mi trabajo.
Necesito un momento. Doscientos pasos aproximadamente, a ojo.Una presa junto a las vías del tren o subte, para mi da lo mismo, sigue siendoun gran gusano de chapa que se alimenta de personas y que las digiere enestaciones.
Cien pasos más. Me acomodo junto a ella. Otros Cien pasos.



Su aspecto tierno y sutil perfume no me engañan, detrás de esa piel de ceda seesconde un dictador que haría todo mi gente y yo no estuviéramos aquí. Claro,no todos podemos ser la madre teresa un instante. Como esas personas que se llenande pecados, de comida chatarra durante la semana, y creen que yendo a laiglesia asimilan su historia o la vomitan pensando que ser delgados los hacemás felices. Pero ahora somos pares, ella y yo. Concéntrese en su mundo dehorarios fijos e inamovibles, de hijos amorosamente estúpidos, de maridosabusadores y machitas. Yo, como el mejor de los cirujanos, le extirparé suapéndice. Ese apéndice negro y de broches brillantes, de tamaños tan variadoscomo las contestaciones idiotas que podría dar esta mujer con respecto alestado del país.
 
Sin importar las dimensiones, lo único que me vincula a estapersona es el contenido de ese paquete. El valor que pueda extraerle será, alfin y al cabo, un negocio para ambos. Yo me permito arrebatarle un pequeñotramo de su vida materializada en objetos, como si le robara una pequeña parte desu vida capitalista. En cambio, ella recibe el tripe de todo. No solo deberegenerar ese bolso con cosas igual o más bellas que las de antes, sino queademás aprende a estar más atenta. A tomar otro camino al volver a casa, a noconfiar en un extraño harapiento que se acerca, en fin…lo que uno aprende antetodo hecho socialmente considerado “infortunado”, más allá que para mi sea lafortuna más preciada que puedo otorgar.  
 
No tema. Dios no quiere para usted lo que guarda allí dentro,no quiere agendas con letras ilegibles o dinero descompuesto. Quiere que sedespoje de ello, al igual que los pecados. Además, escuché en alguna parte que gratificaayudar al otro. ¿Vio? Usted es entonces la que termina ganando, cuando algunossolo nos conformamos con una que otra migaja que queda en el suelo de la calle.
 
“Robarle a los ricospara dar a los pobres” dijo un personaje. Pero nunca olvide, señora, que el quele roba es un pobre, y ante la necesidad el pobre no piensa ni razona, actúa. Entonces, déjeme que la ayude con ese bolso.  











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